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Doble de tiempo, de Diego Muñoz Valenzuela 

Doble de tiempo, de Diego Muñoz Valenzuela 

La narrativa de orientación fantástica suele apuntar hacia varias direcciones cardinales. Una propone amoldar en lo cotidiano y lo normal fenómenos chocantes, insólitos. Y sobrevienen por ahí las vacilaciones que siente un personaje ante un hecho y que le llevan a desconfiar de si ese desconcierto o ese espanto responden a una ley natural o a pautas que se escapan de la lógica a la que nos hemos acostumbrado. Por ejemplo, un señor ya cuarentón que vive con su hermana en una casa profunda y antigua, de hace generaciones, donde empieza a repetirse un ruido impreciso y desconocido que va apoderándose de todo día a día, firmemente. Quizá es el protagonista crucial y decisivo de la historia quien titubea. Y ese personaje acaba reflejando a quienes leemos.

Puede discurrir también la narración por la alteración del curso del tiempo. Una narración, da igual el tamaño, impulsada por una brújula no siempre precisa ni bien imantada, capaz de retroceder calendarios, de tener altibajos de fechas y de poner una circunstancia encima de otra, de quedarse «boca arriba», tumbada. O incluso repetir las jornadas y superponer planos paralelos de tiempo con sus curvas y contorsiones. Contorsiones de no solo tiempo sino de escenarios. Como le pasa a ese hombre montado en una moto que atropella a una mujer y es él quien sufre heridas graves en el accidente. Entrevé cómo lo llevan a una camilla de ambulancia, luego a otra del hospital, y a la de un quirófano, entre un sopor ancestral y un soñar confuso donde un indígena huye de enemigos de otra estirpe que lo quieren atrapar para ofrecerlo como víctima de un sacrificio milenario. Huye de «la mentira infinita de ese sueño».

"Porque otro de los casos se dirige de lleno a esa incertidumbre sobre la realidad. Busca hacernos pensar"

Otra de las vetas es la duplicación del yo. Puede manifestar una identidad dividida o hasta multiplicada. Insinúa la ambigüedad entre lo oculto y lo visible, el exterior y lo de dentro, y puede llegar en ocasiones a la destrucción absoluta. O hacer un desdoblamiento de la realidad. Insinúa una situación que no se esclarece del todo.

Porque otro de los casos se dirige de lleno a esa incertidumbre sobre la realidad. Busca hacernos pensar. Dudar. Poe, maestro pionero de la narrativa breve, urdió en uno de sus cuentos la historia de alguien que usa el nombre y su apellido patronímico, «William Wilson», y se sentirá perseguido por otro al que cada vez se le parece más. Entre sus primeras palabras, estas: «La página inmaculada que tengo ante mí no debe mancharse con mi verdadero nombre».

Como comprenderá usted, estas teorías no sirven de mucho. Las teorías se tejen y viene esa noche silenciosa Penélope y deshace la tela que luego empieza con otros principios. Penélope son quienes escriben. Toda persona que crea un relato. Y lo comparte con lectores.

"El tiempo, «nuestra» lógica temporal, se comporta de manera extraña. Ese anónimo narrador sale deprisa de su casa, a última hora del día, y quiere regresar cuanto antes"

Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, Chile, 1956), ingeniero civil químico y de familia de escritores, ha publicado once volúmenes de microrrelatos, nueve novelas y varios más de cuentos. Su obra, traducida a once idiomas, destaca por adentrarse en la ciencia ficción y en relato brevísimo. Ha organizado en su país natal eventos en torno a la minificción. Y ha participado en encuentros y congresos de este género literario en Argentina, México, Colombia, Perú, Suiza… Su literatura abordó el periodo de la dictadura militar chilena.

Y es autor de este certero «Doble de tiempo», donde su rápido narrador refiere en presente lo que para él es vivir una anomalía. Da el testimonio de lo que está pasando ante él. El tiempo, «nuestra» lógica temporal, se comporta de manera extraña. Ese anónimo narrador sale deprisa de su casa, a última hora del día, y quiere regresar cuanto antes. Pero no llegará así como así. Aunque las prisas y las urgencias avivan este microrrelato desde el inicio. Quizá el apresuramiento es el causante de la anormalidad, de la perplejidad, de lo que se escapa de la vida habitual y de siempre. Un joven estudioso, Jorge Concha Quintrileo, aseguró que el cierre de algunos microrrelatos de Diego Muñoz Valenzuela no siempre contribuye a esclarecer definitivamente el fenómeno que altera los hechos cotidianos. Y por eso, esa voluntad literaria hace de quien lee «cocreador en la configuración de sentido» de la narración. El escritor busca «influir en la capacidad crítica del lector ante la realidad y ante sí mismo».

Cierto. Uno no se explica si el protagonista ha viajado al pasado, si ha creado una duplicación suya, si está atrapado en un ciclo temporal o si se trata de otra dimensión. Nos quedamos como el narrador y protagonista de ese desplazamiento del tiempo. Como si el principio estuviera a punto otra vez de empezar.

El título de «Doble de tiempo» tiene varios sentidos: no solo un alter ego o un pliegue del reloj o la coexistencia de dos momentos cronológicos o dos versiones del mismo minuto…

Y propone —parece— una consideración: precisamente quien quiere controlar el avance del tiempo, todo prisas y aceleración, llega antes de haber salido.

Las tres últimas líneas son para leerlas despacio. No solo dos veces sino varias. Con el triple de intensidad. Y tal vez tomárselo con humor. Sin mirarse la hora.

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Doble de tiempo

Salgo muy apurado de mi casa, quiero volver pronto. Veo que comienza el atardecer y más me apresuro. Corro hasta el mercado y compro con prisa, sin regatear precios ni exigir marcas. Pago y salgo a grandes zancadas con mis bolsos. Me sorprende que no sea de noche; al revés, está más claro que cuando salí. Troto hasta llegar frente a la casa. Por la ventana me veo preparándome para salir. Me siento en una banca, perplejo. Paso ante mí, corriendo, y ni siquiera me fijo en mí mismo. Desaparezco en la esquina. No sé qué hacer. ■

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Publicado en el blog del autor, http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com, el 10 de junio de 2016.

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