Al conmemorarse el 250º aniversario de la Declaración de Independencia de las Trece Colonias norteamericanas este 4 de julio, es fundamental reconocer que la historia de la libertad estadounidense no es un relato puramente anglosajón. Detrás de los Padres Fundadores y los ejércitos de colonos en los campos de batalla resonaron los ecos de otras potencias europeas que movidas por intereses estratégicos y profundas rencillas históricas, desempeñaron un papel crucial en la victoria de los patriotas: El Imperio Español, lejos de ser un observador pasivo, fue un actor decisivo cuyo apoyo económico, diplomático y militar resultó vital para inclinar la balanza y hacer posible el nacimiento de una nueva nación al norte de la frontera del virreinato de Nueva España.
Aunque inicialmente reacia a involucrarse directamente por temor a sentar un precedente para sus propios virreinatos en América, la diplomacia española viró hacia el apoyo a los rebeldes bajo la dirección del conde de Floridablanca, tal y como relata Almudena de Arteaga en La virreina criolla, y el catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Murcia, Francisco Javier Guillamón Álvarez, en un reciente artículo publicado el mes pasado en este medio. Desde 1776, incluso antes de que España declarara formalmente la guerra a Gran Bretaña, una red de ayuda secreta comenzó a operar. A través de intermediarios como la compañía Roderique Hortaleza et Cie, creada por Pierre Beaumarchais (autor de El barbero de Sevilla), España junto a Francia canalizó fondos, armas, pólvora, uniformes, medicinas a los insurgentes. El gobernador español de Luisiana, Luis de Unzaga y posteriormente su sucesor Bernardo de Gálvez fueron figuras clave en esta fase inicial, abriendo el puerto de Nueva Orleans a los barcos insurgentes y proporcionando suministros vitales a las tropas de George Washington a través del río Misisipi.
La entrada formal de España en la guerra en 1779, como aliada de Francia a través del “Pacto de Familia”, cambió drásticamente el panorama del conflicto. España declaró entonces formalmente la guerra al Reino Unido, con el objetivo de debilitarlo y recuperar sus propios territorios. España consiguió el efecto planteado.
La contribución militar española en las tierras que baña el golfo de México fue particularmente significativa. Bajo el liderazgo de Bernardo de Gálvez, las fuerzas españolas lanzaron una exitosa campaña por la costa del Golfo. Gálvez y sus tropas, compuestas por españoles, criollos, mestizos, nativos americanos y voluntarios de Luisiana, lograron victorias cruciales. Conquistaron Baton Rouge, Natchez, Mobile y, en un asedio heroico tomaron Pensacola en 1781.
Esta campaña no solo recuperó la Florida occidental para España, sino que también desvió considerables recursos y tropas británicas que de otro modo habrían sido desplegadas contra los rebeldes americanos en el este.
Al asegurar el control español del Misisipí, el gobernador Gálvez garantizó una línea de suministro vital para los americanos. Además de las acciones en el Golfo, la contribución naval española fue inestimable. La flota española operó en el Caribe y en el Atlántico, forzando a los británicos a dispersar sus fuerzas navales para proteger sus posesiones en las Indias Occidentales y en Gibraltar. Esto alivió la presión sobre las costas americanas, y jugó un papel indirecto pero crucial en la decisiva batalla de Chesapeake, donde la flota francesa gracias a las maniobras de distracción españolas en los diversos mares, pudo bloquear la bahía y ayudar a la derrota de Cornwallis en Yorktown.
Este esfuerzo bélico, escasamente conocido hoy, es descrito por Jorge Molist en El Español, novela histórica que contribuyen a rescatar la memoria de la participación española en el conflicto. Cuando la escuadra francesa se encontraba fondeada en Cuba y carecía de recursos para continuar la campaña, destacados vecinos y comerciantes españoles de la isla, que habían padecido previamente la ocupación británica, realizaron una colecta millonaria para sufragar los gastos necesarios. Gracias aquellos fondos, la flota francesa pudo hacerse nuevamente a la mar y participar en las operaciones que culminaron con la independencia de las Trece Colonias.
Los préstamos y subsidios españoles también fueron fundamentales, proporcionando los fondos necesarios para sostener el esfuerzo bélico. El papel clave en la financiación del bando sublevado, tal como explica el catedrático en Historia Moderna por la Universidad de Murcia, Francisco Javier Guillamón Álvarez, en un reciente artículo publicado en Zenda, correspondió a las arcas reales. Más tarde, una vez fundado el Banco de San Carlos, precursor del Banco de España, esta institución se encargó de canalizar los fondos destinados a los rebeldes.
Doscientos treinta y tres años después de sus campañas en favor de la rebelión, la figura de Bernardo de Gálvez recibió uno de los mayores reconocimientos que puede otorgar Estados Unidos. En diciembre de 2014, durante la presidencia de Barack Obama, el malagueño fue nombrado Ciudadano Honorario de los Estados Unidos, convirtiéndose en la octava persona de la historia en recibir tal distinción.
El Congreso estadounidense justificó este honor por haber sido «un héroe de la Guerra de Independencia que arriesgó su vida por la libertad de los Estados Unidos», en reconocimiento a unas victorias militares que, como ya había señalado George Washington, resultaron decisivas para el desenlace de la contienda. A ello se sumaron los apoyos de todo tipo realizados por la Corona de España que contribuyeron a la emancipación de las colonias británicas.
La gratitud norteamericana hacia el gobernador español no era nueva: en 1783 el Congreso aprobó exhibir su retrato en el Capitolio junto a los Padres Fundadores, un acuerdo que tardó 233 años en verse cumplido. El 9 de diciembre de 2014 solemnemente se procedió a colgarlo. Su nombre también pervive en la bahía y la ciudad de Galveston, mientras que la Marina de EEUU ha bautizado con su nombre y apellido a una de sus fragatas más modernas que se halla en pleno proceso de construcción. Estos homenajes, unidos a la publicación de biografías, ensayos y novelas históricas, han contribuido a rescatar la memoria del gobernador de Luisiana, virrey de Nueva España y primer conde de Gálvez, situándolo junto a otras figuras extranjeras fundamentales para la independencia norteamericana, como Gilbert du Motier, marqués de La Fayette o el polaco Casimir Pulaski. Entre las obras más recientes dedicadas a su figura destaca Fuego en el Misisipí, de Juan Pérez-Foncea, centrada en la trayectoria militar del héroe malagueño y su participación en la guerra.
En 1785, en tiempos en que Gálvez, virrey de Nueva España, el explorador español José de Evia fundó un asentamiento en una isla de la costa de Texas, al que bautizó como San Luis; el emplazamiento donde estaba situada la isla, a partir de ese momento se le denominó bahía de Gálvez. Con el tiempo, los estadounidenses bautizaron al asentamiento como Galveston.
Otro militar español protagonista en la Guerra de Independencia de las Trece Colonias fue Jordi Farragut, un menorquín que desempeñó un papel relevante aunque fue eclipsado históricamente por su hijo, David Farragut —primer almirante de la flota estadounidense—. Encuentra en la novela histórica titulada El Español, de Jorge Molist, un merecido reconocimiento.
Otro episodio destacado y poco conocido, descrito por la Doctora en Historia por la Universidad de Cambridge Carrie Gibson en su ensayo El Norte: La epopeya olvidada de la Norteamérica hispana, es el acuerdo secreto al que llegan en París Benjamín Franklin y el embajador, conde de Aranda, para que España apoye a las Colonias rebeldes, punto inicial de la ayuda de la Corona regida por Carlos III. Cuando los tratados de paz de París de 1783 reconocieron la independencia de las Colonias de la metrópoli británica, España ya había recuperado Florida y Menorca, y había demostrado su capacidad para desafiar el poder británico. Si bien la joven república estadounidense se había forjado sobre ideales de libertad y autogobierno, su camino hacia su libertad fue pavimentado, en parte, con la ayuda de un imperio que, paradójicamente, no impulsaba esos mismos ideales para sus propios virreinatos.
Doscientos cincuenta años después, al mirar hacia la fundación de los Estados Unidos de Norteamérica, es importante ir más allá de la narrativa tradicional y reconocer la compleja red de alianzas, rivalidades y contribuciones internacionales que hicieron posible la victoria colonial. La influencia española en la independencia es un recordatorio poderoso de cómo la historia global está intrínsicamente interconectada y cómo el nacimiento de una nación puede, a menudo, ser el resultado de un crisol de intereses y fuerzas diversas. Honrar este 4 de julio implica también reconocer a todos aquellos españoles que, de diferentes maneras y por distintas razones, ayudaron a forjar la libertad norteamericana.
Para finalizar, me gustaría que quedara constancia que dos siglos y medio después de la Independencia de EEUU se continúan desvelando páginas poco conocidas de su propia historia. Entre ellas destaca la decisiva contribución española, durante mucho tiempo relegada a un segundo plano. Recuperar esa memoria no solo permite comprender mejor el pasado, sino también reconocer que, detrás de los grandes acontecimientos históricos, existen protagonistas cuya contribución fue decisiva para que la Historia pueda ser contada como se narra.
A continuación dejo una selección de títulos que ahora me vienen a la memoria y que profundizan en los episodios tratados en este artículo; cada uno está acompañado por su correspondiente enlace al artículo publicado en su día por Zenda-Libros. He elegido estas obras porque han sido editadas en los últimos años y siguen siendo fáciles de encontrar tanto en las librerías como en las plataformas digitales.
Autores: Juan Eslava Galán, Espido Freire, Agustin Fernández Mallo, Susana Fortes, Luz Gabás, Juan Gómez-Jurado, Emilio Lara, Cristina López Barrio, José María Merino, Arturo Pérez-Reverte, Clara Sánchez y Lorenzo Silva. Título: Bajo dos banderas. Nota: Volumen colectivo impulsado por Zenda Libros e Iberdrola y dirigido por Arturo Pérez-Reverte que reúne doce relatos de destacados autores españoles. El libro, a través de historias situadas en escenarios militares y fronterizos, rescata figuras como Bernardo de Gálvez y muestra la participación española en la derrota británica a manos de sus colonias norteamericanas. El libro se puede descargar gratuitamente en Amazon y se puede leer, capítulo a capítulo, en Zenda.
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Autor: Jorge Molist. Título: El Español. Editorial: Grijalbo.
Autor: Juan Pérez-Foncea. Título: Fuego en el Misisipi. Editorial: Almuzara.
Autor: Leonardo Cervera. Título: Gálvez: El héroe español en la Independencia de los Estados Unidos. Editorial: Almuzara.
Autora: Almudena de Arteaga. Título: La virreina criolla. Editorial: Harper Collins.
Autora: Carrie Gibson. Título: El Norte: La epopeya olvidada de la Norteamérica hispana. Traducción: Pablo García Hervás. Editorial: Edaf.
Autora: Luz Gabás. Título: Lejos de Luisiana. Editorial: Planeta.
Artículo publicado en mayo del presente año en Zenda referido a la ayuda española a la independencia de EEUU.




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