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El mundo más allá de los saltamontes

El mundo más allá de los saltamontes

En una conferencia intitulada «El mundo más allá de la lengua», la escritora portuguesa Lídia Jorge traza un lúcido panorama de la importancia del portugués como un idioma históricamente ligado a las expansiones mundiales. En esta charla, proferida en 2017 en el King’s College de Londres, Lídia Jorge hace un recuento de uno de los tópicos literarios más recurrentes de la literatura portuguesa: el mar. Para la ganadora del Premio FIL de Literatura en 2020, la literatura en portugués es «una lengua de mar en sus más variadas vertientes, […] como lugar de prosperidad y abundancia […] pero también en lo que ella significó de sacrificio y sentimiento de derrota, el cual se desarrolló en el pasado, atraviesa el siglo XX y llega hasta nuestros días».

La costa de los murmullos (1988), la novela más conocida de Jorge, es precisamente un libro que aborda el lado oscuro de la expansión ultramarina portuguesa: el tardío descalabro del impero colonial ocurrido en la segunda mitad del siglo XX. Publicada por primera vez en España, en 1989, una nueva traducción de La costa de los murmullos acaba de ser editada por La Umbría y la Solana (2021). Con los últimos años de la guerra colonial en Mozambique como telón de fondo, el libro se adentra en la vida de los militares portugueses en la ciudad de Beira con una mirada femenina al universo colonial en África. De la mano del personaje de Eva Lopo, Lídia Jorge crea un universo doméstico en el que la violencia soterrada en un conjunto de valores abiertamente machistas desvela las dinámicas políticas y sociales de un periodo tan fundamental como traumático de la historia reciente de Portugal.

Una de las escenas capitales alrededor de la cual se desarrolla la trama es la de una plaga de saltamontes que capta la atención (aunque por distintos motivos) tanto de los africanos como de los colonos y militares portugueses. La nube de saltamontes (o langostas), que forma halos verdes alrededor de las farolas de la calle, es una imagen que Lídia Jorge efectivamente presenció cuando vivía en África. En la referida conferencia, la escritora vuelve sobre este episodio en estos términos:

Además, la gente había encendido hogueras a lo largo de la avenida marginal, en las cuales asaban saltamontes que luego comían mientras bailaban. […] Pero allí adentro, entre los oficiales portugueses, no era esto lo que se comentaba. Se comentaba que los salvajes comían saltamontes, y las palabras venían cargadas de repulsión. Sin embargo, en la sala de estar se comía algo que tenía la misma forma y la misma consistencia de los saltamontes, solo que era de otro color. Estábamos comiendo camarones. Esa noche entendí la razón por la cual perderíamos la guerra, por la cual tendríamos que perderla.

En La costa de los murmullos las alusiones a la invasión de ortópteros funcionan como una metáfora del incendio que consume la colonia portuguesa en pleno conflicto colonial: «Las llamas se inclinaban iluminando el suelo inundado de verdes tinieblas, y metódicamente explotaban en orden, como si se tratara de un ejército a la espera, entre plaga y plaga, de la noche de los saltamontes», podemos leer en una de las muchas ocurrencias (p. 43). Desde las entrañas del imperio ultramarino portugués, los rumores de los saltamontes (pero, también, el silencio de los camarones) resuenan en esta nueva traducción de La costa de los murmullos como un símbolo de la oscura marea que selló la agonía de uno de los últimos imperios coloniales europeos.

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Autora: Lídia Jorge. Traductor: Felipe Cammaert. Título: La costa de los murmullos. Editorial: La Umbría y la Solana. Venta: Todos tus libros, Fnac y Casa del Libro.

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