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«Aves de Presa» y el domesticado desfase del feminismo posmoderno

«Aves de Presa» y el domesticado desfase del feminismo posmoderno

En la seminal historieta Amor loco, de los geniales Bruce Timm y Paul Dini, la psiquiatra enamorada Harleen Quinzel luchaba por el amor y luego por la independencia (y luego por el amor otra vez) del archienemigo de Batman, el Joker. Aves de Presa y la Fantabulosa Emancipación de Harley Quinn nos sitúa justo después de Escuadrón Suicida, la película de David Ayer donde se describió someramente el tira y afloja entre los dos narcisistas villanos, y lo hace en clave de comedia de acción para tiempos del Me Too y la nueva emancipación femenina. O no tanto: el guión de la autora de moda en Hollywood Christina Hodson se apoya en gran parte en el material publicado por Amanda Conner y Jimmy Palmiotti para el enorme bloque denominado Los Nuevos 52, un relanzamiento relativamente reciente del universo DC pero definitivamente previo a la polémica, y también uno en el que la chiflada antiheroína de relativamente nueva creación (Harley nació para la estupenda serie animada de Timm y Dini en 1992) ocupó un lugar a la altura de sus circunstancias.

"Es la película más visualmente plana y poco interesante de todo el lote de obras dedicadas al universo Batman y DC"

Aves de Presa, fruto de esa reformulación a medio camino entre lo oportunista y lo legítimo, puede calificarse como una oportunidad cinematográfica perdida. La película de Cathy Yan sitúa a Harley justo después de romper su relación con el Joker, con todos los enemigos creados por el camino dispuestos, ahora que no dispone de su protección, a quitar de en medio a la irritante arlequina. Lo hace, lamentablemente, con la película más visualmente plana y poco interesante de todo el lote de obras dedicadas al universo Batman y DC. Una que literalmente podría estar dirigida por cualquiera, o mejor dicho, por un colectivo de ejecutivos cualquiera sin personalidad alguna. Un espectador común puede ahora mismo recurrir a cualquiera de las series ambientadas en Gotham City disponibles en Netflix, HBO o la plataforma online de turno (se me ocurre la brillante Gotham) para disfrutar de un diseño de producción tanto o más elaborado que la superproducción que nos ocupa.

La película gana, a cambio, una notable y agradecible ligereza que proviene más del guión que de la plomiza puesta en escena, únicamente adornada de tres set pieces de acción fruto del intenso reshoot del director Chad Stahelski (John Wick) y en el que se aprecia la notable implicación física de su protagonista absoluta, Margot Robbie. Todo lo demás es un desfase domesticado que no hace honor a una premisa feminista concebida, precisamente, para no molestar a nadie, y lastrada por la pereza visual y nulidad estética de una directora que efectivamente podría dirigir de todo, pero porque todo lo dirigiría igual. Si esto es preferible al denso universo concebido por Zack Snyder o David Ayer para sus, en efecto, irregulares adaptaciones, apúntenme al lado de los pollaviejas tras cuyas películas, al menos, se percibía algo vivo, aunque fuera la lucha consigo mismos y contra el estudio y no la asimilación al común denominador auspiciado por Marvel Studios.

"Aves de Presa, cuyo humor incorrecto y slapstick de dibujos quiere imitar la apuesta de Deadpool, de la rival Marvel, fracasa pese a su estupenda galería de personajes"

Aves de Presa, cuyo humor incorrecto y slapstick de dibujos quiere imitar la apuesta de Deadpool, de la rival Marvel, fracasa pese a su estupenda galería de personajes. El guión pero, sobre todo, la dirección, desaprovecha un excelente reparto femenino (ahí está ese portento llamado Mary Elizabeth Winstead) y apenas muestra en pantalla la química y las dinámicas de equipo de las Aves, al fin y al cabo juntas solo en el apresurado desenlace del filme. Por el camino, soberbios momentos (por incómodos) como aquel en el que el villano Roman Sionis (Ewan McGregor) fuerza a bailar, y efectivamente cosifica, a una mujer que se rió demasiado alto; o instantes como ese prólogo que voz en off mediante refleja la evidente deformación a la que Harley somete a la realidad. Eso y la eficacia de ciertas secuencias de acción (la mejor, la de la comisaría) no compensan lo que podría calificarse como la mayor decepción de la saga DC Comics… y, signo de los tiempos, también una de las mejores valoradas por los agregadores de críticas, demostrando cómo las causas sociales, por muy legítimas que sean, son capaces de asimilar y moldear cualquier producto de entretenimiento en base a… la nada más absoluta. Porque para hacer cine de acción, feminista o machista, hay que saber hacerlo.

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