Este libro explica y psicoanaliza la génesis y la intrahistoria de determinadas obras de arte. Algunas pertenecen al canon occidental —La Gioconda, Las Meninas, los frescos de la Capilla Sixtina—; otras, más discutidas, como la Fuente de Duchamp o Mickey Mouse, aspiran a interpelar al lector y a provocar una reflexión sobre lo que entendemos por arte.
En este making of Carlos Cubeiro explica cómo escribió Momentos estelares de la Historia del Arte (Almuzara).
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Andaba dándole vueltas a varios proyectos, cuando Antonio Cuesta, editor de mis últimos libros, me propuso una idea tan temeraria como irresistible: escoger algunos momentos estelares de la historia del arte siguiendo el ejemplo de los Momentos estelares de la Humanidad de Stefan Zweig.
Tras las lecturas de Enid Blyton y Richmal Crompton, las novelas y biografías de Zweig fueron mi entrada —suntuosa y grave— en la literatura para adultos. También me enseñaron algo que ya nunca he olvidado. La historia no está reñida con el placer de la lectura. Aunque mis futuros profesores de instituto se empeñaran en demostrarme lo contrario, el mal ya estaba hecho. El conocimiento, si es genuino, jamás puede ir de la mano del aburrimiento.
Los títulos de los libros suelen aparecer, intuyo, como una destilación natural de lo escrito. Empezar la redacción de una obra conociendo de antemano qué frase va a figurar en la cubierta podría resultar algo incómodo, pero no ha sido este el caso. Si los títulos funcionan como eficaz acicate o seductora promesa para el lector, también son capaces de orientar al profesional del diseño y la ilustración que, metido a escritor y sin pedigrí profesional en el mundo de la historia del arte, pretenda armar una obra modesta en sus formas, pero ambiciosa en su propósito de contar historias tan insólitas como profundamente humanas.
No contento con homenajear el título de Zweig, decidí robarle una de sus estrategias, recreando en casi homeopáticas dosis de ficción cómo se sintió Michelangelo Buonarroti antes de dar la primera pincelada sobre el enlucido fresco de la Capilla Sixtina; las soledades de Rembrandt frente a su último autorretrato; o la frustración y la ira de Walt Disney al perder los derechos sobre su conejo Oswald, antecedente directo de Mickey Mouse, uno de los más memorables iconos de la creación artística del siglo XX.
Baste lo anterior para que el lector se haga una idea del índice del libro, en el que se pueden encontrar, entreverados, hitos indiscutidos de la historia del arte —el descubrimiento de las pinturas de Altamira, Velázquez pintando Las Meninas o Picasso fracturando la historia del arte con sus Demoiselles d’Avignon— con otros que fácilmente se prestan al debate, como la fundación de la escuela Bauhaus, la primera cafetera Moka o el enfrentamiento algo ridículo de dos referentes del graffiti sobrados de testosterona. Escribir un libro así exige una cierta audacia, cercana a la imprudencia, y muchas horas de lectura y estudio.
Zweig, como mi madre, pertenecen al mundo de ayer (seguimos robando títulos), un mundo que la memoria, en su inevitable pacto con el olvido, convierte en un tiempo idílico de lecturas pausadas, anécdotas reveladoras y reflexiones ajenas a la urgencia de lo inmediato. Un mundo habitado por seres de carne y hueso, no por mitos de cartón piedra. Un mundo de imposibles hazañas, como las de poner a salvo los tesoros artísticos de un país en medio de las bombas. Un mundo de maravillosos descubrimientos, de pinturas rupestres que desafían al tiempo y de ejércitos de barro que aún velan el sueño eterno de un lejano emperador.
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Autor: Carlos Cubeiro. Título: Momentos estelares de la Historia del Arte. Editorial: Almuzara. Venta: Todostuslibros.


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