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La despedida

Holmes y Watson aceptaron deportivamente los comentarios de los estudiosos de sus aventuras y este pequeño revés final, provocado por la catalepsia del viejo Abrahams, fue el detonante que impulsó a Holmes para anticipar su retiro a Fulworth. Habló con la señora Hudson y con Belinda, y ambas estuvieron de acuerdo en que la fecha que fijara el detective estaría bien para ellas. Watson era de la misma opinión, pero como quería acompañarlo para situar algunas cosas en la que sería en el futuro su habitación en la casita-granja, le pidió que esperara al próximo día 2 de noviembre, si no tenía inconveniente, fecha a la que Holmes no puso ningún reparo.

Esto no era más que una añagaza de Watson, que había preparado una adecuada despedida y tenía un reservado comprometido en el Simpson’s desde hacía dos semanas. Lo cierto es que se había tomado mucho interés en que fuera una fiesta memorable. Y tenía la palabra de todos los detectives que habían colaborado con Holmes de que asistirían a la cena. Alguno de ellos hasta anuló, sin ni siquiera pensarlo dos veces, algún importante compromiso establecido con bastante antelación. Para representar a los irregulares de Baker Street decidió invitar a Wiggins y a Simpson. Cuando se enteró sir Edward Bradford, Jefe de la Policía Metropolitana, se puso de inmediato en contacto con Watson para que contara con él. Dijo que no se podía concebir esa despedida sin su presencia. Holmes para él era un mito.

"Aquella misma tarde, para quedarse despreocupado, Watson le llevó la lista solicitada a Harry y le pidió que pusiera a Lestrade y a él mismo a la izquierda y derecha de Holmes, respectivamente"

En principio se pensó en establecer mesas independientes para que hubiera una mayor intimidad en las conversaciones, pero Harry, jefe de comedor del Simpson’s, que en el pasado había formado parte del grupo de irregulares de Baker Street, logró convencer a Watson de que se montara la cena de despedida en varias mesas de mediano tamaño agrupadas, formando una grande y alargada a medida de los asistentes. En las cabeceras figurarían sir Edward Bradford y Sherlock Holmes. En lo que se refería al resto, Harry le rogó a Watson que le facilitara una lista y él encargaría a la imprenta de su padre que confeccionase tantas tarjetas como comensales se esperaban. Para ello utilizarían un excelente modelo de letra inglesa con el nombre de cada asistente y en la parte de abajo se haría constar el motivo de la celebración. Seguro que con el paso del tiempo esas tarjetas se cotizarían a muy alto precio entre los lectores del libro Algunos casos que Watson no publicó. En lo que se refiere al menú se mantendría la tradición de una abundante ración de roast beef y pudding de Yorkshire, todo ello aderezado con un par de cucharadas de salsa Worcester y para postre peras al vino y tarta de manzana con pasas. Los vinos serían de calidad y también se serviría sidra y cerveza a quienes lo demandasen.

Aquella misma tarde, para quedarse despreocupado, Watson le llevó la lista solicitada a Harry y le pidió que pusiera a Lestrade y a él mismo a la izquierda y derecha de Holmes, respectivamente. El resto se lo dejaba a su buen criterio de organizador de eventos, pero cuidando que la otra cabecera de la mesa la ocupara sir Edward. También consideró oportuno advertirle de que sirvieran al Baronet teniendo en cuenta que le faltaba su brazo izquierdo debido al feroz ataque de una tigresa en la India, y el derecho le temblaba un poco, por lo que si le servían guisantes le pusieran una cuchara. Harry tomó buena nota y lo hizo todo a plena satisfacción, puesto que estaba acostumbrado a recibir la visita de sir Edward con cierta asiduidad y de otros inspectores que lo acompañaban. Puso a su lado a Bradstreet y a Paterson. A la izquierda de Holmes, junto a Lestrade, colocó a Gregson, a Bardle, a Wiggins y a Simpson (ambos de los irregulares de Baker Street), a White Mason, a Lanner, a Gregory, a MacKinnon, a Forbes y a Martin. Y a su derecha, en el mismo lugar que ocupaba en la mesa Watson, puso a Barton, a Athelney Jones, a Alec McDonald, a Baynes, a Stanley Hopkins, a Forrester, a Anderson, a Morton y a Youghal.

"La cosa no acabo ahí, pero seguir contándolo sería violar el secreto de confidencialidad, que es un serio privilegio del que goza la policía"

La velada se prolongó hasta altas horas de la madrugada y sir Edward contó sabrosas anécdotas de su estancia en la India, jugando con unas nueces sobre la mesa. Sin duda alguna trataba de parodiar al general Feversham (Las cuatro plumas) «en sus Noches Crimeanas» y todos captaron y rieron la jugosa imitación. Al final los detectives pidieron permiso al propietario del Simpson’s para colocar una placa de plata en aquel salón que poco más o menos venía a decir que allí se reunieron a cenar, el día 28 de octubre del año 1903, Sherlock Holmes, inmejorable colaborador de Scotland Yard, y sir Edward Bradford, representando a la policía metropolitana. Luego se enumeraban a todos los asistentes a la cena. La cosa no acabo ahí, pero seguir contándolo sería violar el secreto de confidencialidad, que es un serio privilegio del que goza la policía. No obstante, deseo añadir que aquella cena pasó a denominarse «La de los 25» y fue famosa durante mucho tiempo y todavía lo sigue siendo. También es preciso añadir que unos meses antes sir Edward había sido nombrado Baronet en la lista de honores de la coronación de Eduardo VII, quien de riguroso incógnito asistió inesperadamente a la cena y al finalizar la velada grabó su nombre en la placa con un estilete y puso sus iniciales y el número 26. Esta placa desapareció misteriosamente al morir Holmes.

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