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El gol o la gambeta

Al fin me decidí. Dejé de dar vueltas, como buena boicoteadora que soy de mi destino rimbombante, y accioné. Lo hice, claro, porque el efecto de la sufriente Scaloneta no envalentonó solamente al torito Lautaro, y sí, ya sé que el tema ha quedado viejo, pero es que no pude terminar esto antes porque estuve trabajando. Yo no vivo de escribir, vejeta. Si así fuera no estaría escribiendo lo que se me da la gana sino lo que se le da la gana a mi empleador y a los morbosos lectores. Y volviendo al tema, la sufrida Scaloneta también me ha salpicado de valor con su actitud legendaria, por lo que después de muchas noches insomnes con el número de WhatsApp enfrente mío, luego de trabajar arduamente las fobias, el miedo a lograr la meta y meta video del Chopracenter, agarré mi celular y, armada de valor, marqué su número (que ante mi asombro me pasó por mail). ¿Y luego? Y luego el send del tú puedes, el send del libre albedrío, el send del “hasta la victoria siempre”.

Sucede que mientras usted papaba moscas entre penales y taquicardias yo hablé en vivo y en directo con un enorme de las letras*. ¿Entiende que uno de los escritores más talentosos del habla hispana me pasó su teléfono? (Ni le importa, ya sé). Y respondió, escuche, porque se cae redonda, respondió que no sólo me hará la recomendación sino que hablará él mismo con quien edita sus manuscritos en una de las más importantes editoriales del planeta. Estoy de cama. Aterrada porque me faltan dos cuentos y medio para llegar al número de palabras necesario, y sorprendida porque el tipo, que ha llegado a las estratosferas del éxito, aún conserva su humildad y sencillez intactas.

"¡La meta! ¡La meta es lo importante! Pues fíjese, a estas alturas yo no sé todavía si este texto es sobre los valores, la victoria o la soledad de viejo, y por supuesto debería saberlo"

¿Y quiere que le diga algo? (Hoy vamos a ir sin ironías, porque he amanecido medio Gandhi, intentando algo distinto.) La victoria no fue que me respondió el generoso best seller. La victoria fue que me animé, que di el pasito que tanto me cuesta, que hice algo diferente a lo que siempre hago, que es desistir al primer intento si no logro lo que quiero, porque nos enseñan que lo importante es ganar (aunque quieran disimular con la frase que espeta lo contrario). Nos enseñan que lo importante es escribir en el diario taquillero y no escribir a gusto; lo importante es que me lea mucha gente, ser bien pagada, ganar el premio, ser reconocida o aceptada por los reconocidos (esto último sería como viajar en segunda clase del Costa Concordia).

¡La meta! ¡La meta es lo importante! Pues fíjese, a estas alturas yo no sé todavía si este texto es sobre los valores, la victoria o la soledad de viejo, y por supuesto debería saberlo. ¡Si no, no tendría que escribirlo! ¿Entiende cómo es la cosa? Quieren el resultado, quiere una aguafuerte que le diga cosas “que valgan la pena”. Si no, sentirá usted que es tiempo perdido, y puede ser… Nunca entendí bien qué significa no perder el tiempo ¿Será acaso trabajar como momia diariamente para pagar los impuestos? Y perdón que le diga momia. La verdad es que nunca he querido mucho a nadie, por lo que tampoco me han querido mucho a mí, y así es la cosa: nadie te quiere si no te necesita y todo lo que hacemos es para ser aceptados por los demás. ¿Será por eso que buscamos el éxito? ¿Porque entonces nos querrán y alguien nos pasará el orinal, ya imposibilitados de movernos?

"Nos enseñan de chiquitos que el gol es lo que importa, que nuestra dicha depende del score, y no sé usted pero yo siempre disfruté más de la gambeta"

Y llegando al final imagino que me he quedado sola, por lo que me siento algo confusa, pues escribo lo que quiero, pero ¿quién gusta de ello?, y entonces me voy a quedar sola de vieja, y está bien. Dicen que para perder el miedo hay que enfrentarse a él. Además, si las emociones no son confusas no serían emociones. ¿Ha visto? Esto termina y no ganamos nada, no logramos victoria alguna. Con suerte me leerán unos pocos, la enorme editorial quizá no me dé ni la hora y sin embargo yo me la pasé bárbaro escribiendo este rato. ¿Acaso no se trata de pasarla lo menos peor que se pueda el asunto?

Y vamos con el epílogo, perogrullada para cerrar: nos enseñan de chiquitos que el gol es lo que importa, que nuestra dicha depende del score, y no sé usted pero yo siempre disfruté más de la gambeta.

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* El enorme de las letras, señora, léase la aguafuerte anterior, que suena espantoso el artículo femenino, pero así están las cuestiones de género en estos tiempos de confusión.

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