El cuestionamiento plañidero del pequeño de los tres osos en el universal cuento Ricitos de Oro y los tres osos, al ver sus pertenencias mancilladas por una inoportuna y curiosa niña de cabello dorado y ensortijado, sirve a Gloria Dickie, en el prefacio de Ocho osos, para introducirnos en uno de los principales enigmas que recorre este ensayo. ¿Por qué un mamífero de tanta envergadura y prestancia física —y de consiguiente potencialidad simbólica— ha pasado sin pena ni gloria dentro de muchos de los imaginarios populares de los territorios donde las ocho especies protagonistas del libro han habitado?
Con el propósito de acercar a los lectores a la casuística de cada una de estas, Dickie recorrió físicamente Ecuador y Perú para indagar sobre el tímido y esquivo oso de anteojos, India para ser testigo de la inusitada fiereza del desgreñado oso bezudo o perezoso —que en absoluto hace honor a este último nombre—, China, donde entró en contacto con el extravagante valor político, económico y cultural del icónico oso panda, convertido en moneda de cambio diplomática, Vietnam, que la adentró en la terrorífica explotación de osos malayos y osos negros asiáticos en granjas de bilis destinada a la farmacopea tradicional, y Estados Unidos, siguiendo los encuentros y desencuentros físicos e ideológicos de osos negros americanos y osos pardos con sus vecinos humanos. Cierra el volumen el capítulo dedicado al mayor de los úrsidos, al que investiga en su nativa Canadá, en las zonas árticas, territorio helado cuyo nombre procede del griego árktos, a través de su conexión mitológica con las muy septentrionales constelaciones de la Osa Mayor y la Osa Menor.
Acierta la autora en ensamblar su propia peripecia viajera, sus experiencias de primera mano, que no eluden la reflexión sopesada, la crítica acerada y la evocación poética, con informaciones académicas, datos biológicos y estadísticas (la nutrida bibliografía que, en forma de notas finales, acompaña el volumen lo demuestra). Las páginas se deslizan raudas entre los dedos del lector, que se siente ávido de conocimiento de una entidad animal tan representativa, ubicua en nuestras imaginaciones, pero de la que, en realidad, tenemos escasa o nula experiencia directa. Incluso la fortuna de contar en España con osos pardos, con una población en moderado aumento, en algunos reductos montañosos de la Cordillera Cantábrica y los Pirineos, no nos aproxima a este ser prodigioso, sino que, curiosamente, este sigue siendo un hirsuto desconocido, que rara vez se muestra y, cuando lo hace, causa pasmo y, por qué negarlo, una comprensible aprensión. También, y eso lo aborda sin ambages la canadiense en su texto en todos los capítulos, conflicto, porque resulta imposible que un ser que requiere de buenas cantidades diarias de alimento para muchas de sus subespecies, incluida la del oso pardo, no encuentre en las despensas humanas —huertos, colmenares, contenedores de basura, el patio trasero de algunas casas…— un buen punto de aprovisionamiento.
En estas fechas veraniegas, en las que nuestros montes y bosques arden y seguirán, previsiblemente, ardiendo verano tras verano, el panorama no invita precisamente al optimismo. El oso, junto con otras especies ibéricas amenazadas o endémicas, como el urogallo o el lobo, verá aún más consumido su ya magro territorio y quedará todavía más expuesto al choque constante con el ser humano, del que, no hace falta siquiera mencionarlo, siempre el animal, de una forma u otra, saldrá malparado. En estas circunstancias tan poco alentadoras, el volumen de Dickie nos aporta, pese a todo pronóstico, una cierta esperanza, ya que, si el núcleo central de sus capítulos afronta el malhadado destino de todos, sin excepción, los osos del planeta, todos ellos reservan también, como contrapunto, un cierre esperanzador: expertos apasionados, población local concienciada, construcción de corredores naturales, santuarios o programas conservacionistas que aportan una luz, tenue, pero, a fin de cuentas, luz, que permite confiar en la continuidad de este gigante.
Este galardonado volumen, que Errata Naturae nos ofrece en español dentro de su cuidada colección Libros Salvajes, es una lectura perfecta para todos los públicos. Es divulgativa, pero posee un sólido trasfondo académico; está salpimentada con el aura de la aventura trepidante, aunque con los pies firmemente anclados en la más cruda realidad —las atrocidades infligidas a los osos bezudos martirizados para ejercer como «osos bailarines» de pueblo en pueblo por la península índica, o a los «osos de bilis» condenados de por vida tras los barrotes en el sudeste asiático, erizan la piel—; y, pese a la aparente sencillez de su prosa, encierra un impulso lírico que nos resuena hondo ya al alcanzar su breve epílogo, cuando Dickie lanza un alegato por la inexcusable convivencia entre humanos y úrsidos, esos úrsidos que nos han acompañado durante toda nuestra historia cultural como «un abuelo, un tío, una madre, un curandero y un maestro».
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Autora: Gloria Dickie. Título: Ocho osos: El pasado mítico y el futuro incierto de uno de los animales más fascinantes del planeta. Traducción: Silvia Moreno Parrado. Editorial: Errata Naturae. Venta: Todostuslibros.


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