Este es un poemario sobre la ausencia, la memoria y los frágiles refugios que construimos cuando nos desplazamos. A través de versos íntimos, los poemas capturan detalles fugaces y cotidianos para aprehenderlos, con el lenguaje, antes de que se desvanezcan.
En Zenda ofrecemos cinco piezas de El cero móvil de su boca (Vaso Roto), de Gisela Heffes.
***
Extinciones
Me da pena pensar en lo que queda.
Lo que queda del verano.
Lo que queda del mundo.
Pienso mucho en lo que queda y en lo que no está.
Pienso en las ballenas.
En si existirán en el futuro.
Pienso en los niños que crecerán estudiando un mundo virtual.
Niños que conocerán los glaciares en las imágenes de internet.
Y aprenderán que los osos polares hurgaban en la basura.
Y que los salmones confundidos flotaban en corrientes desatinadas.
Sabrán de las algas blancas
Y del mercurio que yace en el fondo del océano. Junto a toneladas de desechos.
Niños que habitarán un mundo diferente. Una tierra vaciada.
Pero el verano.
El verano es diferente.
Es un momento de pausa. Ir a la playa o a la montaña.
Llevar a los niños.
Armar castillos de arena.
Y de regreso, el cansancio.
Dormirse, uno sobre el otro.
Los cachetes rosados de sol.
Ese sol que queremos pensar benevolente.
Porque nos trae recuerdos de la infancia.
Y sin embargo.
***
Otras extinciones
Pienso en mi papá.
En su voz, que a veces escucho dormida.
Me habla entre sueños, me llama.
Lo veo sonriendo.
Me da la mano.
Ahora tengo cinco o seis años.
Caminamos por el Rosedal.
La avenida Libertador llena de autos.
Las piedritas rojizas en el suelo.
Su mano es grande, la mía es chiquita.
Hay una fotografía.
Tiene un corte de pelo muy años setenta.
Y pantalones amplios.
Una camisa con un cuello ancho, como si fueran dos alas de avión, a punto de despegar.
Es una camisa colorida, naranja y verde, y círculos violáceos que se enroscan como una ola psicodélica.
¿Qué quedó de mi papá?
¿Qué queda de nosotros cuando nos vamos?
Nos extinguimos, o nos extinguen.
Pienso en los objetos.
Los objetos que mi papá coleccionaba fueron casi todos descartados.
Donados.
Algunos, los preservamos.
Mi hermano y yo.
Lo demás, quedó desperdigado en el espacio, en un paisaje que ya no conocemos.
Un sitio habitado por personas que nos son ajenas.
Una esfera incalculable que no vemos, ni tocamos.
Un más allá que nos conecta a través de la materia: una bufanda o gorra, un llavero, un par de anteojos.
Los objetos pierden gravedad.
Se disuelven.
Como los cuerpos.
Queda la memoria.
Los recuerdos.
Las imágenes, imitaciones de fotografías.
Y otras reproducciones mentales.
Instantáneas que regresan y se van, se pasean entre los días y las noches.
Los sueños y la vigilia.
El presente, el pasado.
El futuro.
***
Regresos
Ya falta poco para regresar.
Las vacaciones se acaban, y este rincón que me inventé para trabajar, también se acabará.
Hay una ventana enorme que da a un jardín con flores silvestres.
Flores naranjas y violetas.
También hay unas escaleras.
Unos peldaños breves, de metal y cemento.
Ayer un gato sin nombre vino a visitarme.
Un gatito blanco y negro.
Se apostó bajo los escalones y se durmió.
Yo lo llamé.
Chu chu chu chu, y le hice un gesto con los dedos de la mano.
Quería acariciarlo.
El gato me ignoró.
Se echó panza arriba.
Abrazó el sol de la mañana.
Su tibieza.
Mi existencia nula para él o ella.
No pude ver qué era.
Cada tanto, cuando me acercaba a la ventana, me espiaba.
Abría los ojos y los cerraba.
Yo los dejé abiertos.
Me volví a trabajar.
Me senté a una mesa de madera.
Frente a mi computadora y un cuaderno.
Una lapicera.
Una taza con té.
Y empecé a escribir.
Cuando regresé, ya no estaba.
Hoy no vino.
…Me hace falta…
***
Sorpresas
Esta mañana me desperté de buen humor.
Mi esposo me preparó café y mis hijos me regalaron un beso.
No era el día de la madre ni mi cumpleaños.
Un día cualquiera.
Me dio alegría saber que uno puede ser feliz, un día cualquiera.
***
Muros
Escuché en las noticias que van a construir la pared.
Cuando hago una pausa de trabajo, enciendo la radio.
La pared fue aprobada por la Corte Suprema de Justicia.
Una pared que separe el sur del norte.
Los de allá y los de acá.
O los de acá de los de allá.
Hay que detener la invasión, dicen.
Es una plaga, añaden.
Separar, cortar, dividir.
Una incisión.
Un tajo que atraviesa el cuerpo.
La tierra, ya extenuada, sufrirá más.
También las personas, contrapuestas a uno y otro lado.
Y los árboles y la naturaleza.
Y los pájaros.
Y esos niños que ya no tienen ojos en sus rostros.
——————————
Autora: Gisela Heffes. Título: El cero móvil de su boca. Editorial: Vaso Roto. Venta: Todos tus libros.
BIO
Gisela Heffes (Buenos Aires, 1971) es escritora, ensayista y profesora de literatura y cultura latinoamericana en Johns Hopkins University. Además de sus intervenciones pioneras en la ecocrítica y humanidades ambientales, ha escrito sobre políticas de los residuos, ciudades imaginarias, utopías urbanas, migración, maternidad y literatura judeoargentina. Sus publicaciones más recientes son las coediciones The Latin American Ecocultural Reader (2020), Pushing Past the Human in Latin American Cinema (2021), Un gabinete para el futuro (2022) y Turbar la quietud (2023); el monográfico Visualizing Loss in Latin America: Biopolitics, Waste, and the UrbanEnvironment (2023); las traducciones Ischia (2023) y Crocodiles at Night (2025); y Aquí no hubo ni una estrella (2023). El cero móvil de su boca ha sido traducido al alemán, sueco, francés y portugués.


Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: