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Cartas de la ardilla a la hormiga: Piezas de equilibrio

Cartas de la ardilla a la hormiga: Piezas de equilibrio

Las cartas que escriben los animales que protagonizan este libro de Toon Tellegen (la ardilla, el grillo, el gorrión, la hormiga, el elefante…) suscitan perplejidad. Pero no una perplejidad grave, molesta, sino liviana y risueña; una perplejidad melancólica. Son cartas que lleva el viento, cartas que nacen del puro deseo de escribir y de la necesidad vital de compañía; cartas para encontrar el equilibrio. Quizás sea este el tema de la novela epistolar escrita por Tellegen: el equilibrio.

A diferencia de otras obras del género, no se trata de cartas sentimentales ni didácticas, y los corresponsales no se ordenan de forma lineal, sino en un alegre desconcierto. Las cartas vienen y van, algunos personajes se repiten, otros aparecen y ya no sabemos más de ellos. Este desconcierto propicia situaciones humorísticas, absurdas, pero sobre todo propicia un ritmo inesperado, muy abierto. No hay fábula en esta novela, lo que hay es una lección sobre la comunicación y el equilibrio.

Muchos de los personajes se encuentran en situaciones de soledad o angustia: aislados, desesperados, consumidos por la obsesión o la vergüenza (el cuervo pesimista, el topo solitario, el pulgón acomplejado, el pingüino agónico, el elefante que no puede dejar de trepar…). Algunos desean huir, tienen impulsos incontrolados, confiesan haber “tocado fondo”.

"Las cartas de los protagonistas de Tellegen muestran la posibilidad de construir sobre la realidad, de crear espacios de relación nueva con el mundo"

Sobre ese cuadro de soledad, Tellegen construye su lección acerca del equilibrio y las cartas. Son ellas, como imagen de la comunicación, las que salvan a los individuos, las que cubren las distancias y ofrecen abrigo en medio de las inclemencias del tiempo (en el libro abundan los meteoros hostiles: lluvia, nieve, noche fría). Sobre el desasosiego se construye una imagen de esperanza en la escritura epistolar: las cartas encarnan anhelos, nacen del deseo de compañía. El mundo se presenta como un lugar complejo, misterioso. “Nunca entenderé nada”, le dice en un momento dado el elefante a la ardilla. “No me extraña”, responderá esta. Son esa complejidad y ese misterio los que refuerzan la necesidad de la escritura, que se presenta como un poder transformador. Las cartas de los protagonistas de Tellegen muestran la posibilidad de construir sobre la realidad, de crear espacios de relación nueva con el mundo (“se le puede escribir una carta a quien te parezca, incluso a la lluvia, o a una ola de calor, o a la noche”).

Es la hormiga quien, al descubrir el germen de fabulación presente en el acto de escritura (escribe cartas con recuerdos inventados) ofrece una de las claves de este libro escrito por Tellegen y dibujado por Axel Scheffler: “En realidad —dice de sus cartas ficticias— es como un libro. Así es para todo el mundo”. Y acto seguido arroja sus cartas al aire. Ya se dijo que en esta novela las cartas viajan por el aire, a merced del viento, que sopla donde quiere. La última de estas misivas es una carta colectiva, escrita por los animales al sol en la última noche del año. La respuesta llega en forma de rayo que anuncia la llegada de un tiempo mejor, de una primavera para la fiesta y el regocijo de todos.

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Autor: Toon Tellegen. Ilustrador: Alex Scheffler. Traductora: Heilette Van Ree. Título: Cartas de la ardilla a la hormiga. Editorial: Blackie Books. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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