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Darío Adanti: «La sátira es el género más odiado por el fascismo por su capacidad de ridiculizar al poder»

Darío Adanti: «La sátira es el género más odiado por el fascismo por su capacidad de ridiculizar al poder»

No es necesario haber trabajado con él durante diez años en la revista satírica Mongolia, como es, cualquiera que se acerque a la obra de Darío Adanti sabe que es un genio. Quedarse en su faceta como dibujante sería acotarlo demasiado: edita la revista Mongolia, conduce un curso sobre escritura humorística en la Escuela de Escritores de Madrid o protagoniza, junto a Eugenio Merino y Ana Alonso, la obra de teatro ‘Chistes contra Franco’, un recorrido histórico sobre ese subsubgénero. Sobre su cómic La ballena tatuada (Astiberri), Arturo Pérez-Reverte escribió: «La Ballena Tatuada es novela, es cómic, es libro de Historia. Es el balance portentoso de un mito, un viaje, una vida y una biblioteca». Ahora presenta con Mongolia Manual antifascista, un divertido librito satírico lleno de pullas e instrucciones para personas comprometidas con la democracia. El resto, absténganse.

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—¿Qué significa ser antifascista?

—Significa combatir activamente los discursos supremacistas y de odio que se difunden hoy con una normalidad pasmosa y que parecía imposible hace unos años.

Una de las grandes cortinas de humo de la ultraderecha es negar su condición de fascismo e introducir en el debate democrático cuestiones anticientíficas como la superioridad de la raza o el género y un revisionismo histórico que desde Mussolini, Hitler y Franco hasta hoy, es el mismo: que la nación que alguna vez fue grande, está en decadencia por culpa de un enemigo interno que puede ser el feminismo, la inmigración, el colectivo LGTBIQ+, el comunismo, etc.

Combatirlo, en términos culturales, implica ridiculizarlos con humor, datos y ciencia y no dejarlos pasar como una mera opinión. Porque no es una mera opinión, es desinformación con un objetivo claro: seducir a los incautos en medio del descontento para conseguir su apoyo y llegar al poder.

—¿Se puede combinar el antifascismo, algo muy serio, con el humor?

—Sí, sin duda, de hecho la sátira es el género más odiado por el fascismo por su capacidad de ridiculizar al poder. La sátira es opinión política sincretizada con el humor, de la misma forma que los rituales de los pueblos originarios de América se mezclaron con el cristianismo, la sátira, un celebración catártica religiosa de inversión de la pirámide social de la antigua Grecia, se mezcla con la columna de opinión de la prensa y tenemos este invento maravilloso que está entre nosotros desde ya un buen tiempo.

"A los fascistas les jode más que te rías porque lo que buscan es que te lo tomes tan en serio que te paralice el horror, y eso no lo podemos permitir"

Por su capacidad de mostrar lo ridículo de las imposturas a través de la caricatura y la exageración, permite ver el trasfondo absolutamente ridículo del autoritarismo fascista. Si te pones a pensar, El gran dictador de Chaplin o, más tarde, Amarcord de Fellini o El verdugo de Berlanga, permiten entender la estupidez que late tras el fascismo a través del humor de forma mucho más clara y amarga al mismo tiempo que si lo contaras en forma de drama. Y a los fascistas les jode más que te rías porque lo que buscan es que te lo tomes tan en serio que te paralice el horror, y eso no lo podemos permitir. Un caso típico es el del dibujante Bluff de la revista satírica valenciana La Traca y a su editor, que fueron fusilados por el franquismo por ridiculizar a Franco.

—¿Está el fascismo en el poder ya o aún hay esperanza?

—Está en el poder en la democracia más poderosa de occidente, en Estados Unidos, financiado por los actuales milmillonarios tecnológicos y regando de dinero a los movimientos de ultraderecha del resto de occidentes que le sean serviles. Por eso hay que reírse del fascismo, se llenan la boca de palabras como ‘patria’ y ‘nación’ y luego entregan felizmente los recursos nacionales y la soberanía de sus países a una potencia extranjera sólo para conservar sus chiringuitos y forrarse con el Estado… En Europa aún resistimos, dependerá de la capacidad de nuestros políticos de las izquierdas para entusiasmar a los votantes con políticas que sean realmente de izquierdas, y, lamentablemente la geopolítica es fundamental, también dependerá de lo que pase con Trump en Estados Unidos este y los próximos años.

Por eso hay que luchar activamente, no podemos permitir que las redes sociales y las redes de captación financiadas por la derecha de Estados Unidos seducen a nuestros jóvenes ante unas perspectivas nada prometedoras de futuro posibles. Hay que buscar futuros posibles que sean apetecibles de vivir y construirlos, claro. Dependemos de eso para no caer en el autoritarismo en esta narrativa apocalíptica que nos envuelve hace años y de forma nada inocente, por cierto.

—¿Qué le parece la criminalización del antifascismo? Ya es complicado hasta llevar una camiseta con ese eslogan por ahí…

—La criminalización del fascismo es parte de los recursos históricos del fascismo y su perversión del discurso: son parte de las élites con un discurso anti establishment, arruinan la nación con un discurso de exacerbación de lo nacional, son contrarios a la democracia liberal pero hablan de libertad y criminalizan al antifascismo como antidemócrata asociando democracia y libertad a fascsimo… Son sus recursos para crear una confusión de conceptos donde la discusión se hace imposible. Pero eso mismo es materia prima para la sátira, porque permite desmontarlo sin caer en su juego que es entrar a discutir cosas que no son discutibles, sobre todo porque si no está pactado el sentido de las palabras, no hay discusión posible, pero sí parodia.

"En un informe de la Fiscalía General del Estado del 2019 decía directamente que incitar al odio al colectivo de los nazis era un delito de odio"

El problema es que cuele eso de que ‘no hay nada más fascista que el antifascismo’ entre sectores liberales y progresistas, porque eso significa que su manejo perverso de los conceptos está calando en sectores contrarios a ellos. ¿Te imaginas decir que no hay nada más machista que el feminismo o que no hay nada más homófobo que el colectivo LGTBIQ+? Que pueda haber uno o dos tontos que levantan una bandera para señalar a sus fobias personales en redes es un fenómeno de las redes sociales que se suma a cierto cainísmo que históricamente ha sido la quinta columna de las izquierdas, pero eso no alcanza para dar por buena una paradoja flagrante como esa que, además, es cargarte por dos tontos, toda una historia y una tradición de resistencia antifascista europea que deberíamos enseñar en los colegios.

—Es posible que un fascista le denuncie por delito de odio al llamarle fascista, ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

—Si, es posible y ha pasado… Es tremendo, entre otras cosas tiene que ver el concepto jurídico mismo de ‘delito de odio’, difícil de delimitar para que sirva para lo que se lo ha creado que es proteger a las minorías vulnerables de los discursos de odio y no para blindar a los que propagan discursos de odio de la defensa o la crítica. Es tremendo pero es así. Hay que tener mucho cuidado con qué se protege jurídicamente y en qué términos, porque siempre habrá un abogado capaz de encontrar la ambigüedad en la redacción de la ley para darle vuelta al sentido original de esa protección jurídica. Y siempre puede haber algún juez con el sesgo ideológico necesario para dar por buena ese retorcimiento jurídico.

En un informe de la Fiscalía General del Estado del 2019 decía directamente que incitar al odio al colectivo de los nazis era un delito de odio.

El error es tomar como minoría vulnerable a un grupo que propone matar y agredir a las minorías vulnerables y considerar el odio en sí como ideología factible de ser protegida jurídicamente.

Hemos llegado hasta aquí porque la configuración de poder judicial desde la transición hasta hoy en día, sigue con inercias del franquismo que privilegiaron el acceso a la judicatura a sectores conservadores, y aunque haya ya liberales y progresistas en el poder judicial, sigue pesando mucho la tradición conservadora. Y hablamos de un conservadurismo que tiene su origen en un fascismo, el franquista, con lo que ni siquiera es un conservadurismo democrático.

—¿Cómo cree que deben reaccionar las izquierdas para contrarrestar el fascismo y la ultraderecha, en España representada por VOX?

—Creo que, lo primero, es acabar con el cainismo, con la búsqueda del traidor dentro de las propias izquierdas. Si desde las izquierdas defendemos la diversidad, ¿cómo puede ser que luego persigamos la diversidad ideológica dentro de nuestras propias filas señalándolas no como una riqueza sino como herejía?

"Estamos esperando que nos citen, tras la reapertura de la causa por ofensa a los sentimientos religiosos que había sido archivada, y que acaba de ser reabierta por la Audiencia de Barcelona agarrándose a un tecnicismo a pedido de Hazte Oír"

Después, creo que hay que ir más allá de la simple defensa contra el crecimiento de la ultraderecha. Hay que crear, desde las políticas pero también desde los relatos, y ahí entramos los que nos dedicamos a la cultura, ideas de futuros posibles que no sean apocalípticos donde el que sobrevive es el individuo armado ante la multitud de zombies. Nosotros somos los zombies, no el individuo armado. Hay que dar vuelta a las lógicas de los relatos del individualismo neoliberal.

Y a nivel políticas, que yo no soy político, pero creo que deber ser valientes y proponer políticas de repartición de la riqueza que sean efectivas, defender el Estado de Bienestar de forma radical desde las políticas y las ideas, porque hoy más que nunca es el Estado de Bienestar lo que quieren destruir los nuevos fascismos pero es el Estado de Bienestar lo único que puede salvarnos de los retos que tenemos que afrontar como las nuevas tecnologías, la crisis climática y el propicio auge del fascismo.

—Mongolia, me alegro mucho, cumple este marzo quince años y ya es una de las revistas satíricas más longevas de la historia de nuestro país, ¿se lo cree?

—Es increíble… Sobre todo porque no tenemos un monstruo editorial detrás y sobrevivimos gracias a suscriptores y lectores. Pero eso también habla de la necesidad de la sátira, no podemos permitirnos que desaparezca la sátira. Yo soy muy fan del meme, pero el meme es efímero y puede ser un boomerang, el mismo meme que sirve para ridiculizar al fascsimo puede ser usado para devolver la parodia hacia el progresismo sólo cambiando el texto de la imagen. Las revistas, en cambio, crean un contexto al chiste que obliga a una lectura ideológica que no puede ser reaprovechada.

Y otra cosa es que seguimos siendo una revista que se compra en papel, tenemos la versión digital, pero su venta es anecdótica. Eso también habla de la necesidad de muchos de preservar contextos de comunicación por fuera de lo digital, que conviven con lo digital pero no compiten sino que funcionan al margen.

—¿Cuál es el futuro judicial de Mongolia?

—Bueno, por ahora esperando que nos citen, tras la reapertura de la causa por ofensa a los sentimientos religiosos que había sido archivada, y que acaba de ser reabierta por la Audiencia de Barcelona agarrándose a un tecnicismo a pedido de Hazte Oír. Una causa que había sido archivada porque la justicia ya había determinado que nuestra portada con el belén y la caca de whatsapp del 2023 no buscaba ofender a los creyentes sino formular una opinión personal sobre lo que para nosotros representa la religión.

Por otro lado, esperando que el tribunal de la ONU de Derechos Humanos, que admitió nuestra causa contra el Gobierno de España por la condena en el caso de Ortega Cano, publique su sentencia, a ver si le da la razón a la justicia española o a nosotros.

Por otro lado, hemos hecho un crowdfunding para pasar a la ofensiva y ser nosotros los que nos querellas contra grupos ultras y como la campaña ha salido bien, nos querellaremos contra dos grupos a lo largo del año, que ya en su debido tiempo y cuando tengamos las querellas bien atadas y presentadas, lo haremos público.

Resumiendo: nos espera un futuro lleno de aventuras…

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