A Javier Redondo, el protagonista de La hora de los monstruos (2026), no le van muy bien las cosas debido a la brutal crisis económica del año 2012, que está hundiendo la prensa en papel mientras los más listos cambian de barco. Pero como no se rinde y es un periodista de raza que sigue creyendo en la función social de la prensa, comienza a investigar la desaparición de dos adolescentes en Ciudad Real intentando responder a las 5W clásicas: what, when, where, why, who. Cuando tiene más o menos documentadas las cuatro primeras, la dificultad se le presenta con la última: ¿Quién? Y al intentar responderla, el periodista se convierte en detective.
El detonante de La hora de los monstruos es ese peligro de poner en contacto la adolescencia con las espesuras del delito, especialmente en entornos urbanos. Pero la novela da un paso más al introducir el tema de la telebasura, con la letal combinación de periodismo de sucesos y redes sociales. Por su dilatada trayectoria como periodista, Santamarina es buen conocedor de esos ambientes, reflejados en un presentador definido como el “príncipe de las cloacas, el rey de la telebasura nacional”.
Con la combinación de ambos asuntos, el autor ha escrito una novela sobre drogas, abusos, poder ejercido por altos cargos de ambientes bancarios, políticos y judiciales, corrupción, pelotazos económicos y violencia, mucha violencia (con una ambigua referencia a Cormac McCarthy), aunque también aparecen algunos instantes de luz, como los que aporta Lucía, en mi opinión el mejor personaje. En fin, sobre mucha gente que peca contra las leyes. Todo es tan terrible y sucio que termina ensuciando a casi todos los personajes limpios de esta historia.
La hora de los monstruos es pura novela negra —para amantes de la novela negra— en la que no entran ni el paisaje, ni las descripciones de ambiente, ni las abstracciones psicológicas, aunque sí excelentes referencias musicales y variados cambios de escenario. Todo va deprisa —sístole y diástole, sístole y diástole—, sin tiempo para debatir sobre literatura, sino sobre los temas propios del género.
Los hechos que narra suceden durante varios meses del año 2012, en el entorno de una crisis económica devastadora que, por momentos, consigue que parezca normal que ocurra todo lo que termina ocurriendo.
Y un apunte más sobre algo que ya es normal en la novela negra española: Miguel Ángel Santamarina introduce con toda naturalidad escenarios nacionales con la misma entidad que antes lo hacían Madrid o Barcelona, sin sonar exóticos ni provincianos: Burgos, Ciudad Real, Murcia, Albacete, Pinto. El género negro ha ampliado la geografía narrativa nacional, empezando por las novelas de Lorenzo Silva, y eso también le da a La hora de los monstruos un marchamo de veracidad que el lector agradece.
En su primera novela, la capacidad narrativa de Miguel Ángel Santamarina se evidencia en el buen manejo de un gran número de personajes, muy bien encajados en el relato, en una brillante capacidad de síntesis de las situaciones narrativas, quizá entrenada en el periodismo, y en el instinto para reflejar los problemas sociales del momento, que hallan una metáfora en la tragedia de aquella macrofiesta del Madrid Arena donde murieron aplastadas cinco chicas por un aforo excesivo sin las obligatorias medidas de seguridad, mientras el público siguió bailando hasta el amanecer: “danzar y danzar mientras las muertes caen, girar y girar hasta que somos nosotros los que nos desvanecemos”.
Con esas buenas dotes de narrador, sus nuevas historias se irán afinando con pequeños detalles: sin una división tan bipolar entre unos personajes muy malvados a los que no puedes evitar odiar y otros muy positivos a los que hay que admirar, aumentando la variedad sintáctica o prescindiendo de algunas acotaciones innecesarias en los diálogos.
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Autor: Miguel Ángel Santamarina. Título: La hora de los monstruos. Editorial: Ediciones B. Venta: Todostuslibros.


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