Inicio > Blogs > 221B de Baker Street > El caso de Henry Staunton, a quien Holmes ayudó a que ahorcasen

El caso de Henry Staunton, a quien Holmes ayudó a que ahorcasen

El caso de Henry Staunton, a quien Holmes ayudó a que ahorcasen

Cierto día de una adelantada primavera, en el que Holmes se daba un largo paseo por el Strand, descubrió una minúscula tienda de antigüedades en cuyo escaparate había expuesta una máquina de escribir bastante usada, junto a la que figuraba la siguiente leyenda: «Máquina de escribir Remington 2 con la que Mark Twain compuso Las aventuras de Tom Sawyer. Podemos asegurar que esta novela fue la primera que se redactó totalmente utilizando este invento».

El detective no se lo pensó dos veces y decidió introducirse en el local para conocer su precio, ya que sabía que su ayudante era un gran admirador de Mark Twain y recibiría con sumo agrado el obsequio. El cristalino tintineo de una campanilla delató de inmediato su presencia en el interior del establecimiento, y un hombrecillo muy delgado, de pómulos hundidos, ojos malignos y vestido con una ajustada y raída levita, se presentó al otro lado del mostrador y le dijo:

—Yo creo conocerlo. Usted es el famoso detective Sherlock Holmes, y ha quedado gratamente sorprendido por la maravilla mecánica que expongo en el escaparate.

—Tiene usted razón —respondió Holmes—, y si llegamos a un acuerdo me quedaré con ella. Dígame su precio, y si se ajusta a mis posibilidades se la pago y le doy la dirección donde tiene que enviarla junto con una tarjeta que ahora mismo le redactaré.

—No suelo hacer tratos ni regatear un chelín —contestó el anticuario—. Pero con personajes de su talla me voy a permitir ofrecerle un trueque. Usted es un investigador famoso y tiene como ayudante a un magnífico escritor. Si lo convence para que haga una pequeña referencia a esta tienda en uno de sus relatos podemos hacer un intercambio.

"El caso es que transcurrieron las semanas y Watson no cumplía su parte de lo convenido, alegando que no encontraba el párrafo adecuado para hacer la mención de la tienda"

—El trato no me parece justo para usted, pues la máquina tiene que tener un valor muy superior a una simple reseña redactada en el Strand Magazine.

—Pero resulta que ese es mi deseo —añadió el anticuario, y acto seguido le entregó una tarjeta de visita comercial con su nombre y dirección: «Antigüedades Henry Staunton. Central Passage del Strand nº 156, London».

Una vez realizada la compra-venta mediante una permuta satisfactoria para ambas partes, Holmes decidió prolongar una hora su paseo, invitado por la bonanza del tiempo.

Al llegar, por fin, a Baker Street y acceder a sus habitaciones observó que la Remington 2 ya descansaba sobre la cómoda del vestíbulo acompañada de la tarjeta redactada cariñosamente por el detective.

El caso es que transcurrieron las semanas, y Watson no cumplía su parte de lo convenido, alegando que no encontraba el párrafo adecuado para hacer la mención de la tienda, y el detective no quería recordárselo continuamente para no incomodarle.

Una tarde, Holmes decidió darse una vuelta por la tienda de antigüedades para tratar de justificar en lo posible la actitud inexplicable de Watson y la encontró cerrada, pero a través del sucio cristal del escaparate pudo ver que Staunton sollozaba amargamente.

Al regresar a Baker Street se lo comentó muy preocupado a su amigo y Watson trató de quitarle importancia a la inquietante visión, bajo el argumento de un problema familiar.

"La Remington 2 se había puesto en marcha y el ruido intermitente de la lluvia les había impedido percibir hasta entonces su metódico y rítmico funcionamiento"

Aquella misma noche, muy desapacible por cierto, Holmes y Watson acabaron fumando tranquilamente sus pipas frente a la chimenea, a la vez que se complacían en oír el relajante tamborileo de la lluvia en las ventanas de sus habitaciones. De repente ambos se incorporaron de sus asientos, muy alterados, ya que creyeron escuchar lo que parecía ser el repiqueteo metálico de la máquina de escribir en el vestíbulo. Los dos pensaron lo mismo: la Remington 2 se había puesto en marcha y el ruido intermitente de la lluvia les había impedido percibir hasta entonces su metódico y rítmico funcionamiento. Alguien había introducido en el rodillo de goma una hoja de papel en la que se estaba imprimiendo el siguiente mensaje:

«Me llamo Julius Abergaveeny y hasta hace un año fui el socio comercial de Henry Staunton, pero una noche en la que habíamos realizado un lucrativo negocio me asesinó y enterró mi cuerpo bajo las baldosas de la trastienda, junto a la caja fuerte. Les ruego que avisen a la policía para que el crimen no quede impune. Usted, Holmes, puede consultar el Times del día 4 de abril de 1903 y me encontrará bajo el epígrafe de Desaparecidos».

El detective consultó su archivo y acto seguido avisó a Lestrade, quien se personó de inmediato en Baker Street y juntos visitaron la tienda del Strand. Consiguieron que Staunton confesara. Fue juzgado y condenado, y esta es la forma en que Holmes ayudó a que lo ahorcasen.

4.3/5 (25 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)