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El cuentacuentos electrónico

El cuentacuentos electrónico

Una vez arrancado el coche, la única opción es seguir adelante. Ver desfilar el paisaje mientras la mirada intenta no distraerse de la carretera. Pisar el acelerador hasta que el pasado quede a la razonable distancia que le impide ser un lastre. Poco importa cuánto dure el viaje de vuelta a casa, porque el final siempre acaba llegando.

"El pasado verano, en uno de esos obligados descansos de carretera, me encontré con una singular sorpresa en una gasolinera. Había un distribuidor de historias cortas"

Quienes vivimos lejos de nuestra tierra volvemos a ella, al menos, una vez al año. El que fuera nuestro primer hogar pasa a ser un ineludible destino de vacaciones, además de un fármaco para conservar una buena salud mental. Cuando tenemos la suerte de vivir en un país cercano el viaje se puede hacer en coche, aunque recorrer en un solo día los mil doscientos kilómetros que me separan de mi ciudad natal parezca un deporte de riesgo. Para practicarlo me sirvo de buena música: canciones que me motivan cuando la conversación decae o mis compañeros de viaje se rinden ante el sueño. Si el cansancio empieza a hacer mella, pongo la radio. La voz del locutor me distrae y la sensación de estar acompañado me devuelve la fuerza que pierdo tras cada kilómetro. Pero el sedante efecto de la autovía acaba imponiéndose y me obliga a parar, por mucho que quiera aplazar ese momento.

El pasado verano, en uno de esos obligados descansos de carretera, me encontré con una singular sorpresa en una gasolinera. Junto a la máquina de café había algo distinto: una especie de tótem que se autodenominaba “distribuidor de historias cortas” y contaba con tres simples botones para elegir el tiempo de lectura (uno, tres o cinco minutos). Al pulsar uno de ellos apareció una ristra de papel recién impreso, parecido al recibo de un supermercado, con un pequeño texto, tan efímero como útil, que leer café en mano. Como el primer minuto que elegí se me hizo corto y el aparato era gratuito, continué con las historias de tres y cinco minutos. Me tocaron tres textos de Alphonse Daudet (autor de los más célebres cuentos franceses, literatura del siglo diecinueve): dos poemas y un relato corto. Al final había una reseña de quien había pagado el invento (la empresa que explota las autovías en Francia) y una inspiradora frase que no necesita traducción: “LIRE, c’est VOYAGER; VOYAGER, c’est LIRE”, que nos recuerda que todo viaje debe ir acompañado de una buena lectura.

"Después de una pausa que se prolongó más de la cuenta, volví a la carretera con la sonrisa de quien acaba de reencontrar una perdida confianza en el futuro"

Este cuentacuentos electrónico es una gran idea de la editorial francesa Short Edition y se puede encontrar amenizando la espera en instituciones públicas y privadas del país galo, aunque empieza a extenderse en Suiza, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, China y Australia. Los textos que dispensa dependen del público al que van dirigidos y, por regla general, proceden de los nueve mil autores que publican en la editorial, especializada en la literatura corta, que define como todo lo que puede leerse en menos de veinte minutos. Una visita a su web es muy recomendable, pues su completo motor de búsqueda nos permite elegir el formato de la obra (una novela “muy muy corta”, un cómic o un poema), el tiempo de lectura (dos, siete, diez o veinte minutos) y lo que queremos sentir (escalofríos al investigar un caso criminal, vivir un romance o una aventura, cambiar de realidad…). Además, proponen textos leídos por actores, en formato podcast, para escuchar mientras nos desplazamos y no podemos sostener algo entre las manos. La filosofía de la editorial es ambiciosa, pues pretende impulsar la literatura acercándose a lectores habituales y ocasionales. Y de momento no lo hacen nada mal, ya que los formatos propuestos se adaptan muy bien a nuestra acelerada sociedad.

Después de una pausa que se prolongó más de la cuenta, volví a la carretera con la sonrisa de quien acaba de reencontrar una perdida confianza en el futuro. A pesar de estar atrapados en un mundo que nos exprime y nos roba casi todo nuestro tiempo, siempre podremos contar con unos minutos de paréntesis, que nos saquen de nuestra limitada realidad y nos recuerden que otras vidas siempre son posibles.

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