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El destape literario en México

El destape literario en México

"La literatura erótica en México apenas tiene fuelle y no hay una tradición consolidada, aunque sigue habiendo escritores que persisten en cultivar el género"

Hubo un tiempo en que las librerías mexicanas se avergonzaban de exhibir obras de literatura erótica en sus estanterías, y literalmente las escondían en los lugares menos visibles. Un tiempo, hace apenas tres décadas, en que obras como Un hilito de sangre, de Eusebio Ruvalcaba, o una antología de relatos eróticos de José Agustín, o el libro Erótica: la otra orilla del deseo, de Andrés de Luna, espantaban al público y a los libreros e incluso era imposible encontrarlos en algunas cadenas de librerías. Si un relato encendía el tono y su contenido era de abierta voluptuosidad, caía sobre su distribución y venta el peso de una censura disfrazada. Por eso la literatura erótica en México apenas tiene fuelle y no hay una tradición consolidada, aunque sigue habiendo escritores que persisten en cultivar el género y lo hacen con maestría, apuntalándose como sus pilares. Es el caso del citado Andrés de Luna (Tamaulipas, 1955), quien acaba de publicar el volumen de relatos En un día claro se ve la noche (El tapiz del unicornio), una obra que sin ser estrictamente erótica, tiene como motor el deseo y sus meandros en la psicología de sus personajes, entre los que aparecen María Magdalena, Orson Welles o Mariana de Austria. Y que, ahora sí, está exhibiendo su portada de erótica belleza en las estanterías de todo tipo de librerías mexicanas con gran naturalidad y sin que nadie se lleve las manos a la cabeza al verla. Menos mal.

DESPILFARRO EDITORIAL EN LA UNAM

"Algunos editores independientes ya han mostrado su perplejidad por tamaño presupuesto y no sin razón señalan que con ese dinero harían no una gran revista mensual, sino dos al mes"

Entre las revistas culturales que instituciones públicas hacen en México, existen las privilegiadas, aquellas cuyo presupuesto permite pagar sus nóminas y los gastos de producción con desahogo. Es el caso de la Revista de la Universidad de México, cuyos doce números anuales le cuestan a la UNAM 8,6 millones de pesos (unos 344 mil euros), mientras otras publicaciones culturales, como Tierra Adentro, que elabora la Secretaría de Cultura federal, o la revista Casa del Tiempo, que publica la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), representan una inversión de entre 1.1 millones (44 mil euros) a 3.2 millones de pesos (128 mil euros) por los mismos 12 números. Eso a pesar de que Guadalupe Nettel, su directora desde febrero pasado, llegó a la publicación para ponerla en orden y reducir dispendios, como el hecho de que la revista se formaba y corregía en una oficina externa; o que el envío se realizaba a través de mensajería y se hacía a diestra y siniestra, muchas veces sin saber siquiera a quién se regalaba. Pero las buenas intenciones de Nettel no han dado frutos y el costo de producción sigue siendo el mismo. Algunos editores independientes ya han mostrado su perplejidad por tamaño presupuesto y no sin razón señalan que con ese dinero harían no una gran revista mensual, sino dos al mes, pues una publicación similar de la mejor calidad puede hacerse en México por menos de la mitad de lo que cuesta la Revista de la UNAM. Y en un momento como el actual, cuando el panorama apunta a que las revistas culturales están en vías de extinción y sus editores hacen esfuerzos heroicos por publicarlas, no estaría de más que la máxima casa de estudios mexicana se planteara una nueva política de apoyo a esos editores que han demostrado con creces cómo hay que amarrarse el cinturón del despilfarro editorial haciendo sus revistas.

ALÍ CHUMACERO, CIEN AÑOS DE UN POETA

"Se anuncia una gran conmemoración del centenario natal de Alí Chumacero, que se cumple este lunes 9 de julio"

A pesar de solo haber publicado tres libros en vida —Páramo de sueños, Imágenes desterradas y Palabras en reposo— el editor, ensayista, crítico literario y poeta nayarita Alí Chumacero (1918-2010) forma parte de las letras doradas de la literatura mexicana del siglo XX. Además de ser el autor de innumerables textos de contraportada de publicaciones del Fondo de Cultura Económica, también se convirtió, junto con Arnaldo Orfila Reynal y Joaquín Díez-Canedo, en uno de los pilares de una de las mejores épocas del sello cuando, sin nombramiento alguno, se volvió responsable en los años 50 de la colección Letras Mexicanas y estuvo detrás de la edición de autores tan importantes como Xavier Villaurrutia o Mariano Azuela. Ahora se anuncia una gran conmemoración de su centenario natal, que se cumple este lunes 9 de julio, cuya intención, me dicen, no solo es rendir homenaje a su obra, sino provocar que un mayor número de lectores se acerquen a su labor, que siempre estuvo al lado del libro. Desde esta esquina, un grano de arena es citar su gran “Poema de amorosa raíz”, que aquí dejamos a los lectores:

Antes que el viento fuera mar volcado,
que la noche se unciera su vestido de luto
y que estrellas y luna fincaran sobre el cielo
la albura de sus cuerpos.
Antes que luz, que sombra y que montaña
miraran levantarse las almas de sus cúspides;
primero que algo fuera flotando bajo el aire;
tiempo antes que el principio.
Cuando aún no nacía la esperanza
ni vagaban los ángeles en su firme blancura;
cuando el agua no estaba ni en la ciencia de Dios;
antes, antes, muy antes.
Cuando aún no había flores en las sendas
porque las sendas no eran ni las flores estaban;
cuando azul no era el cielo ni rojas las hormigas,
ya éramos tú y yo.

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