Recent Songs (1979), uno de mis álbumes favoritos de Leonard Cohen —entre otras cosas porque es uno de los menos populares, y soy de los que preferirían morir antes que ser mínimamente gregarios— se abre en su cara “B” con un tema que me estremece desde que lo escuché por primera vez: “The Traitor” es su título. Aquella audición en que descubrí está canción tuvo lugar en la plaza de Santa Bárbara, en el radiocasete de mi 850, un modesto utilitario que conducía entonces. Estaba con un compañero, y dos compañeras de la academia donde repetía COU. Una de ellas —podría escribir su nombre, pero no lo haré— advirtió el trance que me procuró el gran Leonard —“tú eres muy grave”, me decía— cuando le escuché cantar los versos de la última estrofa, aquellos que rezan así: “So daily I renew my idle duty / I touch her here and there / I know my place / I kiss her open mouth / And I praise her beauty / And people call me traitor to my face.
No sé si Leonard Cohen supo de la historia de Tina de Jarque y Abel Domínguez, supongo que no. Pero cuando Alfonso Domingo publicó El enigma de Tina (Algaida Editores, 2013), una novelización de la vida y el drama último de esta actriz, yo puse cara a aquel traidor del que Cohen nos cuenta a un ritmo lento, con ese aire suyo, como litúrgico, enfatizando sus versos con melancólicos violines.
Y también me vino a la memoria esa secuencia última de Fatalidad (1931), tercera colaboración entre Marlene Dietrich y el gran Josef von Sternberg, toda una obra maestra. Ella —que incorpora a una viuda de guerra que, con el nombre en clave de X-27 se ha hecho espía de los austriacos para sobrevivir— va a ser fusilada. Mientras el oficial al mando del pelotón que ha de ejecutarla —el mismo en cuyo sable X-27 ha contemplado su reflejo, comprobando que no está presentable para el último trance— perora sobre la atrocidad que es para él fusilar a mujeres, X-27, que sabe que, diga lo que diga, su último admirador va a morir, se pinta los labios con mucha más entereza que la mostrada por quienes montan las armas con que la van a ejecutar. Genio y figura hasta la sepultura. Esa coquetería que ha sido la fuerza de su vida, llegada la hora postrera es como el coraje de quien rechaza la venda frente a sus verdugos y prefiere mirar a los ojos de quienes, ipso facto, van a pasarle por las armas.
Tina de Jarque también fue fusilada, en Valencia, el 23 de enero de 1937. Pero su último admirador la quiso tanto que traicionó a su causa por ella y sus antiguos compañeros, los anarquistas, les ajusticiaron —por así llamar a esos asesinatos de ambas retaguardias— a los dos juntos. A ellos y al resto de los que en esa matanza arrojaron a la misma fosa común.
Según leemos en Esbozo de una enciclopedia histórica del anarquismo español (2001), de Miguel Íñiguez, que la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo tuvo la gentileza de obsequiarme recién salió de la imprenta, Abel Domínguez —el enamorado de Tina— era el secretario de un comité de la CNT de Málaga. Y aquí los diferentes datos sobre la rocambolesca historia de nuestra actriz y su último amor divergen según quien los cuente. A decir de los anarquistas, su compañero abandonó Andalucía en el 37; según Alfonso Domingo era el pagador de las milicias confederales de Andalucía y Extremadura cuando, estando en Madrid, reconoció a Tina y la detuvo. La actriz, que también era vedete —una de las más celebradas de los años 20 y lo que le dejaron vivir de los 30—, para los libertarios era una “damisela”. Muy común en la prensa, y en las voces en off de los documentales que hablaban de las “colectivizaciones de los hoteles y grandes salones de Barcelona para convertirlos en comedores para los trabajadores y los milicianos”, con “damisela” los sin amo se referían a las queridas y amantes de los burgueses. Y de Tina, como de casi todas las actrices de entonces —en Madrid incluso tenían prohibida la entrada en el Ritz—, se decía que había sido la amante de mucha gente, entre quienes destacaba Juan March.
Por otro lado, pese a las muchas concomitancias que se registran entre la vida de Tina de Jarque y su actividad profesional —siempre incorporaba a mujeres adúlteras—, aún llama más la atención que Carne de fieras (Armand Guerra, 1936) pase por ser una cinta de producción anarquista —como sí lo fueron Aurora de esperanza (Antonio Sau Olite, 1937), Barrios bajos (Pedro Puche, 1937) y Nuestro culpable (Fernando Mignoni, 1938), las tres únicas producciones de ficción del Sindicato de Espectáculos de la CNT, que hizo historia con su prestigiosa producción documental—.
Lo que sí que es cierto es que Carne de fieras, además de una verdadera película maldita, fue dirigida por un realizador libertario, José Estívalis Cabo, todo un veterano —llegó a estar empleado en la UFA— que en los años 10 ya dirigía cintas mudas en París: Un cri dans la jungle (1913) o Les misères de la aiguille (1913). De vuelta a España, rodó cintas como Luis Candelas, el bandido de Madrid (1926) o Batalla de damas (1927). Incluso llegó a dirigir a Imperio Argentina en El amor solfeando. El rodaje de Carne de fieras se estaba llevando a cabo en los estudios Cinearte, de la madrileña plaza del Conde de Barajas, cuando se produjo la sublevación militar. Tras el parón inmediato, cuando Madrid quedó en manos de los leales a la legalidad vigente, se retomó la filmación —en el estanque de El Retiro y en la glorieta de Atocha—, dándose por finalizada en agosto del 36. En Carne de fieras, Tina de Jarque incorpora a Aurora, la más célebre de sus adúlteras. Esposa infiel de Pablo (Pablo Álvarez Rubio), un púgil bonachón que ante la traición de su mujer pedirá el divorció, perderá en el cuadrilátero y hallará una nueva ilusión en Marlene, una francesa que baila desnuda dentro de la jaula de unos leones. Este detalle precisamente nos demuestra que Carne de fieras no era una película anarquista: para los libertarios la pornografía era una degeneración más de la burguesía.
Finalizado el rodaje, ahora sí, Estívalis se fue a hacer documentales para la CNT, lo que acabó costándole la vida. Detenido por el tristemente célebre SIM, el Servicio de Inteligencia Militar de la República de Trabajadores de Todas Clases, fue sometido a torturas por esos miserables, a la sazón los mamporreros de Stalin. Cuando el cineasta salió de la cárcel y consiguió regresar a París, murió allí en marzo del 39 a consecuencia de los suplicios sufridos durante el cautiverio. En cuanto al negativo de Carne de fieras, se guardó sin montar, languideciendo durante casi seis décadas. Hasta que fue encontrado casualmente y Ferrán Alberrich montó el filme por encargo de la Filmoteca de Zaragoza.
En realidad no sabemos si los anarquistas la buscaban —de ser así, por qué Estívalis, con el que acababa de trabajar, no la delató— o si Domínguez procedió obedeciendo a su propia voluntad. Perfectamente podía haberla detenido para estar junto a ella. El caso fue que, una vez juntos, el ácrata, ya traidor, se enamoró perdidamente de Tina. Tanto fue así que cuando les detuvieron intentando cruzar la frontera francesa, él tenía en su poder un maletín lleno de joyas, la caja de sus antiguos compañeros según otras versiones de esta historia. Enviados a Valencia, fueron fusilados sin contemplaciones, con la diligencia con que se mataba entonces.
Constantina de Jarque Castro había nacido en Barcelona en 1906. Fue la suya una familia de trapecistas, equilibristas y gentes del circo. Pero ella habría de hacer carrera como cantante, actriz y vedete. Solo tenía quince años cuando se presentó con clamoroso éxito en el teatro Romea de Madrid. Políglota, fue una de las primeras mujeres que cantaron jazz en nuestro país. Su debut en el cine se produjo en la pantalla alemana, de la mano de Rudolf Walther-Fein en Bigame (1922). Después llegó La medalla del torero (José Buchs, 1926). Su filmografía no es muy extensa. Pero su actividad ante los escenarios le proporcionó tanta popularidad que incluso inspiró una muñeca.
Aunque los amantes que se le atribuían y los desnudos en los que se mostraba en las tablas cuando no lo hacía nadie acabaron por granjearle fama de ser una frívola impenitente, cuantos la conocieron aseguran que Tina Jarque fue una mujer generosa con cuantos se acercaron a ella exhaustos. Yo creo que murió junto al traidor enamorado. Pero tampoco faltan quienes ponen en duda su romántico último gesto, quienes aseguran que huyó a Francia ella sola, bajo una falsa identidad. Yo la imagino junto a su anarquista como a X-10 frente al pelotón de fusilamiento, mientras “The Traitor” suena en algún lugar.


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