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Aprendiendo historia con Los Nikis: La Armada Invencible

Aprendiendo historia con Los Nikis: La Armada Invencible

Hace un par de años apareció en la prensa una noticia que provocó un terremoto en la sensible comunidad cívica, cuyos temblores siguen sacudiendo los cimientos de nuestra sociedad: los alumnos españoles no conocen su propia historia. A uno se le hiela la sangre al pensar que los indocumentados jóvenes españoles que terminan bachillerato se lanzan desarmados al inhóspito mundo que les aguarda sin saberse la lista de los reyes godos, las fechas de las batallas de Zalaca y Uclés o quién demonios era el marqués de Novaliches.

A todas luces, este déficit constituye un drama que no puede dejar a nadie indiferente. Por mi parte, tras haber dedicado muchas horas a reflexionar sobre este grave asunto y haber sopesado diversas soluciones, quisiera aportar mi modesto granito de arena para tratar de paliar esa carencia, proponiendo el programa «APRENDIENDO HISTORIA CON LOS NIKIS».

"Tres o cuatro acordes, un ritmo acelerado y unas sencillas melodías les sirvieron para componer un buen puñado de trallazos pop en los años 80"

Los Nikis fue una banda madrileña (concretamente, de la urbanización Santo Domingo, en el pueblo de Algete) que practicaba un punk-pop descaradamente ramoniano, lo que les valió el acertado sobrenombre de “Los Ramones de Algete” (ahora me tocaría explicar que explicar quiénes eran Los Ramones, pero no ha lugar en este artículo). Tres o cuatro acordes, un ritmo acelerado y unas sencillas melodías les sirvieron para componer un buen puñado de trallazos pop en los años 80 que, contra todo pronóstico (incluso el de los componentes de la banda), siguen sonando frescos décadas después. Con esa fórmula elemental sintetizaron píldoras de dexedrina pop como “Silvia Sobrini”, “Mi chica se ha ido a Katmandú” o “Rumbo a Manhattan”, temitas capaces de acelerar el metabolismo de sus fans.

Capítulo aparte merecen las letras, casi siempre obra de Joaquín Rodríguez (bajista de la banda), que destacan por su humor desenfadado y retranca sutil. En la canción más conocida del grupo, “El imperio contraataca”, que llegó a ser número 1 en la lista de Los 40 Principales en 1986, plantea una ucronía en la que el imperio español vuelve a dominar el mundo como antaño y se impone el cinquillo sobre el blackjack y la tortilla de patata sobre el Big Mac (las ventajas, claro, de ser de aquí).

Este tema ha sido adoptado como una especie de himno (¿apropiación cultural? Ahí lo dejo…) por grupos de tendencias nostálgicas, tradicionalistas, conservadoras, derechistas, incluso ultraderechistas… No sabría muy bien en qué casilla ubicarlos, pero desde luego no en la de los “progres”. El que suscribe llegó a presenciar en la celebración de una boda cómo, al sonar la canción, un puñado de aguerridos muchachos la coreaba con gesto adusto y el brazo alzado.

Por lo visto, lo que les sobraba de fervor nacionalista quizá les faltaba de sentido de la ironía. Pues bien, yo pretendo aquí hacer un ejercicio parecido (es decir, tomarme en serio, aunque con intenciones más didácticas que ideológicas) con otro tema de Los Nikis titulado Venganza, sobre el desastre la llamada «Armada Invencible».

"Pese a los intentos de Felipe II por manejar sus planes con discreción, la empresa que proyectaba era de tal magnitud que resultaba imposible mantenerla en secreto"

Sin más preámbulos, empecemos con la lección. La canción comienza con la siguiente estrofa introductoria:

A finales del siglo XVI,
el rey Felipe no sale de su habitación.
Algo trama, no saben lo que es,
y Jaime Peñafiel consigue la información.
Felipe II, ¿qué te propones?
Felipe II, ¡que aún no hay aviones!
Felipe II, ¿qué te propones?
Felipe II ¡que aún no hay aviones!

En el siglo XVI, la Monarquía Hispánica había levantado un imperio que se extendía desde los Países Bajos hasta Filipinas y desde las costas de Guinea hasta Macao, pasando por sus vastas posesiones americanas; un dominio tan amplio y disperso que el sol, literalmente, nunca llegaba a ponerse (me gusta mucho esa frase). Felipe II había accedido al trono a mediados de siglo tras la abdicación de su padre, Carlos I. En 1571 obtuvo la clamorosa victoria sobre el Imperio Otomano en la Batalla de Lepanto (la más alta ocasión que vieron los siglos, según Cervantes) y en 1580 incorporó Portugal al imperio español. Sin embargo, en su apogeo, el imperio no carecía de poderosos enemigos que le amenazaban: turcos, ingleses, franceses, holandeses… Felipe II, crecido por su poder y sus triunfos, debía pensarse “a mí no me tose nadie”, mientras en su Corte de Madrid hacía planes para liquidar a quienes osasen desafiarlo.

Jaime de Peñafiel es un conocido periodista del papel cuché y experto en la realeza. Su mención en la canción constituye, con toda seguridad, un anacronismo deliberado, pues, aunque Felipe II murió hace más de cuatro siglos, el periodista sigue dedicándose a la crónica rosa en la actualidad. Se trata de un recurso eficaz para contarnos que, pese a los intentos de Felipe II por manejar sus planes con discreción, la empresa que proyectaba era de tal magnitud que resultaba imposible mantenerla en secreto.

Seguimos con la segunda estrofa:

Hay cien barcos que esperan la ocasión
de invadir y dominar las islas británicas.
Todos piensan que nada fallará.
En Inglaterra hay muchas caras pálidas.

"De forma coordinada, 27.000 veteranos de los tercios de Flandes debían esperar su llegada para embarcar en su flotilla de pequeñas embarcaciones y cruzar el canal hasta Kent"

Concretamente, Felipe II había reunido en Lisboa una armada compuesta por 137 naves y 25.696 hombres, entre marineros y soldados, según las cifras exactas aportadas por Luis Gorrochategui en Contra Armada. Se trataba fundamentalmente de una flota de transporte (barcos destinados al traslado de tropas y suministros, aunque poderosamente artillados) escoltada por un convoy formado por 22 galeones de combate, 4 galeazas y 4 galeras.

La Armada tenía la misión de transportar hombres y equipo hasta el canal de la Mancha. De forma coordinada, 27.000 veteranos de los tercios de Flandes debían esperar su llegada para embarcar en su flotilla de pequeñas embarcaciones y cruzar el canal hasta Kent, mientras la Armada mantenía el control del mar y contenía a la flota inglesa. Una vez desembarcados los hombres y la artillería, marcharían sobre Londres para capturarla junto, si era posible, con la reina Isabel y sus ministros.

El objetivo de la operación no era anexionar Inglaterra a la Corona, sino deponer a la anglicana reina Isabel I y colocar en su lugar a un monarca católico. La candidata idónea era María Estuardo (prima de Isabel I), pero tuvo la desgracia de caer en una trampa tendida por los servicios secretos de su prima. Fue juzgada por alta traición y finalmente ejecutada en el cadalso en febrero de 1587.

En cualquier caso, en Inglaterra sabían que si los soldados veteranos de los tercios de Flandes cruzaban el Canal, las tropas inglesas apenas tendrían opciones de vencerlos, por lo que a la habitual palidez de sus rostros se sumaba ahora la palidez del terror. Su salvación dependía de que la flota inglesa lograra derrotar a la armada española.

La tercera estrofa de la canción trata sobre los motivos de la Armada:

La reina inglesa nos ha provocado,
no irá a Benidorm este verano.
Todos, todos, todos, todos, todos, todos
quieren ¡venganza! ¡Venganza! ¡Venganza!

"En el entorno del poderoso monarca empiezan a hacerse notar voces coléricas que claman por una reacción contra las provocaciones de Isabel I"

Isabel I y Felipe II fueron inicialmente aliados (habían sido cuñados mientras Felipe estuvo casado con María Tudor, hija de Enrique VIII y hermanastra de Isabel), e incluso, tras la muerte de María, Felipe llegó a proponer matrimonio a la reina inglesa para consolidar la alianza entre ambas monarquías. Ella le dio calabazas y le dijo que podían seguir siendo amigos, pero Felipe (el monarca más poderoso de su tiempo) no podía olvidar fácilmente un desaire como ese. La reina inglesa era protestante y su política religiosa chocaba frontalmente con el proyecto confesional de Felipe II, que se veía a sí mismo como defensor del catolicismo en Europa. A partir de entonces, la relación entre ambos soberanos se fue deteriorando hasta convertirse en una abierta rivalidad. Isabel I proyectó una guerra soterrada contra Felipe II, apoyando a los rebeldes protestantes en Flandes y fomentando la piratería que saqueaba los barcos españoles y atacaba sus posesiones en ultramar.

En el entorno del poderoso monarca empiezan a hacerse notar voces coléricas que claman por una reacción contra las provocaciones de Isabel I. En una carta, el cardenal Granvela (estadista al servicio de la Casa de Austria) lamenta “profundamente que la reina de Inglaterra nos haga la guerra de forma tan descarada y deshonesta, y que nosotros no podamos vengarnos”. Por otro lado, Juan de Idiáquez, secretario real, se queja: “Los ingleses infestan las Indias y la mar, es de manera que no basta vía defensiva a cubrirlo todo, sino obliga a meter [les] el fuego en casa, y tan vivo que les haga acudir a ellas y retirar los demás”. Incluso el Papa Sixto V le insta a atacar a Isabel I sin demora, para acabar con la plaga protestante que infesta la pérfida Albión.

La mención de Benidorm (ciudad de vacaciones) es otro anacronismo. Es cierto que, durante los años 80 (del pasado siglo XX) la familia real británica, especialmente los príncipes de Gales Carlos y Diana, veraneaban en Mallorca, pero Benidorm no parece encajar bien con su estilo vacacional. Como destino emblemático del turismo masivo, Benidorm es una fuente de inspiración inagotable para el compositor Joaquín Rodríguez, quien, además de esta referencia, le dedica dos canciones: “Voy a Benidorm” y “No vuelvo a ir a Benidorm”.

Retomando la historia, Felipe II había tratado de obviar las reiteradas provocaciones de su excuñada, a la que inicialmente había apoyado, protegido y pretendido, pero acaban poniéndole la cabeza como un bombo y termina convencido de acometer la conquista de Inglaterra.

Sigue la cuarta estrofa:

La Armada Invencible es invencible.
Felipe II es indestructible.

"Armada Invencible fue el título que, a posteriori, le dieron los ingleses para darse pisto y magnificar su victoria"

En realidad, la flota formada para atacar Inglaterra se llamaba oficialmente la Grande y Felicísima Armada. “Armada Invencible” fue el título que, a posteriori, le dieron los ingleses para darse pisto y magnificar su victoria. Al parecer, el promotor de esta genialidad propagandística fue un consejero de Isabel I llamado William Cecil, primer barón de Burghley. Tenía más mérito y resultaba mucho más glorioso derrotar a una flota grandilocuentemente denominada “invencible” que a una humildemente denominada “felicísima”, dónde va a parar. Como eslogan fue un éxito avasallador, pues se impuso sobre el título verdadero y terminó consolidándose en ese relato que llamamos Historia.

Continuamos con la quinta estrofa:

Al final se da la orden de partir.
Les espera una muerte trágica.
Los radares les van a descubrir,
no quedan pilas en la varita mágica.

La empresa empezó a torcerse antes incluso de zarpar. El marqués de Santa Cruz, Capitán General del Mar Océano, había sido designado por Felipe II para formar y comandar la Armada, pero murió el 8 de febrero de 1588. Tras su fallecimiento, Felipe II pidió al duque de Medina Sidonia que le sustituyera. El duque tenía aptitudes administrativas y organizativas sobradamente acreditadas, pero carecía por completo de experiencia en el combate naval. Consciente de sus limitaciones, trató de excusarse del mando encomendado, pero Felipe II se mostró inflexible y le instó cumplir la voluntad de su soberano. Es posible que la historia hubiera sido otra si no hubiera fallecido el marqués de Santa Cruz, a quien llamaban invicto porque nunca había sido derrotado en combate naval, pero eso pertenece al terreno incierto de las conjeturas.

El 28 de mayo de 1588, después de algún retraso, la Armada comandada por el duque de Medina Sidonia partió desde Lisboa. Tras un temporal que dispersó y dañó parte de la flota (el primero de una larga serie de infortunios meteorológicos), se vio obligada a recalar en La Coruña. Partió de nuevo el 22 de julio de 1588, después de casi de dos meses de reparaciones, reagrupamiento y reabastecimiento de la flota.

"Los barcos ingleses las hostigan sin descanso, pero sus repetidos intentos de romper la línea fracasan"

La mención del radar es otro anacronismo de la canción, con fines narrativos. El radar fue un invento del siglo XX y su desarrollo por parte del Reino Unido resultó decisivo para evitar la invasión por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, pues permitió a los británicos ganar la Batalla de Inglaterra, y dio a los aliados una ventaja tecnológica frente al Eje. Es un atajo narrativo para referir que la flota inglesa estaba avisada y aguardaba la arribada de la Armada Invencible.

El 30 de julio de 1588, la Armada avista a la flota inglesa y las naves españolas se despliegan en formación de medialuna. Los barcos ingleses las hostigan sin descanso, pero sus repetidos intentos de romper la línea fracasan.

El 6 de agosto, la Armada llega a Calais, a unos cuarenta kilómetros de Dunquerque, donde aguardan los tercios de Flandes, y fondea en Las Dunas. Sin embargo, el duque de Parma no está listo para esa fecha, aún debe embarcar a sus soldados en las embarcaciones preparadas para el cruce.

En la noche del 7 de agosto, los ingleses lanzan un ataque contra la flota fondeada utilizando brulotes (barcos incendiarios). La maniobra obliga a la mayoría de las naves españolas a levar anclas y dispersarse, arrastradas además por las fuertes corrientes del Canal de la Mancha. A la mañana del 8 de agosto, la flota inglesa arremete contra los navíos españoles desorganizados. En el combate se pierden cuatro naves y se registran 1.837 bajas entre muertos y heridos, según las cifras exactas recopiladas por Luis Gorrochategui.

El 9 de agosto, las tropas del duque de Parma aún no están listas, pero la Armada no puede esperar más. Tras consultar con sus generales, Medina Sidonia ordena emprender el regreso a España bordeando las costas de Escocia e Irlanda, un viaje de más de 5.000 kilómetros. En su decisión pesan tanto el estado de las naves tras el ataque inglés como la falta de munición de artillería, que hace a la flota incapaz de proteger el convoy y cubrir un eventual desembarco. La ruta de retirada viene impuesta por la azarosa dirección de los vientos, de marcado componente oeste en esas fechas.

"Tras abandonar el mar del Norte y adentrarse en el Atlántico, la Armada vuelve a enfrentarse a un tiempo extremadamente adverso"

Medina Sidonia ha logrado permanecer en el punto de encuentro durante treinta y seis horas, pero no ha sido suficiente para que el duque de Parma embarque a sus tropas. La falta de coordinación entre ambos, derivada sobre todo de los fallos en las comunicaciones, resulta decisiva para el fracaso de la operación. En las treinta y seis horas siguientes, los 27.000 hombres de los tercios de Flandes consiguen por fin embarcar, pero para entonces la Armada ya se ha visto obligada a retirarse. Por apenas treinta y seis horas, la pérfida Albión se ha salvado.

El fracaso de la Empresa de Inglaterra se debió a la concurrencia de varios factores concatenados, pero se advierte una falta de previsión estructural en el diseño de la operación. En una empresa de tal magnitud, que las cosas fallen es lo más normal, por lo que se debe prever con antelación (valga la redundancia) y establecer un plan de contingencia para los supuestos que puedan plantearse. Es fácil decirlo desde la barrera y más de cuatro siglos vista, pero Felipe II no tenía un plan B, y no contar con uno en este tipo de situaciones acaba resultando fatal.

Las estrofas sexta, séptima y octava se refieren a las adversidades meteorológicas a las que se tuvieron que enfrentar en el Atlántico:

Viene, viene, viene, viene, viene una tormenta.
Viene, viene, viene, viene, viene un maremoto.
Viene, viene, viene, viene, viene una tormenta.
Viene, viene, viene, viene, viene un maremoto.
Marejada variable fuerza seis,
arreciando a fuerte marejada.
Se han hundido a 1.200 pies,
en el agua no ha quedado nada.
La Armada Invencible está sumergida,
Medina Sidonia se quita la vida.
Todos, todos, todos, todos, todos, todos
quieren ¡venganza! ¡Venganza! ¡Venganza!

Tras abandonar el mar del Norte y adentrarse en el Atlántico, la Armada vuelve a enfrentarse a un tiempo extremadamente adverso. Se suceden violentas galernas con vientos contrarios, en especial los días 6, 19 y 22 de septiembre, en aguas de Escocia e Irlanda, y en ellas naufragan 28 barcos y se pierden otras 10.000 vidas.

"Medina Sidonia no se suicidó tras el desastre de la Armada Invencible. Se trata de una licencia que se toma el autor de la canción, pues el duque siguió prestando servicios a la Corona"

Las naves dispersas, maltrechas y sin apenas víveres intentan regresar como pueden a los puertos del Cantábrico. Solo una parte de la flota logrará volver a España. La Empresa de la Armada Invencible ha tenido un coste dramático: diez millones de ducados, la pérdida de treinta y cinco barcos y entre 10.000 y 15.000 vidas.

Medina Sidonia no se suicidó tras el desastre de la Armada Invencible. Se trata de una licencia que se toma el autor de la canción, pues el duque siguió prestando servicios a la Corona. Sin embargo, para el prestigio de España, quizá hubiera sido mejor que lo hubiera hecho, ya que su trayectoria posterior tampoco fue afortunada. En 1596 estaba al mando cuando una armada anglo‑neerlandesa tomó y saqueó Cádiz. Y en 1606 fue responsable de la pérdida de una escuadra en las cercanías de Gibraltar a manos de los neerlandeses.

Novena Estrofa:

Felipe II está en un convento.
Él no envió sus naves contra los elementos.

Felipe II no se retiró a ningún convento (fue su padre, Carlos I, quien lo hizo) ni probablemente pronunció la famosa frase que la posteridad le atribuye. Parece que asumió la derrota con el estoicismo que lo caracterizaba, y la sentencia que recoge su biógrafo Baltasar Porreño es esta: «Contra los hombres la embié, no contra los vientos y la mar». Sin perjuicio de ese supuesto estoicismo, Felipe II dejó escrita una reflexión bastante más patética: «Todo esto he visto, aunque creo que fuera mejor no averlo visto, según lo que duele».

Estrofa final:

¡Venganza! ¡Venganza! ¡Venganza!
¡Venganza! ¡Venganza! ¡Venganza!»

El clamor colérico de la última estrofa no merece mayores comentarios.

La extensión excesiva de este artículo no desmerece la corta duración de la canción, de tan sólo 2′39″. Para una asimilación óptima de la lección, conviene escuchar el tema a volumen brutal y corear la letra a pleno pulmón como si no hubiera vecinos. Se recomienda también empuñar una guitarra imaginaria y aporrearla al más puro estilo Johnny Ramone, mientras la batería se acompaña con un movimiento de cabeza perfectamente sincopado. No está contraindicada la ingesta de birra durante el proceso formativo.

Hasta aquí la lección de hoy, espero que, además de aprender, se hayan divertido. Mañana seguiremos con nuevo episodio de este programa pedagógico: «Aprendiendo cine con Los Nikis».

Muchas gracias por su atención.

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