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Cabezahueca, de Óscar Gual

Cabezahueca, de Óscar Gual

Hace unos meses me escribió Román Piña, el editor de Sloper —donde yo tengo publicado mi libro Los insignes (2015)— para ofrecerme el envío de la novela Cabezahueca (2025). Tanto él como el escritor Óscar Gual (Almazora, 1976) pensaban que a mí, admirador de Philip K. Dick, me podía gustar. Acepté el envío y he leído la novela unos meses más tarde.

El comienzo de Cabezahueca es bastante llamativo. Se nos va a presentar a Rose, una de sus protagonistas, que es una exmilitar que ahora se gana la vida como combatiente de lucha libre. El primer capítulo describe un combate entre Rose y un hombre con implantes de dinosaurio; mientras se nos narran las lides del enfrentamiento, Gual nos irá aportando datos sobre el pasado de Rose y sobre el mundo futuro que su imaginación ha creado. «Rose se acostaba en el porche de la casa de su tía y disfrutaba del espectáculo», leemos en la página 15, y frases como esta nos harán pensar en una imaginería estadounidense para el pasado de los personajes, aunque, más adelante, gracias a nuevos datos, acabaremos suponiendo que la historia transcurre en España. Sobre el mundo creado, sabremos que la ciudad en la que nos encontramos es Sierpe, que yo he situado en la costa española (Comunidad Valenciana, Murcia…), pero cuya ubicación real no queda del todo definida. Cada ciudadano del nuevo mundo va acompañado de un «duende», y esta es la gran creación del libro. Un duende es una especie de muñeco de unos quince centímetros, que suele acompañar al humano sobre uno de sus hombros, y que puede tener diferentes apariencias (desde un gremlin a un ornitorrinco). Los duendes son pequeños robots, o IAs, cuya misión es aconsejar a su humano para que este siempre tome las decisiones que más le convienen; desde elegir un trabajo hasta una pareja.

"Aunque Cabezahueca es la primera novela que leo de él, este capítulo me deja claro que Gual no es un escritor primerizo o titubeante"

La novela está dividida en cuatro partes, o «actos», y cada acto en cuatro capítulos. Me ha gustado bastante este primer capítulo de Cabezahueca, titulado La última pelea. Me ha parecido que Gual era un escritor dotado y que sabía dosificar bien la información en una escena de acción (la pelea en el ring) y a la vez transmitir al lector información sobre el pasado de sus personajes y el mundo propuesto, con su propio vocabulario técnico. Quizás me ha gustado menos el uso estilístico de algunas frases hechas, como «de perdidos, al río» o «por si las moscas». En realidad, el lenguaje es creativo y, en más de un caso, se nota que Gual ha investigado sobre la realidad que nos está contando (como cuando, por ejemplo, describe una escena de submarinismo profundo), pero me ha rechinado un poco la decisión de usar este tipo de expresiones coloquiales; aunque, en realidad, habría de añadir, son fruto del uso del estilo indirecto libre, donde se reflejan —desde la tercera persona— los pensamientos de los personajes.

En definitiva, acabé el primer capítulo con una muy buena sensación. Aunque Cabezahueca es la primera novela que leo de él, este capítulo me deja claro que Gual no es un escritor primerizo o titubeante (de hecho, tiene cuatro novelas previas, publicadas en editoriales de prestigio). La filiación con Philip K. Dick, escritor por el que siento una gran admiración, me parece fuerte. Y por esto, quizás me decepcionó un tanto el segundo capítulo, porque me esperaba el desarrollo de una trama a lo Dick, una trama en la que el personaje principal (Rose), por ejemplo, empieza a ser perseguido y no sabe por qué. Sin embargo, el segundo capítulo —titulado La última sonrisa— nos presenta a nuevos personajes, y aquí sabremos, por ejemplo, que el cantante Raphael llegó a ser presidente de España a los 107 años. Como Raphael nació en 1943, alcanzaría esa edad en el año 2050; así que ahí estaría (en realidad, las fechas en las que sitúa la trama están colocadas al principio de cada acto) situada temporalmente la novela. Sabremos también que el presidente de España es llamado Campeón y padece síndrome de Down y que la presidenta de Estados Unidos es una Gwyneth Paltrow de 77 años. En un edificio gigante de Sierpe —la ciudad en la que se sitúa la acción— se encuentra la sede de Llaga Corp., una multinacional dirigida por el magnate Lluc Llaga, que pretende colonizar Marte (este detalle es muy Philip K. Dick). El logotipo y emblema de la empresa es un cerdito, que corona la azotea del edificio. Diría que después del primer gran capítulo, este segundo, con su deseo de hacerle chistes al lector español, me ha sacado un tanto de la historia, y he comprendido que no estaba ante una apretada trama de Dick, sino ante una novela posmoderna, con narración fragmentaria, múltiples hilos narrativos que puede que no acaben de cerrarse, ironía continua y descreimiento sobre lo contado, intervención del narrador en la historia con comentarios metanarrativos (por ejemplo en la página 71: «En realidad, “Hola, mundo” debiera ser el principio de esta historia, antes de la pelea de Rose»), etc.

"Aunque al principio he tenido la sensación de que la novela era un tanto deslavazada, al final he acabado pensando que su composición estaba mucho más meditada de lo que había estado suponiendo"

En el capítulo tres —El último wiski— conoceremos a Chordi Masvidal, que trabaja como guionista de las peleas de lucha libre, en las que participa Rose. Además, Chordi es hijo de un famoso exluchador, admirado por Rose. Chordi lleva una vida solitaria, revisitando culebrones antiguos, en busca de tramas para las historias de sus luchadores, acompañado de una perra. Sus vecinos de abajo son tres jóvenes metaleros que luchan contra el sistema, quizás desde una célula con intenciones terroristas, que se interroga por la verdadera naturaleza de los duendes, cuya posesión el Estado quiere hacer obligatoria para cada ciudadano: «Optimizasteis las condiciones laborales, la producción cultural y las relaciones sociales: en menos de una década la salud física y mental de la humanidad mejoró de forma drástica», nos señalará una voz, en la página 77, hablando de los duendes: la voz de Cabezahueca, en unos discursos (hablará más veces en el libro) que me han recordado a la creación de una deidad en libros como Ubik, de Philip K. Dick, referencia real de esta novela de Gual.

En las cuatro partes de la novela se producen saltos temporales (2050, 2053, 2055 y 2056), y los personajes principales sufrirán cambios vitales significativos de una parte a otra. Aunque al principio he tenido la sensación de que la novela era un tanto deslavazada, al final he acabado pensando que su composición estaba mucho más meditada de lo que había estado suponiendo. Sí que existe una trama, aunque no tan cerrada como las de Philip K. Dick, y sí que existen unos personajes principales que, aunque al principio se nos presentan por separado, se acaban conociendo e interactuando. En alguno de los capítulos se incluían pequeñas historias, que más que relatos eran resúmenes de novelas (que serían los guiones que estaba escribiendo Chordi), y este ha sido un recurso narrativo que me ha gustado bastante (me ha parecido muy a lo «Roberto Bolaño»), sobre todo por la riqueza de sus detalles que, como ya apunté, en gran parte mantienen un imaginario estadounidense.

Pese a algún pequeño defecto, que ya he comentado, considero que Óscar Gual ha creado una novela de ciencia ficción sólida y atractiva, reflexionando (como suele hacer la buena ciencia ficción) sobre los miedos del presente; en este caso, el miedo tecnológico al avance de la inteligencia artificial y la pérdida del libre albedrío de los humanos.

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