Hay libros que nacen de una idea y otros que nacen de una fascinación. La guerra de las galaxias: El mito renovado, de Eduardo Martínez Rico, pertenece a la segunda categoría. No es simplemente un ensayo sobre Star Wars, ni una recopilación de referencias aplicadas a una saga famosa. Es el resultado de un entusiasmo sostenido durante años, de una admiración que no se ha quedado en el aplauso de un fan, sino que ha querido entender por qué esas películas, vistas primero con asombro infantil y después con conciencia crítica, siguen ocupando un lugar tan profundo en la imaginación contemporánea. El propio Martínez Rico lo dice con claridad: “uno solo escribe un libro sobre algo que le fascina”. Y a él La guerra de las galaxias le apasiona desde niño.
Porque si algo distingue este ensayo es precisamente la pasión. Como señala William James, se conoce mejor aquello en lo que uno está vitalmente implicado. No porque el entusiasmo garantice la verdad, sino porque sin interés la realidad apenas se deja ver. Cuando alguien escribe sobre algo que le fascina o admira, no sólo siente más, sino que ve más. Se vuelve más fino para percibir matices, relaciones, detalles y diferencias que pasarían inadvertidos a una mirada indiferente. Martínez Rico está implicado en cuerpo y alma, y por eso mismo es capaz de señalar lo que muchos espectadores sintieron sin ser capaces de formularlo del todo: que debajo de las naves, los duelos y los planetas hay una arquitectura mucho más antigua, una estructura simbólica que pertenece al territorio del mito. Star Wars se revela como una actualización de los grandes relatos arquetípicos, como una reactivación de materiales muy antiguos bajo una forma nueva.
Martínez Rico nos cuenta que George Lucas no creó sólo una saga futurista. Intuyó que, pese a estar sumidos en una modernidad tecnológica, aparentemente alejada de lo heroico y lo caballeresco, seguíamos necesitando el mito. En una cultura saturada de imágenes y cada vez más desnutrida simbólicamente, Lucas recurrió a Joseph Campbell, al viaje del héroe, a la figura del elegido, al maestro, a la caída, a la prueba, a la redención, devolviendo al público algo que el público seguía necesitando sin saber nombrarlo. Martínez Rico sigue ese hilo con amplitud, reconstruyendo no sólo la lógica interna de la saga, sino también sus fuentes legendarias, religiosas, trágicas y caballerescas. Su propósito, según explica, fue precisamente profundizar en las propuestas míticas, históricas, políticas, sociales y emocionales de las películas en una clave ensayística y literaria.
Ese carácter exhaustivo del libro merece ser subrayado porque logra algo difícil: unir documentación, pasión lectora y visión de conjunto. Sánchez Vidal lo vio bien en su prólogo cuando habló de un recorrido “sostenido y documentado” que es al mismo tiempo “un apasionado testimonio en primera persona”. Añadía además que Martínez Rico reconstruye la epopeya de Lucas de modo “minucioso y entregado”, y que el libro transmite intacto el rescoldo de la aventura. No es un elogio retórico. Es una descripción precisa de lo que el lector encuentra aquí.
Uno de los aspectos más interesantes del ensayo es que entiende La guerra de las galaxias no sólo como relato heroico, sino también como tragedia. La historia de Anakin Skywalker no queda reducida a una simple conversión del bien al mal, sino que aparece como la caída de un héroe trágico, impulsado por el miedo a la pérdida, por el amor mal orientado, por la incapacidad de aceptar el límite. Esa caída encuentra su contrapunto en Luke, que hereda el mismo linaje, la misma intensidad y hasta el mismo itinerario iniciático, pero elige otra salida. Donde Anakin se hunde en el apego y la desesperación, Luke renuncia a adentrarse en la oscuridad que ese poder entraña, y es esa renuncia la que abre la posibilidad de la redención.
El paralelismo entre padre e hijo es uno de los núcleos más fértiles de la saga. Luke y Anakin no son simplemente dos protagonistas distintos: forman una unidad narrativa y mítica. El hijo no reemplaza al padre, sino que restaura lo que el padre destruyó. La misión de Luke está profundamente ligada a la de Anakin, hasta el punto de que la redención final del segundo sólo puede llegar a través de la fidelidad interior del primero. En esa operación simbólica hay algo muy antiguo: la idea de que una herencia no se recibe pasivamente, sino que debe ser salvada, incluso superada.
Además de la tragedia griega, Martínez Rico vincula la saga al mito artúrico y muestra cómo Star Wars dialoga con ambas tradiciones míticas. En el ámbito de la tragedia lo hace a través de la caída del héroe, la transmisión de la culpa, el conflicto entre generaciones y la lógica del destino. En el del mito artúrico —abordado en la entrevista con Luis Alberto de Cuenca que cierra el libro—, a través de la figura de los caballeros, la genealogía del arma sagrada, la relación entre maestro y discípulo y la búsqueda de una forma superior de legitimidad. Los jedi son, en ese sentido, una caballería del espíritu. El sable de luz no es sólo un arma futurista: es también una versión tecnológica de la espada del elegido, un objeto que legitima y consagra al héroe.
El libro posee además el atractivo de que no sólo da información sobre Lucas o sobre los mitos que alimentan la saga, sino que ilumina la experiencia misma de una generación. Martínez Rico no oculta que escribe desde dentro de esa marca generacional. Habla de las películas vistas una y otra vez, de la emoción conservada, del niño que sigue vivo dentro del estudioso. Esa mezcla de cercanía y lucidez da al ensayo una temperatura muy particular. Lo convierte no sólo en un análisis cultural, sino también en el testimonio personal de cómo una ficción puede llegar a conquistar ese espacio interior que antes ocupaban los grandes relatos, modelando la imaginación, transmitiendo una jerarquía de valores y ofreciendo al individuo un horizonte de sentido.
Por eso La guerra de las galaxias: El mito renovado no es sólo un libro para aficionados. Es una defensa implícita de algo que a menudo se olvida: que la imaginación popular, cuando toca ciertas estructuras profundas, no es culturalmente inferior. Puede ser incluso una de las formas en que una época manifiesta con mayor naturalidad sus necesidades ocultas. De una fascinación nacida en la infancia ha salido un estudio amplio, riguroso y vivo. Un libro que no se limita a comentar una obra, sino que explica por qué esa obra ha llegado a convertirse en mito para millones de personas en todo el mundo.
Aunque el libro se publicó en 2008, Martínez Rico lo escribió en 2005, en el momento en que el estreno del Episodio III parecía poner fin a la saga creada por George Lucas, mucho antes de que Disney la prolongara con nuevos episodios. Esta quinta edición tiene además algo especial: aparece en vísperas de que se cumplan cincuenta años del estreno de la primera película. Una ocasión perfecta para conmemorar no sólo el nacimiento de un triunfo cinematográfico irrepetible, sino también la publicación de un ensayo que explora la raíz mítica que sostiene su vigencia.


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