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Cómo maté al presidente

Cómo maté al presidente

La primera novela de Marcos Dosantos es una sátira sobre la decadencia política, el sexo y la muerte. Y lo hace a través de la historia de un camarero brigante que, casi de un modo involuntario, se convierte en todo un símbolo para el pueblo.

En este making of Marcos Dosantos explica cómo escribió El príncipe lagarto (Plasson & Bartleboom).

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Fue en una noche de otoño del 2022 cuando escribí las primeras palabras de mi primera novela: El príncipe lagarto.

Vivía en una bucólica buhardilla del centro de Madrid y sabía un puñado de cosas. Sabía que pronto abandonaría la ciudad porque no me daban los números. También tenía claro el comienzo de mi futuro texto: un camarero de discoteca envenena por error al presidente del gobierno y, en lugar de acabar en prisión, se convierte (lo convierten) en la estrella de Guara, una capital inventada, desparramada y amoral.

No tengo claro de dónde vino la idea. No creo que sea particularmente creativa ni refrescante, pero la saboreé, la tragué y echó raíces en mi estómago. Una editora conocida por aupar voces emergentes me había mandado un mail unos meses antes preguntándome si tenía algo entre manos. Me emocioné y le contesté con un correo ingenuo e intenso en el que le planteaba la trama del absurdo magnicidio. Jamás me respondió.

"Por eso, aquella noche de otoño me prometí que no escribiría pensando en una editorial, sino en un vórtice"

Por eso, aquella noche de otoño me prometí que no escribiría pensando en una editorial, sino en un vórtice. Me preparé mentalmente para un camino de artesanía experimental que podía no tener salida ni propósito. Probé primero con el típico método del “mapa”, planificando fichas de personajes, ramificaciones de la trama y otro tipo de coordenadas que dieran forma al sistema que exige una prosa sostenida. Me enfrenté a las primeras diez páginas del borrador con una sensación agridulce: había una técnica digna, pero las palabras no vibraban.

Tuve que dejar el texto en barbecho por un encargo luminoso y solemne: La mujer volcán, las memorias de la senadora y activista trans Carla Antonelli. Si bien pausé durante una temporada el documento de Word (cuyo título cambié tantas veces), la historia de Rayco merodeaba muchos de mis pensamientos y algunas de mis conversaciones. Hubo una cháchara clave en México: de camino a la FIL, mi adorado exeditor y amigo David Cabrera me dijo que narrara con las vísceras. Solo que, para él, las vísceras se ubican más bien en los genitales.

Algo se activó entonces. Comprendí que el maná de mi ficción estaba en las partes bajas de la mente: las pulsiones. ¿Cuáles debían ser? No tardé mucho en darme cuenta de que todo estaba ya en esas endebles primeras páginas: el sexo, el poder y la muerte.

"El príncipe lagarto bebe de muchas orillas y registros. No se explica sin el arranque zigzagueante, como no se explica sin la profunda inmersión que supuso mi estancia en Argentina"

El príncipe lagarto bebe de muchas orillas y registros. No se explica sin el arranque zigzagueante, como no se explica sin la profunda inmersión que supuso mi estancia en Argentina. La ciudad de la furia me regaló la mejor etapa de mi vida hasta la fecha. Me enamoré cinco veces y me desenamoré siete. Gracias al cambio de divisa me apunté a hot yoga, me rompí el menisco jugando al fútbol sala en San Telmo, vi selvas y glaciares y me obsesioné con autores como Copi, Gabriela Cabezón Cámara, Piglia o Roberto Arlt.

Hubo algo de exploración propia y mucho de acompañamiento: mis amigos Azul, Guillermo, Cheng, Lucila o Davide me enseñaron las maravillas del MALBA, de La Puto y del teatro off off. Mis amantes sin nombre y mi ex capricorniano contribuyeron también, pero la aportación diferencial la hizo Félix Bruzzone. Tallerista, hijo de desaparecidos en la dictadura militar y, ante todo, tutor de mi ficción reptiliana. Él me descubrió la sátira desarraigada de Copi, él me ayudó a darle forma a mis personajes y me guio en la difícil alquimia de combinar la ironía más sórdida con la pregunta reflexiva que quisiera pensar que propicia la novela: ¿qué haríamos si de repente tuviésemos mucho, muchísimo poder?

Afirma Benjamín Labatut que la literatura es de las pocas artes oscuras que quedan. No les voy a contar con qué experiencias lovecraftianas coqueteé para añadir capas viscosas a un libro que gesté durante más de tres años.

Mejor léanlo y adivinen cómo acabé ingeniándomelas para matar al presidente.

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Autor: Marcos Dosantos. Título: El príncipe lagarto. Editorial: Plasson & Bartleboom. Venta: Todostuslibros.

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