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El pasado que todavía somos

El pasado que todavía somos

Es el año 2016 y una mujer joven tiene un mal presentimiento cuando la llama su madre. A partir de ahí, en escenarios tan diferentes como Barcelona, Madrid, el cubanísimo barrio de Hialeah en Miami, el paisaje mágico de Tacoma (Washington) y, por supuesto, La Habana, vamos hacia adelante y hacia atrás, sabiendo cada vez un poquito más (y a veces un poquito menos) de la historia y las historias de El Clan, un grupo de amigos que se vio por última vez en enero de 1990, unos días antes de que la vida, la muerte y el exilio los dispersaran.

“Lo personal es político”, sí. Y la política se hace personal, se hace sangre, en las personas que viven sin querer hacer política. Como bien cuenta Patria del terrorismo, los grandes conceptos (la política, la ideología, hasta la utopía) y las grandes lacras (el hambre, la miseria) afectan a la gente pequeña, a la que solo quiere estar bien, trabajar, comer, querer.

"Luchar por la felicidad, la libertad, la educación, el amor y hasta la objetividad nunca ha sido fácil"

La historia más reciente, la del siglo XX tan lleno de guerras, revoluciones e ideales, es la que nos ha hecho como somos, cada país con sus heridas, sus cicatrices y sus traumas. Por eso, y sin juzgar a quien se queda ni a quien se va, sin juzgar sus porqués, Leonardo Padura (que se ha quedado en Cuba, en La Habana, y dice que no sabría escribir en otro lugar) cuenta la historia de unos amigos que podrían ser los suyos. Luchar por la felicidad, la libertad, la educación, el amor y hasta la objetividad nunca ha sido fácil. Y menos en minúsculas, sin grandes ideales, intentando vivir en una casa, en una calle, en una vida pequeña y plena.

Padura cuenta Cuba y cuenta algo universal: que cualquier decisión es una renuncia, y que los huecos que deja el exilio no se llenan nunca. Cuenta, también, que los amigos son una patria propia, la de los afectos, la mejor; y que los traumas se heredan —y lo sabemos muy bien los hijos y nietos de la guerra civil— como el color de los ojos, y hay que mirarlos de frente.

Todo esto contado en una narración adictiva, pintada a capas, a un ritmo lento y delicioso, y con un lenguaje que se deja influir por la diáspora estadounidense, madrileña y catalana, pero que es cubano, sabroso, extraordinario.

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Autor: Leonardo Padura. Título: Como polvo en el viento. Editorial: Tusquets Editores. Venta: Todostuslibros.

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