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Diálogo entre la Razón y el Espíritu

Diálogo entre la Razón y el Espíritu

En su cumpleaños, mi prima insistió en quemar las velas de la tarta. No recuerdo si dijo que lo había visto en un vídeo o si lo había leído por ahí, pero decía que era para atraer la buena suerte. Después de que mi tío las arrojara a las brasas de la barbacoa, estuvimos una hora y media ahogándonos en un humo en el que se entremezclaban la peste a cera derretida y el olor a Semana Santa por culpa del incienso con el que mi tío había intentado paliar la situación.

Para quien piense que esa idea fue ridícula, que se veía venir el desastre y que a quién se le ocurre, yo le pregunto si al soplar las velas de cumpleaños pide un deseo o no. Si la respuesta es sí, sorpresa, resulta que no estás tan lejos de imitar a mi prima.

En Espiritualidad líquida: Misticismo pop en la era del yo, Marta Sader ofrece un análisis sobre varias creencias espirituales desde un punto de vista diferente al que uno podría esperar. Sí, su reflexión a lo largo del ensayo es crítica, pero también es comprensiva y curiosa, algo que tan solo es posible gracias al racionalismo al que siempre se aferra la autora, sumado al amor que le tiene a sus amigas «las místicas», a las cuales les dedica el libro.

"Más de una amiga fuera de ese círculo le comentó que no podría ser amiga de esas mujeres. Marta Sader contesta a esa afirmación con lo siguiente: «Lo peligroso sería ir solamente con aquellos que piensan exactamente como nosotros»"

Esta dedicatoria es muy significativa, pues mi primer choque (y seguramente el de muchos lectores y lectoras) con la autora fue que mantuviera esas amistades a pesar de las creencias y prácticas tan opuestas a las de ella, como los baños de caricias, las meditaciones en las que imaginar que vuelven al útero materno, los altares con cristales y objetos activados por la energía de la luna o las declaraciones sobre enfermedades mentales causadas por problemas con sus antepasados.

Ella misma confiesa, al comienzo del libro, que más de una amiga fuera de ese círculo le comentó que no podría ser amiga de esas mujeres. Marta Sader contesta a esa afirmación con lo siguiente: «Lo peligroso […] sería ir solamente con aquellos que piensan exactamente como nosotros, como parece que sucede más y más a menudo en nuestra sociedad. En tiempos de familias nucleares, teletrabajo y ocio virtual, no existen apenas plazas públicas en las que debamos aprender a convivir con personas aleatorias —¿quién conoce, por ejemplo, a sus vecinos?—».

Precisamente, es el diálogo entre ambas posturas lo que ha posibilitado la existencia de este ensayo. Las «amigas místicas» no rechazan a Marta Sader por tener una postura «contraria» a la suya, sino que la escuchan, dialogan e incluso cambian de opinión según el tema del que estén conversando. Al mismo tiempo, Marta Sader, analizando todo lo que dicen siempre desde su espíritu periodístico y el método científico, concede que, ante la falta de respuestas ante ciertas preguntas y situaciones, cabe la posibilidad de que «las místicas» estén más cerca de la verdad o que algunas prácticas sean beneficiosas.

Esto último podría llevar a pensar que Marta Sader tan solo se dedica a escuchar sin rebatir, e insisto en que no es así. La autora habla de distintas creencias y pseudociencias a lo largo de toda la obra y aporta argumentos sobre por qué la gente cree en ellas y qué peligros entrañan para la sociedad tanto a nivel psicológico como físico. Por ejemplo, Marta Sader habla a menudo de los beneficios económicos (o de reconocimiento narcisista) que una minoría obtiene a costa de las creencias de los demás con cursos con los que curar el autismo; de remedios inútiles para curar el cáncer; o rituales en los que se cometen abusos sexuales. Marta Sader da a conocer casos reales y siempre se muestra intransigente con aquellos líderes espirituales, gurús o «doctores» que llevaron y llevan a la muerte, cuando no a una persona, a decenas o cientos.

"Lo que diferencia a Marta Sader de otras personas que observan estas creencias es que no juzga con dureza a las víctimas, sino que, insisto, investiga qué las ha llevado hasta ahí"

Lo que diferencia a Marta Sader de otras personas que observan estas creencias es que no juzga con dureza a las víctimas, sino que, insisto, investiga qué las ha llevado hasta ahí. Hay un ejemplo especialmente duro, el de Free Birth Society, dirigido por Emilee Saldaya. Esta red, comunidad o secta, hablaba de los beneficios del parto natural o «salvaje» frente al parto en un hospital, donde está el riesgo de la violencia obstétrica, y ofrecía cursos para formar a acompañantes del parto. Aunque en redes se mostraban fotos de mujeres sonrientes, la verdad es que FBS era responsable de la muerte de madres y bebés por todo el mundo.

Marta Sader cuenta lo siguiente a raíz de un artículo en The Guardian: «[…] algunas de las personas que compraron los cursos de Saldaña y su colega Yolande Norris-Clark pensaban que estaban estudiando una formación similar a la de las doulas o las matronas, en realidad los estudios no ofrecían ningún tipo de enseñanza […]. Entrenaban para repetir los mantras de la FBS: que pasara lo que pasase —partos que duran una semana, bebés que no pueden salir por sus propios medios, abundantes hemorragias, etcétera— no había que intervenir de ninguna manera».

El primer instinto podría ser culpar a esas madres de su destino o del de sus bebés, pero eso sería ignorar por completo el contexto de esas mujeres. Solo con escribir en Google «violencia obstétrica parto» salen varias noticias recientes. También hay testimonios y ejemplos en la literatura. Maggie O’ Farrell, en Sigo aquí, habla precisamente de cómo casi muere en su parto (en un hospital). En Brujería para chicas descarriadas, de Grady Hendrix la escena más violenta es el parto de la protagonista, donde la someten a todo tipo de vejaciones (precisamente, en el libro hay un contraste entre este parto y otro llevado a cabo por una partera). En Calibán y la bruja, de Silvia Federici, se señala el control que empezó a ejercerse sobre la mujer en relación con la reproducción y cómo los hombres les arrebataron su trabajo a las parteras, es decir, cómo el parto se convirtió en una lucha de poder.

En un ejemplo más personal sobre por qué la población cada vez rehúye más las consultas médicas, Marta Sader habla de su tío, aquejado de migrañas que duran días o vómitos que no le permiten comer. La autora entonces reflexiona sobre el contraste entre los ambulatorios, donde tan solo pueden dedicarle unos minutos y lo tratan como un paciente más, con su amiga Alejandra, que se toma el tiempo necesario para hablar con quienes acuden a ella, que prepara remedios caseros y que los hace sentir especiales.

"Si nos atenemos únicamente a la razón, a los hechos demostrables y a un espíritu crítico incontestable, es imposible obviar que la ciencia, aunque beneficiosa, nos ha fallado al tratarnos más como sujetos que como seres humanos"

Para quien piense que Alejandra sería la primera en ofrecer algún curso para aprovecharse de sus pacientes, Marta Sader transcribe las siguientes palabras de su amiga: «Es un gran negocio. Esta sociedad impulsa mucho la noción de que estamos rotos, de que nos falta algo, de que nunca estamos listos. Eso alimenta el hambre por hacer doscientos cursillos rápidos para intentar tener un lugar en el mundo». Es decir, ser espiritual no implica ignorar la realidad social.

Lo que Marta Sader explica con estos dos ejemplos (y muchos más a lo largo del libro) es que, si nos atenemos únicamente a la razón, a los hechos demostrables y a un espíritu crítico incontestable, es imposible obviar que la ciencia, aunque beneficiosa, nos ha fallado al tratarnos más como sujetos que como seres humanos. Si a esto se le suma el sistema capitalista en el que estamos inmersos, el cual nos ha dividido y convertido en seres solitarios, se da el campo de cultivo perfecto para que 1) más personas busquen un refugio seguro a través de la espiritualidad y 2) que surjan personas inmorales que quieran aprovecharse de la situación.

Espiritualidad líquida no es una defensa acérrima del horóscopo, la meditación, las pseudociencias o las creencias conspiranoicas, es una reflexión escrita desde la crítica y el amor, desde el deseo verdadero por mostrar las peores consecuencias de estas creencias y, al mismo tiempo, hacer entender que pueden servir para analizar nuestra sociedad actual e incluso mejorarla.

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Autora: Marta Sader. Título: Espiritualidad Líquida: Misticismo pop en la era del yo. Editorial: Debate. Venta: Todos tus libros.

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