Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Sábado, 1 de agosto de 1936: Lerroux explica todo
Ya que me lo preguntan tan amablemente mis amigos portugueses, les contesto con sinceridad: las cosas en España van mal. La anomía, ahora mismo, es absoluta. Para que se hagan una idea, a poco de confirmarse el Alzamiento, una multitud proveniente del pueblo de San Rafael irrumpió en el hotelito que tenía en la localidad mi familia, y que yo y los míos habíamos abandonado previsoramente.
»La chusma, cuando se junta, es primitiva. Siempre lo digo: un grupo no hace una suma; en realidad, sabe poco más que destruir. En mi casa hicieron una bonita pira con cuatro mil volúmenes de mi biblioteca. Destrozaron mis esculturas, el mobiliario, y ha quedado prácticamente en ruinas todo, salvo la caseta de los guardeses.
»Ya sabrán que San Rafael queda cerca del Alto del León. Es el mejor acceso a Madrid por la sierra de Guadarrama, y ahí se ha instaurado el frente. Pero eso no es excusa para el vandalismo. ¡Si por algo la mitad de los políticos madrileños que yo conocía andaban todos con pistolas, incluso en sus reuniones y en el Congreso!
»La violencia actual no está siendo, así lo digo, más que una prolongación del ambiente crispado de las Cortes. Y todo ha culminado en el reparto de armas a las milicias con que se ha hecho el harakiri la República española.
»Así es, señores. El pasado diecinueve de julio la República renunció al monopolio de la violencia y legalizó la anomía. Ya me han preguntado muchos de ustedes por qué el Gobierno español, en un momento en que la sublevación no parecía aún incontrolable, decide repartir armas masivamente a los partidos y sindicatos de izquierdas.
»Yo entiendo que hubo dos circunstancias. Primero, la voluntad de llenar el vacío dejado por tropas sublevadas y contrarrestar con recursos propios la milicia de falangistas y carlistas que lleva meses armándose. Sus fuerzas hacen espejo a las milicias populares.
»Pero existe otra razón más elemental, y es la presión ejercida tanto por el partido comunista como por los socialistas con virulentas manifestaciones a las puertas del Ministerio de la Guerra y de Gobernación, amenazando al señor Azaña con lanzar la revolución social y ocupar el Gobierno si no se les distribuían armas para aplastar la revuelta de los cuarteles.
»Una vez desahuciado Casares Quiroga, el Gobierno de Martínez Barrio, que debía negociar con los sublevados, duró lo que tardaron en apagarse las luces de Madrid. Martínez Barrio fue destituido esa mañana en palacio por Azaña, quien ha entregado la presidencia del Consejo de ministros a José Giral, ya en consonancia con lo que pedían los partidarios de Largo Caballero, muy beligerantes contra el pactismo.
»Esa noche fueron distribuidos los primeros cientos de fusiles por el teniente coronel Mengana, en la Casa de Campo, entre milicias que luego tomaron Carabanchel. Pero fue el diecinueve de julio cuando, por lo que tengo entendido, se distribuyeron a plena luz del día el resto de los miles de fusiles sacados en su momento del cuartel de la Montaña.
»Una entrega diurna y pública en pleno Parque de Artillería. Poco menos que a todo el que acreditara carné de afiliación a un partido de izquierdas. Con semejante fuerza subversiva armada, ¿qué poder real tiene el Gobierno de Madrid, señores? Ninguna. En estos momentos, señores, no hay ley digna de ese nombre que impere en ningún rincón de la capital, yo se lo aseguro a todos ustedes, y escríbanlo así en sus respectivos periódicos porque, no solo Portugal, sino todo el mundo ha de estar al tanto de las monstruosidades que se están cometiendo en España.


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