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Pura intuición

Merecedora del Premio Avant Ciudad de Ceuta 2025, esta novela tiene una estructura de círculos concéntricos, cada uno de los cuales aporta, como variaciones sobre un mismo tema, nueva información. Siete narraciones, un secreto incómodo, un silencio acusador.

En este making of Victoria Pelayo Rapado cuenta cómo escribió La ciudad dulce (Avant).

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En 2023 escribí lo que creía que sería un cuento, La elegida, pero una vez finalizado, corregido, depurado, el personaje no se me iba del pensamiento. Me obsesioné con la protagonista de la historia, me preguntaba por qué nadie la ayudó. Pensaba en los otros actores del cuento: algunos aparecían, otros se intuían, si estuvieron allí, por qué no reaccionaron, por qué alguno no lo detuvo… Sentí la necesidad de saber qué desencadenó la historia y, sobre todo, saber qué le ocurría a la elegida después de la última página. Porque todo lo que sé de mis cuentos está escrito; lo que no aparece no lo sé y, a veces, ese desconocimiento me sigue intrigando después de poner fin a la escritura. Me sucede también con ciertas lecturas: termino el libro, pero no mi interés por esa historia, por leer la siguiente página, si la hubiera.

A menudo me encariño con algunos de mis personajes, aunque no sé si “encariñarse” es el término más adecuado; llamarlo “obsesión” sería más exacto, porque eso es lo que me sucedió con La ciudad dulce. Si quería averiguar qué suerte había corrido su protagonista tenía que escribirlo. Podría, en aquel momento, haber seguido rellenando páginas, pero mi intuición, ese “regalo sagrado” según Einstein, me susurraba que el relato estaba terminado, que el futuro lector no debería saber, ni yo tampoco, más de lo escrito. En cambio, esa certeza, la que me indicaba el final del cuento, no era suficiente para colmar mi curiosidad, que, con el transcurso de los días, lejos de extinguirse, se avivaba.

"Para mantener intacto el capítulo germinal determiné que cada personaje relatara su versión de lo ocurrido por separado, como declarar ante un juez imaginario, sin presiones, sin coacciones, sin contaminarse de los recuerdos ajenos"

Decidí, entonces, que hablaran los testigos, los que habían habitado las mismas páginas que ella. La tarea, elegir a unos frente a otros, como si se tratara de los miembros de un jurado popular, no fue fácil. Al principio me equivoqué en mis preferencias iniciales, quién sí y quién no, exactamente como pasa en la selección de un jurado; fui descartando y tiré a la papelera a los que no aportaban nada o a los que hablaban de más. Al final me quedé con siete testigos, siete personajes, siete capítulos. Cuando La elegida dejó de ser cuento para convertirse en el capítulo de un proyecto de novela, el archivo en mi ordenador mantenía aquel nombre. Fue con la escritura avanzada cuando el título definitivo me llegó como algo incuestionable: sin saber cómo, había ubicado la novela en mi Zamora natal, donde en los años setenta, cuando transcurre la historia, funcionaba a toda máquina la fábrica de dulces Reglero, que impregnaba la zona suroeste de la ciudad con los efluvios de sus chimeneas, como si la urbe fuera un gigantesco bol de natillas. Ser niño en una ciudad que huele a postre exalta cualquier imaginación; la mía quedó embriagada por siempre jamás.

"Al no obedecer a una sucesión cronológica o secuencial de los hechos, dejaba a mi albedrío el orden de los capítulos. Me costó algunos días ver que, de cara a su lectura, sería más interesante que fueran de menos a más"

Para mantener intacto el capítulo germinal determiné que cada personaje relatara su versión de lo ocurrido por separado, como declarar ante un juez imaginario, sin presiones, sin coacciones, sin contaminarse de los recuerdos ajenos.

Y faltaba otra decisión importante, el lugar que ocuparía cada capítulo —personaje— en la novela, cuál presentaría primero y cuál reservaría para el final, ya que, al no obedecer a una sucesión cronológica o secuencial de los hechos, dejaba a mi albedrío el orden de los capítulos. Me costó algunos días ver que, de cara a su lectura, sería más interesante que fueran de menos a más, como círculos concéntricos que, a medida que se ensanchan, liberan información nueva, datos, detalles, pistas, desde el narrador del primer capítulo que apenas conoce lo sucedido, hasta el último, que satisfará la curiosidad del lector, si es que he conseguido, en alguna página de La ciudad dulce, intrigarlo con la historia.

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Autora: Victoria Pelayo Rapado. Título: La ciudad dulce. Editorial: Avant. Venta: Todos tus libros.

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