No sé vosotros, pero yo soy de papel. Mudanza tras mudanza logro salvar una caja de zapatos llena de entradas, tarjetas y trozos de periódico. No es ninguna licencia poética (el manuscrito hallado y todo eso), la caja existe, soy de ese tipo de gente: la que cree estar hecha de retales de películas, canciones y libros, atesorados o por embaular. Un collage del yo —este de dentro de la caja— más atractivo que el yo que se viste por las mañanas. Pero esa es otra historia; lo que quiero decir es que —junto con un carnet Joven y otro del Cineclub Cerbuna y columnas de Julio J. Ordovás y Michi Panero— guardo como oro en paño unos recortes de prensa que Eva Cosculluela (Zaragoza, 1972) firmó en el suplemento Artes & Letras de Heraldo de Aragón entre 2014 y 2018: una serie de perfiles de escritoras titulada “Instinto de librera” (por aquello de Los Portadores de Sueños, Premio Librería Cultural en 2012, que Eva regentó junto a Félix González).
La implicación de la periodista cultural, traductora y crítica literaria Eva Cosculluela marca buena parte de su trayectoria; desde 2019 dirige en la Universidad de Zaragoza el club de lectura feminista Sin Género de Dudas, donde las lectoras (“no ponemos mala cara cuando entra un señor” fue el titular de una entrevista —allá por los años noventa— a Pilar Laynez, de la Librería de Mujeres de Zaragoza) podemos departir con autoras como Marta Sanz, Elvira Lindo, Karina Sainz Borgo, Monika Zgustova, Pilar Adón, Edurne Portela, Lina Meruane, Corina Oproae o Lucía Solla Sobral. Pero nunca pregunto nada, miedo a hablar en público, tiene gracia.
Más pronto que tarde, Eva Cosculluela será la invitada del club Sin Género de Dudas porque está a punto de publicar su primer libro: El club de las modernas (Seix Barral), una apasionante investigación sobre el Lyceum Club de Madrid, que llega a las librerías el 29 de abril, cuando se cumplen cien años de esta asociación, una institución femenina, pionera en España, ya que fue la primera organización cultural y laica que luchó por la emancipación social e intelectual de las mujeres. “Un refugio feminista en una capital hostil”, según la hispanista Shirley Mangini, que se truncó con el estallido de la Guerra Civil.
Telefoneo a Eva y agendamos una conversación. Mi primera pregunta trata de replicar la que hace ella a las escritoras del club de lectura: ¿de dónde nace este libro?
¿Cómo y cuándo conoce a estas mujeres modernas y decide que tiene que contar su historia? “Siempre me había interesado mucho la Edad de Plata, ese primer tercio del siglo XX español, tan convulso políticamente pero muy fértil en lo creativo. En 2015 visité una exposición en Madrid sobre la Residencia de Señoritas, el equivalente femenino de la Residencia de Estudiantes, y me pregunté cómo era posible que de la Generación del 27 (Lorca, Dalí, Buñuel) supiéramos tanto pero yo nunca hubiera oído nada de una Residencia para mujeres. Ya la terminología empezaba a ponerlo en cuestión: ellos estudiantes y ellas sólo señoritas. Compré el catálogo de la exposición, comisariado por Margarita Márquez Padorno y Almudena de la Cueva, en el que hay un pequeño capítulo dedicado a la relación entre la Residencia de Señoritas y el Lyceum Club”, explica Eva.
Durante mucho tiempo, los nombres de estas mujeres han sonado de pasada en la historia, las ciencias y las artes. Apenas alguna referencia a Victoria Kent, Clara Campoamor o Zenobia Camprubí. La exposición le revelaba a un grupo más extenso de mujeres fascinantes: “se atrevieron a reclamar un espacio público y a hacer cosas en una sociedad patriarcal que las relegaba al hogar”, afirma.
El club de las modernas reivindica el legado de una generación de mujeres, en torno a la del 25, que luchó por la igualdad y reclamó su propio espacio, “defendiendo contra viento y marea su proyecto”. “Recibieron ataques en prensa por parte de la Iglesia y de la sociedad más conservadora, se les acusó de malas madres y abandonadoras”, pero “si ellas no se hubieran atrevido a dar ese paso”, prosigue, “nuestras madres y nosotras mismas lo tendríamos más difícil ahora”.
Por su afinidad con la cultura, ha posado la mirada en las vidas de María de la O Lejárraga, “escritora que firmaba como Gregorio Martínez Sierra, su marido”, y en “otras más desconocidas, como Pilar de Zubiaurre, marchante de arte que llevó la obra de sus hermanos pintores y creó la tertulia “Los sábados de Zubiaurre” (donde se reunió la intelectualidad de la época) o como Isabel Oyarzábal, periodista que fundó una revista, corresponsal en España de muchos periódicos y la primera mujer embajadora en España”.
Eva Cosculluela destaca que se trata de un grupo heterogéneo de mujeres, “de diferentes ideologías y clases sociales, unidas por una lucha justa y que antepusieron el bien común de las mujeres al suyo propio”. Un entendimiento que hoy parece difícil encontrar.
El club de las modernas nos devuelve la historia del Lyceum Club Femenino —”todo lo que consiguieron fue borrado con la Guerra Civil y los cuarenta años de oscuridad que siguieron”—, un merecido homenaje a estas mujeres que se atrevieron a cambiar la historia.
De la mano de Eva Cosculluela la vida de estas mujeres salta a las páginas de un libro para ser conocidas y reconocidas, para no ser olvidadas nunca más. Seguiré recortando periódicos.



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