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De cómo el orden resurge del caos

De cómo el orden resurge del caos

Esta es una historia sobre el caos y el orden, sobre el principio y el final, sobre el éxito y el fracaso protagonizada por un director de producción que descubre que su padre ha fabricado un artefacto explosivo en el desván. Casi nada.

En este making of María Solar explica cómo escribió Las malas ideas (Contraluz).

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Mi primer suegro, que ya ha muerto, sufrió un proceso que lo llevó, tras la jubilación, a decir lo que se le antojaba a quien se le antojaba, a discrepar de lo establecido, incluso a convertirse en ateo cuando siempre había sido creyente, y de joven seminarista. No solo lo pensaba, lo decía, y disfrutaba provocando discusiones con amigos y conocidos, algunos de ellos curas. Todo ese cambio liberador lo acompañó de la lectura compulsiva de todo lo que caía en sus manos y que avalaba la defensa de sus nuevas tesis vitales.

Sin llegar a tal extremo, hace años que observo a otros jubilados desprenderse del yugo del compromiso social. Yo diría que comienza incluso antes. Es hacia los cincuenta años cuando la gente empieza a referir que ya no están “para tonterías”. Creo firmemente que uno de los deberes del escritor, como del periodista —y yo soy ambas cosas—, es observar lo cercano. En lo próximo está todo, también lo más lejano y fantástico. Con solo estar atentos, el mundo nos proporciona el más variado casting de personajes, situaciones y emociones. Por supuesto, no se trata de llevarlas tal cual a la novela, pero sí de extraerlas de lo cotidiano, exprimirlas, estirarlas, retorcerlas y convertirlas en algo diferente, pero con tintes reconocibles. Mi punto de partida al escribir Las malas ideas era reflexionar sobre el éxito laboral y la vejez, sobre esa parte de vida que damos al trabajo, las renuncias, y el balance de lo que la sociedad nos devuelve al final de la vida.

"Otra de mis decisiones previas era hacer crecer las situaciones límite y el caos que aboca a Elías a un punto de inflexión de su vida"

En todas mis novelas invierto tiempo, antes de comenzar a escribir, en trabajar psicológicamente a los personajes. En Las malas ideas fue muy necesario para situar a los protagonistas en los dos momentos vitales que he referido: uno en pleno éxito, sobre los cincuenta, y los otros en la vejez.

Por un lado, Elías, el protagonista, es un director de producción de series en la cresta de la ola. Un triunfador, adicto al trabajo, que sacrifica todo, incluso a sus parejas y los cuidados de su familia, por llevar a buen término cada producción. Un personaje que se cree imprescindible, porque a base de solventar uno tras otro los problemas de cada rodaje, ha llegado a creer que su reputación era inquebrantable. Hasta que una absurda huelga en el rodaje es el inicio de una avalancha de detonaciones en su vida que jamás se habría imaginado.

Otra de mis decisiones previas era hacer crecer las situaciones límite y el caos que aboca a Elías a un punto de inflexión de su vida. Así, a la huelga sumé la muerte de su padre en Ferrol, el regreso a la ciudad natal, el reencuentro con una familia que casi ya no trataba y una bomba en el desván que su padre estaba fabricando y que él hereda.

"Utilizar el absurdo y el humor para narrar el declive y el malestar de los ancianos en esta sociedad adanista y edadista fue un reto que desde el principio creí que podía potenciar enormemente la novela"

El personaje de Merceditas, y la cuadrilla de ancianos a la que pertenecia el padre de Elías, son el otro pilar de la trama. Unos mayores cabreados que también han dado su vida por el trabajo, que han criado hijos que en su vejez miran para otro lado, con una sociedad que los aísla, los ignora y no los respeta. La vejez es perder, día tras día, todo por lo que han luchado.

Con esas dos patas de la trama, situé a Merceditas como la persona que tiene las claves de muchas de las desgracias que le están sucediendo a Elías. Un personaje que me permitió aportar humor y ternura, al drama de su situación. Utilizar el absurdo y el humor para narrar el declive y el malestar de los ancianos en esta sociedad adanista y edadista fue un reto que desde el principio creí que podía potenciar enormemente la novela. Realmente, es una de las claves que los lectores y la crítica han destacado.

Desde esa base incluí subtramas sobre las personas migrantes sin papeles, los cuidados, las relaciones laborales y de pareja, o las traiciones en los entornos laborales, incluso sobre la práctica del bondage.

"Las malas ideas es una novela de personajes, que bebe de algunas de mis obsesiones y que he disfrutado tanto creándola que espero que el lector pueda gozarla como yo"

Mi obsesión es siempre dotar de credibilidad hasta lo más absurdo, por eso he buscado asesoramiento para muchos elementos del libro. Un experto en explosivos fue mi asesor en la creación de la bomba. Admiro su paciencia, mientras yo llamaba cada día con pintorescas dudas, cómo cuánto pesaba nuestra bomba para el traslado, o las cantidades de Goma2 para tal o cual diámetro de cráter. Igual de tiquismiquis fui con el dermatólogo que me asesoró en la cirugía de Mohs a la que se somete Merceditas, a quien acribillé a preguntas sobre los cuidados postoperatorios o el tipo de vendaje en cada momento de la curación. La Policía Nacional, dos expertos en personas migrantes sin papeles y un buen número de trabajadores de series y rodajes completaron el elenco de asesores.

Las malas ideas es una novela de personajes, que bebe de algunas de mis obsesiones y que he disfrutado tanto creándola que espero que el lector pueda gozarla como yo.

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Autora: María Solar. Título: Las malas ideas. Editorial: Contraluz. Venta: Todos tus libros.

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