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El sueño de Santa Úrsula

El cuadro, misterioso, no es demasiado conocido. Tampoco su autor lo es (no aquí, no en este tiempo). Acaso sí lo es en su país, pero menos que otros que dieron fama a Venecia, como Tiziano o Tintoretto. Sin embargo, pertenece a uno de los ciclos pictóricos narrativos más deslumbrantes de la pintura veneciana y europea en su conjunto. Cuenta la leyenda de Santa Úrsula tal como la refiere Santiago de la Vorágine en su relato de las “Once Mil Vírgenes”. Una historia de martirio con promesas, viajes, petición de mano, consagración a la vida religiosa y gloria final. Úrsula es una joven princesa, casi una niña.

Los ocho cuadros restantes son grandes y majestuosos, cuadros al aire libre o en interiores oficiales abiertos a la plaza, populosos, vivos retratos de la ciudad, de emisarios, de sus gentes (la historia nada tiene que ver con Venecia, pero todo es Venecia). Este cuadro también es grande, como sus hermanos de ciclo, pero acontece en una habitación, y sólo cuenta con una presencia humana (la niña princesa) y con un ángel.

"Sin dejar de ser Venecia, todo son símbolos que cuentan la historia y hablan como hablaban antes los cuadros"

La niña duerme en la parte izquierda, el ángel ingresa por la derecha. Ha ingresado, en realidad. Uno de los aspectos fundamentales de este cuadro es que el ángel está quieto, con los pies fijos. Cuando el espectador llega al cuadro, el ángel esperaba allí. También la habitación es Venecia: la enorme cama con su altísimo dosel carmín, la alfombra, el candelabro, el escabel, la pequeña biblioteca, el perrillo a los pies, ese perrillo de tantos cuadros venecianos…

Y sin dejar de ser Venecia, todo son símbolos que cuentan la historia y hablan como hablaban antes los cuadros. Hay dos estatuillas y una es Hércules, que se transmuta en Cristo, y otra es Venus, que lo hace en María. Hay dos jarrones y uno es de mirto (la flor del amor sagrado) y otro tiene claveles (la flor del amor terrenal). A los pies de la cama hay una corona, pero el ángel trae una palma martirial. Se está anunciando una elección y un destino.

"Acaso sea la luz la que da la clave. La luz del amanecer que ingresa por la puerta del ángel y por los arcos de las ventanas y por el óculo"

A quien lo ve, este cuadro le impresiona por su espacio: una cámara de extraña armonía donde sorprenden los tamaños. La cama es altísima, el ángel parece pequeño (y ello, curiosamente, lo hace parecer más verdadero). Sin embargo todo está en su sitio, sujeto a una particular proporción. Acaso sea la luz la que da la clave. La luz del amanecer que ingresa por la puerta del ángel y por los arcos de las ventanas y por el óculo, proyectándose en la pared de la izquierda y en el techo. En esta mañana le llega a la niña el anuncio de su futuro martirio, que se abre paso y borra la noche. La luz de su futuro (veremos este mismo lecho en el lienzo de su funeral) incide en las sábanas y en el rostro plácido de Úrsula, que duerme, y seguramente sueña con este cuadro.

Una de las borlas del almohadón donde apoya su cabeza durmiente deja ver la palabra INFANTIA, que significa la pureza de la niñez y lo que no tiene palabras (in fari, el que no puede hablar). Todo acontece en el más absoluto silencio. El único movimiento corresponde a la luz, que anega el interior y también asoma por una misteriosa puerta entreabierta, el foro de esta escena y quizás la llave y último umbral simbólico de este cuadro de cuento.

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Nota con motivo del 500 aniversario de la muerte del pintor Vittore Carpaccio, autor de El sueño de Santa Úrsula 

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