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4 de agosto de 1936: Un telefonazo eficaz

4 de agosto de 1936: Un telefonazo eficaz

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Martes, 4 de agosto de 1936: Un telefonazo eficaz

Siento despertarle, majestad. Soy Juan Ignacio Luca de Tena. Tengo necesidad de su ayuda. Quería visitarle hoy, pero resulta que estamos Pedro Sainz y yo retenidos desde hace horas en una comisaría de Praga…

—Pero bueno, Juan Ignacio, ¿qué demonios hacéis detenidos en una comisaría?

La anécdota la cuenta el propio Luca de Tena en su libro Mis amigos muertos. Allí relata que una de las últimas veces que vio al rey fue en los primeros días de agosto del 36. El general Mola, con quien mantenía contacto desde el principio del Alzamiento, le envió a varios países de Europa con cartas de su puño y letra para diversas personalidades políticas. En todas pedía angustiosamente bombarderos y cazas para los diferentes frentes. La aviación permanecía casi en su totalidad leal al Gobierno republicano. Era uno de los puntos flacos de los sublevados. «Si no tengo aviones antes de ocho días, estamos perdidos», dijo Mola, antes de despedirse en la Comandancia General de Burgos, donde tenía instalada la Junta de Defensa Nacional.

Luca de Tena se lo había tomado en serio. Viajó hasta París y después a Roma, donde su amigo, el monárquico Pedro Sainz Rodríguez, lo puso en contacto con el conde Ciano, ministro de Asuntos Exteriores italiano, a quien entregó una carta para Mussolini.

"Su gestión resultó enormemente eficaz: el mismo cuatro de agosto ya volaban los aviones italianos rumbo a Burgos. Cuenta Luca de Tena en sus memorias que Sainz Rodríguez y él casi se echan a llorar al recibir la noticia"

—Pero es que yo eso no lo puedo discutir con Mussolini —respondió Ciano.

—¿Y quién puede hacerlo?

—¿Con la eficacia que ustedes desean? Solo una persona. Alfonso XIII.

Por desgracia, el rey no estaba en Roma. El exmonarca pasaba unos días en Checoslovaquia, en el castillo de Metternich, próximo a Königsberg, en la frontera alemana. La princesa viuda de Metternich era española. Isabel de Silva, condesa de Castillejo, hija de la duquesa de San Carlos, hermana del anterior marqués de Santa Cruz. Sabiéndolo, Luca de Tena se dispuso a viajar en un avión de línea. Pero como el primero salía tres días después, algo desesperado, acabó por convencer a otro amigo, Víctor Urrutia, que disponía de una pequeña avioneta, de que lo llevara a Praga. Urrutia accedió, pero por el camino se perdieron. El piloto se vio obligado a realizar un aterrizaje forzoso en un campo labrado cerca de Pilsen, a cien kilómetros del castillo.

Allí, en la vieja Austria imperial, católica y aldeana, él y Urrutia pasaron unas horas detenidos por la policía. Por suerte para ambos, se les permitió telefonear al rey. Alfonso XIII se encargó, con sus gestiones, de que los pusieran en libertad, y luego, desde su despacho en el castillo de Metterlich, dijo:

—Venid los dos para aquí cuanto antes, os espero para cenar. Mientras tanto, voy a intentar localizar a Mussolini.

Su gestión resultó enormemente eficaz: el mismo cuatro de agosto ya volaban los aviones italianos rumbo a Burgos. Cuenta Luca de Tena en sus memorias que Sainz Rodríguez y él casi se echan a llorar al recibir la noticia.

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