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Cristina Sánchez-Andrade: «Lo bonito de la nostalgia es su componente efímero»

Cristina Sánchez-Andrade: «Lo bonito de la nostalgia es su componente efímero»

Foto: Carlos Porras.

El martes 1 de marzo se presenta en el Ateneo de Madrid la novela más reciente de la escritora Cristina Sánchez-Andrade: La nostalgia de la Mujer Anfibio. Cuenta la historia de Lucha Amorodio, una mujer que arrastra un recuerdo toda su vida en la Galicia de mujeres de mar y cebolla, como explica la propia autora.

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—¿Por qué la Mujer Anfibio, con mayúsculas? ¿Fue una decisión meditada? ¿Qué relevancia adquiere el personaje al otorgarle un nombre propio?

—El que sea un nombre propio significa que Lucha es única. Única y distinta y a la vez igual a todas esas “mujeres anfibios” o mujeres de mar y cebolla gallegas. Cuando hoy en día veo a esas mujeres mayores en Galicia me fijo en sus manos ásperas por el salitre y por el trabajo con la tierra.

—El nombre real del personaje, Lucha Amorodio, también es muy sugerente.

—Sí, es un apellido que es real. Lo escuché mientras estaba escribiendo la novela y dije: «Esto es perfecto para mi personaje». Lucha vive entre los dos sentimientos (amor y odio), creo que un poco como todos en la vida.

—Carmen Martín Gaite decía que escribir es hablarle a alguien ausente. ¿A quién escribe Cristina?

—Si me preguntas por gustos literarios, en primera instancia me escribo a mí. Intento que lo que escriba sea algo que, como lectora, me guste. Pero en general es una pregunta que no me había hecho…

—¿Tus historias, y esta en concreto, nacen de recuerdos, fantasías o de una mezcla de anécdotas contadas alrededor de la lareira?

"El olfato es el sentido que más conecta con la memoria, con los recuerdos, y esta novela tiene mucho que ver con ello"

—Cuando estoy en el proceso de escritura de una novela soy como una esponja que todo lo absorbe. En este sentido, las historias vienen de todas partes: de recuerdos y de historias que me han contado, pero también, en gran parte, de lo que leo y de las vivencias que estoy teniendo mientras las escribo. Uno no puede dejar la vida aparte nunca.

—“Tufo” es una palabra muy repetida en la novela. Los olores están muy presentes. ¿El olfato es, para ti, el sentido que aporta más realidad a la ficción?

—Sin lugar a dudas. El olfato es el sentido que más conecta con la memoria, con los recuerdos, y esta novela tiene mucho que ver con ello. Pero en general todos los sentidos están muy presentes. Nada hay en el cerebro que antes no haya pasado por los sentidos. Guardamos en él, como pequeños tesoros, cientos de sabores, olores, imágenes, sonidos que de repente nos sorprenden y trasladan a otro momento. La mejor literatura está llena de ejemplos: la magdalena de Proust, el perfume de Patrick Süskind o el olor de las almendras amargas de García Márquez. Pero, para trasladar al lector este mundo sensorial, hay que hacer el esfuerzo de olvidarse de la cabeza y del cerebro y descender al estómago, al corazón, a los oídos, a la piel.

—Hablando de olores… muchos de tus relatos rezuman mar, percebes, grelos; tus libros son Galicia.

"Creo que es algo que puede llegar a ocurrir, es decir, vivir en el recuerdo o, en el caso de Lucha, en un día"

—Creo que las experiencias que vivimos en la infancia quedan en nosotros para siempre. Desde el punto de vista literario, nuestros universos se construyen con las vivencias de cuando éramos niños. Y yo tuve muchas en Galicia. Decía Ana María Matute que en la infancia vivimos de una manera total lo que después nos ocurre en el resto de la vida, y que la vida no es sino una repetición de los motivos más importantes de nuestra infancia.

—La nostalgia, la melancolía, la tristeza… pueden ser letales. De ahí la expresión “morirse de pena”. Sin embargo, la nostalgia en esta historia cumple una función muy distinta; la incertidumbre que desprende mantiene la esperanza de la protagonista. ¿La nostalgia le alarga la vida de alguna manera? (Alerta: Spoiler)

—Efectivamente. Ella se nutre de esa nostalgia, es su motivación, casi su razón de ser. Creo que es algo que puede llegar a ocurrir, es decir, vivir en el recuerdo o, en el caso de Lucha, en un día, un solo día de su vida que la marcó para siempre. Mantiene la esperanza de revivir ese momento, aunque creo que, en el fondo, le gusta más el recuerdo del náufrago inglés que el propio inglés. No llega a reencontrarse con él porque, si lo hiciera, todo el encantamiento de esa espera se disiparía. A través del recuerdo, huye y se olvida de lo que le resulta poco llevadero en su existencia.

—Los personajes de la novela son tan inverosímiles y estrambóticos que solo pueden estar inspirados en personas reales. ¿Es así?

—Como en otras de mis novelas, los personajes son mitad ficción, mitad realidad. Siempre parto de algún rasgo que conozco y luego lo llevo a un extremo, por eso quizás resulten estrambóticos o esperpénticos.

—Hay humor en La nostalgia de la Mujer Anfibio. ¿Puede el humor contribuir a crear literatura seria?

"Cortázar cuenta que el humor puede ser un gran destructor pero que, al destruir, construye"

—¿Por qué no? Me resulta muy difícil escribir sin que haya algo de humor. Cuando lo he hecho, el tono acaba siendo demasiado sombrío. Lo necesito, no solo para pasármelo bien al escribir sino también para que la lectura sea más ligera. También me sirve como sátira o sutil crítica de una situación concreta (por ejemplo, en esta novela, de la religión y la mojigatería de algunos en tiempos de Franco). Cortázar cuenta que el humor puede ser un gran destructor pero que, al destruir, construye. Pone el ejemplo de un túnel: para construir un túnel hay que destruir la tierra, hay que destruir un largo pedazo haciendo un agujero que destruya todo lo que había; construimos el túnel con esa destrucción. El camino del humor funciona un poco así: echa abajo valores, pero a la vez hace saltar cosas que no vemos en la vida cotidiana.

—¿Cuán importante es la cabellera de la Mujer Anfibio? Casi es irremediable pensar en Medusa…

—El tema del pelo, el cabello humano, me parece fascinante. Todos tenemos una relación muy especial y en ocasiones perturbadora y simbólica con nuestro cabello. Algunos se lo tintan de azul, otros deciden cortárselo de golpe cuando quieren cambiar de vida… El pelo evoca los conflictos. El marido de Lucha se lo quiere cortar, y con él el deseo, por eso ella se lo impide a toda costa. Me seduce esa idea de los pájaros entrando y haciendo nido en la cabellera de Lucha. Tengo esa imagen recurrente. Es algo que también está muy presente en la mitología. Por ejemplo en Medusa, como comentas. Poseidón, excitado por el color dorado de sus cabellos, la viola. Y esta, enfurecida, transforma su cabellera en serpientes.

—¿Consciente o inconscientemente te autocensuras o disimulas, apañas o maquillas alguna historia por lo que puedan leer en tu familia y entorno?

—No. Creo que todo lo que quiero decir, lo digo.

—Sueles decir que tus historias surgen de un personaje. ¿Desde el principio visualizaste a la Mujer Anfibio —su melena, su carácter, su forma de hablar— o fue evolucionando con la historia?

—En este caso tenía claro que quería contar la relación entre una abuela y su nieta, así que ellas dos fueron la semilla. Luego todos los rasgos de cada una de ellas fueron surgiendo con la escritura. El propio proceso me lleva a tomar decisiones que la mayoría de las veces son instintivas.

—Al escribir algunos personajes se rebelan y reclaman más voz, más espacio en el relato. ¿Es el caso de Jesusa o de algún otro?

"Ahora, cuando me pasa algo bueno, siempre pienso que lo tengo que apresar de algún modo para que no se escape"

—Totalmente. Jesusa empezó a hacerse con la segunda parte de la novela. En un momento dado, tuve que sofocar la rebelión porque veía que iba a hacer sombra a Lucha y a Cristal, que eran los personajes que yo quería desarrollar. De hecho, tuve que quitar una parte muy larga, una subtrama que tiene que ver con Jesusa, porque me estaba cambiando la novela. Así es, a veces hay personajes que se te descontrolan.

—¿Tenías claro el final desde el principio?

—Sí, al menos quería dejar en la mente del lector esa sensación de incertidumbre o ambigüedad. Uno puede pensar lo que quiera.

—Desde Las lagartijas huelen a hierba hasta La nostalgia de la Mujer Anfibio han pasado muchas páginas. ¿Qué comparten tus historias?

—Todas mis novelas me han dado mucho: aprendizaje, vivencias, oportunidades de viajar y de conocer a gente. Creo que todos mis personajes o historias comparten mi esencia, mi manera de ver el mundo…

—¿De qué tiene nostalgia Cristina Sánchez-Andrade?

—De muchos instantes que no supe apreciar en el momento. Ahora, cuando me pasa algo bueno, siempre pienso que lo tengo que apresar de algún modo para que no se escape. Pero eso es lo bonito de la nostalgia: su componente efímero. Etimológicamente, nostalgia quiere decir “regreso” al “dolor”. Y esa especie de “regodeo en el dolor” también es esencial.

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La nostalgia de la Mujer Anfibio (Anagrama, 2022) se presentará en el salón de actos del Ateneo de Madrid el martes, 1 de marzo, a las 19.30h. La autora conversará con Paula Cons y Domingo Villar.

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Autora: Cristina Sánchez-Andrade. Título: La nostalgia de la Mujer Anfibio. Editorial: Anagrama. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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