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5 poemas de Historia de Roma, de Reinhard Huaman Mori

5 poemas de Historia de Roma, de Reinhard Huaman Mori

Este es un poemario sobre el amor, de amor y por amor. El amor hacia una cultura, hacia una época, a la poesía, a la historia, el amor también por una persona. La voz poética narra su propia historia de y en Roma, estableciendo así un diálogo con la antigüedad.

En Zenda ofrecemos cinco poemas de Historia de Roma (Contrabando), de Reinhard Huaman Mori.

***

Elogio de la Historia

Imagina una ciudad. Imagina que la ciudad que estás ahora imaginando en realidad existe. Que siempre ha existido. Obsérvala desde arriba, a lo lejos, sobre lo más alto. Lentamente, sin prisa. Recórrela despacio, serena tu respiración. De momento, todo sigue siendo vago, incierto. Observa cómo aquella masa oscura va tomando forma. Observa cómo de a pocos le arrebata espacio al vacío, al sonido. Cómo la reduce al mínimo a base de empellones y dentelladas. Tu ciudad será un animal. Imagina un animal. Concupiscente. Noctívago. Omnívoro. Réprobo y distante. Olvídate del tiempo y de sus encrucijadas. De cada una de sus emboscadas. Concéntrate primero en su anatomía, en sus necesidades. Ubícala cerca del mar. Imagina el mar, pero no definas todavía sus profundidades. Habrás de contemplar que el largo y el ancho de aquel limbo estará poblado de criaturas, sombras y vegetaciones. De materia inerte. Todas ellas ocupando un lugar estratégico en esta ciudad que desconoce aún sus dimensiones. Solo así se disiparán sus distancias de las tuyas. Solamente así se definirán los límites de la ciudad y los de tu mente. Por ahora todo sigue siendo abstracto, un puñado de palabras, como semillas a la deriva de su suerte. Una imagen borrosa, quizás producto de la imaginación. Ajena a su voluntad y sin discernimiento. Imagina el fuego. La combustión, el color y también el aire. Que se filtre la luz y que la temperatura sea quien decida la movilidad de los cuerpos. Las tempestades. Imagina el amor. Imagina todo lo que podremos hacer por él y en nombre de él. Piensa en los ríos, la lluvia, las estaciones. La navegación. Piensa en las praderas, la composición del suelo y sus elevaciones. La trashumancia. Que el cansancio no confunda tus visiones con regresiones. Que el sopor no obnubile nunca tus sentidos. Mantente despejado, como un horizonte que sabe que después de toda esta pesadez no queda nada más. Salvo el silencio y sus elucubraciones. Imagina el alma. Imagina un hombre. Imagina una mujer. Frágiles mamíferos. Imagina uno y otra más. Sucesivamente. Empieza por el rostro, sus tamaños, las proporciones. Que cada quien sea diferente bajo los rígidos parámetros de siempre. Uno tras otro va llegando. A cuestas, con el sufrimiento y el esfuerzo que supuso el reposo. Allanando el piso con el peso del paso. En pequeños grupos, en oleadas, en hordas. Como ejércitos en avanzada, como cardúmenes de peces, como una plaga de langostas. Imagina que tienes ya una urbe habitable, con plazas, templos y mercados. Oráculos. Censa a los varones. Forma una nación. Luego un reino. Una república. Un Imperio. Un único pueblo. Dicta sus leyes y ordena sus jueces. Un avispero de rábulas y leguleyos. Imagina una moneda. Fija entonces sus equivalencias y sus falsedades. Imagina una religión. El perjuro. El espolio. La opulencia. Santifica a sus nigromantes. Imagina esa misma ciudad atravesada por caminos, acueductos, desviaciones. Que sean tantas sus vías como dioses en los panteones familiares. Imagina ahora sí el tiempo y su proyección en los cielos. Visualiza no solo las grandes esferas, sino también las pequeñas, la rotación de los cuerpos celestes. Las constelaciones. Aquella música que está siempre allí, pero que jamás percibiremos. Imagina todas esas vidas y los cementerios en donde habremos de acabar. Visualiza una a una esas historias. La acumulación de cicatrices que dejan en la tierra. La sevicia.

Imagina ahora la Historia. Nuestra Historia… y despierta…

Roma, 16-17.XI.2019

***

Las murallas

Según la tradición más difundida, Remo, para burlarse de su hermano, saltó las nuevas murallas y, acto seguido, Rómulo, enfurecido, lo mató a la vez que le increpaba con estas palabras: “Así muera en adelante cualquier otro que franquee mis murallas”.

Tito Livio. Historia de Roma desde su fundación

En el principio éramos los dos,
tú y yo el blanco océano,
infinitos…

Una estampida de dolo y sangre
que asola tus ciudades,
que sacude tus cimientos;
insurrectos…
Dos lunares incestuosos enredándose,
compartiendo el mismo lastre,
los ojos rojos,
una única piel y sus centímetros.

En aquel entonces,
los días se diluían
en un luminoso aguacero azul
amurallado por el filo de tu amor
y mis costillas;
imperceptibles…
azotados por el mar
y sus costados equiláteros.

Clamábamos al sol y sus mandíbulas.
A la piedra que cobija y aguarda
la capitulación de la tarde;
sus últimos minutos
y las emboscadas al caer el día.

Lo habremos dicho todo sin palabras:
después de ti no quedará ya nada.
Ni siquiera el agua
que resbala por el mármol,
ni la estrella que gravita por la noche.

Pero nos amábamos,
y nuestro amor se propagó a lo lejos
como una opípara muralla que se arrastra.
Iridiscente.

Y la tierra…
apenas si contaba las horas,
apenas si colmaba los cielos
sin revueltas ni motines
cercando un horizonte.
Esa misma tierra cuando emerge como uñas,
o un nuevo día que perdona y santifica.

Pero yo te amaba,
y te amaba tanto
como tú a mí tanto me amabas,
con cada uno de tus sentidos,
con cada uno de tus bronces y tus hordas,
como si vivieras aquí muy dentro, pero fuera.
En este bovino corazón,
al otro lado de mis muros.
En el kilómetro cero del mundo.

Lo habremos dicho todo:
nada será tampoco suficiente.
Ni siquiera este poema que te escribo,
ni las flores con que adornas tu cabeza.

Todos los poemas son uno, el mismo.

Barcelona, 21 de junio de 2008

***

Regreso a Roma

En cambio, la ciudad de los romanos gobierna toda la tierra que no es inaccesible, sino la habitada por hombres, y domina todo el mar, no solo el que está dentro de las columnas de Hércules, sino también todo el océano navegable; es la primera y única ciudad de las que se recuerda a lo largo de todos los tiempos que haya hecho de la salida y puesta de sol los límites de sus dominios.

Dionisio de Halicarnaso. Historia antigua de Roma

Aquí,
a miles de kilómetros de tu espalda
la vida también resurge
bajo la cara oculta de las hojas.

Los ríos embisten tus tobillos
y el sol enrojece de repente.

Pero vuelves…
y tu voz se pierde
entre los insectos lilas
y el agua que redime.

El día nos impone su rutina como tesitura.
Las cornejas enmudecen
sobre estas gruesas raíces sin edades:
la noche de tus párpados
y el sabor metálico
de tus glándulas frontales.

Aquí la tierra cobija un nuevo árbol
y de tus manos pende
la suerte de un altar sin nombre:
el aire nace y muere contigo.

Pero regresas…
y el agua brota bajo tus pies descalzos.
Veo tus lunares incendiarse
mientras todavía nos queda
la avaricia.
La luna es una piedra infinita
que se gasta,
y las huellas de tus pasos
en los puentes de una sola vía.

Ahora ríes
y los vientos han virado:

hoy regreso a ti
como los pájaros que se ahogan
en el agua de tus fuentes.

Roma, 25 de junio de 2008

***

Juegos seculares

<Tienen la denominación de Seculares> por abarcar la distancia que separa la celebración de esta fiesta el plazo mayor de la vida de un hombre. Pues saeculum llaman los romanos al curso de una vida.

Zósimo. Nueva Historia

Teníamos, también, el océano de nuestro lado.

La coz y el grito de los animales blancos
y la fe cuestionada en el último minuto.

Y de pronto
nos vimos obligados a ceder
ante el flemático cielo de la tarde
y la desesperación de las campanas.
A la espera de un vaticinio ventajoso
entre las lumbres de tu hoguera.

Después de ti y de tus días,
las manos lisas, el cuello largo,
al final de esta errática noche sin semilla;
en silencio…
solamente después de tanto:
el amor que todo lo puede.

El tiempo nos esconde sus leyendas…

Fuimos, tal vez,
la grafía prohibida de los zurdos,
los relieves gastados en tus fuentes
o un discreto río
en el extravío de los caminantes.

Nada en este mundo ocurre de repente.

Hoy la vida se repite en la sedición de los sauces
y sus pináculos marrones.
En la estrategia de tus dientes
y mis articulaciones rompiendo filas.

Te amo,
tus números son azules como un árbol.

Ibiza, 1 de octubre de 2008

***

Roma

Roma llueve,
y en el aire un perfume de raíces
nos descubre el murmullo seco
de sus fuentes.

La tierra calla,
y la tarde cede en el silencio
de esta fría llovizna de verano,
y te busco a ti, dormida,
debajo de este minúsculo paraguas
en el tedio de un camino
viejo y empedrado.

Pero anochece…
y a tu lado
la luna es tan solo un astro
que ilumina sin pasión,
y la vida es esa misma vida
que se pierde con el eco triste
de esta lluvia
que no deja de mojarnos.

Lima, 17 de abril de 2007

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Autor: Reinhard Huaman Mori. Título: Historia de Roma. Editorial: Contrabando. Venta: Todos tus libros.

BIO

Reinhard Huaman Mori (Lima, 1979) ha publicado los poemarios El Árbol (2007), fragmentos de Fuego* (2010) y LEONORA (2023); así como la plaquette de poesía Ella (12 secuencias) Isabel Archer (2015) y el fotopoema Ámsterdam. Una fotografía (2022). Sus poemas dispersos han sido reunidos en el volumen E·C·O·S (2019, 2021). Dirige la revista de literatura YoEsOtro.com. Su más reciente libro de poemas se titula Historia de Roma (2026), en Contrabando Ediciones.

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