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La vida en la escritura, de Annie Dillard

La vida en la escritura, de Annie Dillard

¿Qué significa dedicar la vida a la escritura? ¿Cómo convive un escritor con la incertidumbre, la disciplina y el vértigo de enfrentarse a la página en blanco? Por primera vez en español, este ensayo de Annie Dillard, ganadora del Premio Pulitzer, ofrece una mirada íntima y profundamente honesta al proceso creativo.

En Zenda reproducimos un fragmento de La vida en la escritura (Bamba), de Annie Dillard.

***

I

«No te apresures; no descanses»

Goethe

Cuando escribes, trazas una línea, una ristra de palabras que es el pico de un minero, el escoplo de un tallador, el catéter de un cirujano. Al esgrimirla, excavas un camino y lo vas siguiendo. Pronto te encuentras en territorio desconocido. ¿Se trata de un callejón sin salida, o has localizado el verdadero tema? Mañana lo sabrás, o quizá el año que viene, por estas fechas.

Abres camino con audacia y lo transitas con temor. Te diriges adonde el camino te conduce. Al final te encuentras encajonada en un desfiladero. Entonces te dedicas a terminar informes, despachar boletines.

La escritura ha cambiado en tus manos y, en un abrir y cerrar de ojos, la expresión de una noción íntima se ha convertido en una herramienta epistemológica. Este nuevo espacio te interesa porque no está claro. Asistes a algo. En tu humildad, entregas las palabras con cuidado, velando desde todos los ángulos. Ahora la escritura anterior parece tenue, descuidada. El proceso no es nada; borra las trazas. El camino no es la obra. Espero que la maleza haya cubierto las huellas y los pájaros se hayan comido las migas; espero que lo deseches todo y no mires atrás.

La ristra de palabras es un martillo. Martilleas las paredes de tu casa. Las golpeas con suavidad por todas partes. Después de muchos años reparando en esas cosas, ya sabes qué debes escuchar. Algunas paredes son muros de carga; deben permanecer o, si no, todo se vendrá abajo. Otras, en cambio, pueden derribarse con la mayor impunidad; por cómo suenan, puedes diferenciarlas. Por desgracia, suelen ser los muros de carga los que toca echar por tierra. No queda más remedio. La única solución, aunque te horrorice, es esa. Derríbalos. Apártate.

El arrojo se opone a la audaz esperanza de que la obra, o el mundo, acaso necesiten esa labor tan primorosa. El arrojo, exhausto, se yergue sobre la realidad desnuda: lo escrito debilita la obra. Debes demolerlo y volver a empezar. Puedes salvar ciertas frases, como ladrillos. Sería un milagro que pudieras salvar algún párrafo, por muy excelentes que sean, por mucho que te hayas esforzado. Puedes malgastar un año lamentándote o bien puedes quitarte el asunto de encima en un santiamén —¿eres una mujer o un ratón?—.

La parte que debes echar por la borda no es solo la mejor escrita; cosa extraña, también es la parte que iba a dar sentido a todo lo demás. Es el pasaje clave original, el pasaje que sostenía el resto y a partir del cual cobraste valor para empezar. Henry James lo sabía bien y fue quien mejor lo expresó. En su prólogo a Los tesoros de Poynton, compadece a la autora en un cómico par de frases que se erigen en aullido: «¿En qué obra no ha renunciado, sometida al más terrible calvario, a lo mejor que ansiaba preservar? ¿En cuál, antes de la espantosa culminación, no se ha preguntado qué habrá sido de aquello que lo condujo a tan extremo proceder?».

Por todo ello, la autora escribe muchos libros. En cada uno tenía pensado plasmar varios elementos tan apremiantes como vívidos, muchos de los cuales sacrificó a medida que la forma del libro adquiría consistencia. «La juventud compila sus materiales para construir un puente a la luna —apuntó un melancólico Thoreau— o, por ventura, un palacio o un templo en la tierra, y, al final, la madurez termina levantando un cobertizo con ellos». La autora regresa una y otra vez a esos materiales, a esos temas apasionantes, como un asunto inconcluso, puesto que constituyen un trabajo de por vida.

[…]

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Autora: Annie Dillard. Título: La vida en la escritura. Traducción: Blanca Gago. Editorial: Bamba. Venta: Todos tus libros.

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