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El «misterio» Traven

Cuando se trata de esa rara especie de escritores de éxito que, como J. D. Salinger o Thomas Pynchon, huyen de los focos públicos como de una maldición, también se cita a B. Traven.  El caso de éste es, tal vez, el más extremado, ya que fue un maestro en el arte de la ocultación, hasta el punto de que las pocas cosas que se conocen de su personalidad y de su biografía podrían perfectamente ser meras especulaciones. Ni siquiera se sabe con certeza el nombre que se abrevia con esa B., aunque se cree que es Bruno.

Veamos las conjeturas respecto a su vida. Es posible que su verdadero nombre fuera Traven Torsvan, nacido en Nueva York en 1890, hijo de Burton Torsvan y de la actriz de origen alemán Dorothy Crowes. Parece que de joven se instaló con su madre en Alemania, y que participó activamente en el movimiento anarquista de Baviera como periodista de gacetas libertarias y antibelicistas, que firmaba como Ret Marut, y que hubo de abandonar este país huyendo de la persecución, radicándose en México en 1923, donde vivió hasta su muerte en 1969. En México prosiguió su activismo político izquierdista, y además se convirtió en un destacado narrador. Lo cierto es que el estilo y la temática de la primera novela que publicó, con el nombre de B. Traven, concuerdan con su supuesta ideología anarquista.

"La nave de los muertos, reeditada por Acantilado con traducción de Roberto Bravo de la Varga, es un duro alegato contra los burócratas, los políticos, los nacionalistas..."

La nave de los muertos, reeditada por Acantilado con traducción de Roberto Bravo de la Varga, es un duro alegato contra los burócratas, los políticos, los nacionalistas, los militares, etc., envuelto en una soberbia y emocionante aventura épica protagonizada por Gerard Gales, paradigma de los fracasados, que afronta su tremenda peripecia vital con admirable y libérrima gallardía. Se trata de un marinero que pierde su barco en Amberes por culpa de una borrachera y queda abandonado, solo, sin dinero ni documentos. Sin sus papeles se convierte de repente en un “no existente” para las instancias oficiales, condenado a vagar por diversos países, acosado, encarcelado y al final expulsado de todas partes. Hasta que consigue embarcar en el Yorikke, la nave los muertos, un desvencijado vapor mercante cuya tripulación se compone precisamente de “sin papeles”, oficialmente muertos en vida, condenados a navegar de puerto en puerto sin posibilidad de desembarcar. La nave de los muertos es un relato que deberían leer obligatoriamente muchos de los políticos de nuestro tiempo, marcado de nuevo por el rechazo a la inmigración y la lacra de la xenofobia.

Pero la novela más conocida de Traven no es otra que El tesoro de Sierra Madre (también reeditada por Acantilado), pues en ella se basó la película del mismo título dirigida por John Huston en 1947, protagonizada por Humphrey Bogart. Cuando Huston comenzó los preparativos del rodaje, la productora Warner Brothers escribió a Traven invitándole a trasladarse a Hollywood para participar en la redacción del guion. Declinó la invitación sugiriendo que Huston y él se encontraran en México, donde podrían aprovechar para localizar escenarios, ya que fue una de las primeras películas americanas que se rodó íntegramente en exteriores en un país extranjero. Pero en vez de Traven compareció un tal Hal Croves, con una carta del novelista que garantizaba que podría perfectamente sustituirle, pues lo conocía todo de su obra. Efectivamente, Croves desempeñó un papel significativo en la película, no solo en la redacción del guion, sino en su rodaje. En todo ese tiempo John Huston no fue capaz de confirmar su sólida sospecha de que Croves era el propio Traven. El éxito de El tesoro de Sierra Madre fue grandísimo y catapultó la figura del novelista, que pese a ello logró preservar casi incólume su anonimato hasta el final de sus días.

"No hay mayor alegría ni satisfacción para mí que el hecho de que nadie sepa que soy escritor cuando me presentan a la gente o voy a los sitios (B. Traven)"

La película es una obra maestra, una de las muchas de John Huston, como El halcón maltés, Cayo Largo, La jungla de asfalto, La reina de África, The Misfits o La noche de la iguana. De sus tres protagonistas, Humphrey Bogart, Tim Holt y Walter Huston, padre del director, destaca especialmente este último, que recibió por su magistral papel un Globo de Oro y un Oscar al mejor actor de reparto, y al que la revista Theatre Arts, en aquel tiempo la “biblia” del arte dramático, calificó como “la interpretación más perfecta que se ha hecho en la pantalla americana”.

El “misterio” Traven tiene una sencilla explicación. La dio el propio escritor en una de las cartas conservadas de su correspondencia personal: “Todo mi misterio consiste en que odio a los columnistas, reporteros y críticos que no saben nada respecto a los libros sobre los que escriben. No hay mayor alegría ni satisfacción para mí que el hecho de que nadie sepa que soy escritor cuando me presentan a la gente o voy a los sitios… Solo así puedo decir lo que me plazca sin que algún pedante o intelectual me recuerde que un escritor de tanta reputación no debería decir tonterías”.

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