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En el origen fue la mujer

En el origen fue la mujer

El pintor francés Gustave Courbet lo tenía claro: sabía cuál era el origen del mundo. En qué recodo del cuerpo humano comienza otro cuerpo humano, después la tribu, luego la civilización. Las pruebas arqueológicas están por todas partes: Japón, Turquía, Pakistán, América del Sur, Polonia, Cerdeña, Egipto, España… Caderas en hueso, en barro, en piedra. Pechos generosos, vulvas marcadas sin pudor alguno, vientres redondos y fértiles.

Las llamamos “Venus” o “diosas” sin saber muy bien por qué, y bajo ese nombre las recoge la arqueología junto a las puntas de flecha, en vitrinas secundarias que (salvo ejemplos mundialmente famosos como la de Willendorf) muchos visitantes de museos no miran. Pero la mayoría de las figuras humanas que nos legó el Paleolítico son mujeres. Y eso, durante un siglo y medio, lo ha contado a medias una disciplina arqueológica hecha por hombres empeñados en dibujar el origen del mundo a su imagen y semejanza: ellos, cazadores; ellos, talladores; ellos, artistas rupestres. Hombres golpeando hombres hasta inventar el futuro.

"Lo decisivo, lo que nos sacó adelante, no fueron las lanzas: fueron los cuidados, las manos que sostenían otras manos. El cuenco, y no la espada"

La autora vienesa Ulli Lust —consagrada con los cómics autobiográficos Hoy es el último día del resto de tu vida (2009) y Cómo traté de ser una buena persona (2017)— llevaba veinticinco años leyendo y tomando notas sobre este tema. El resultado es La mujer como lo humano (Garbuix Books, 2026), un cómic-ensayo de más de 200 páginas que se ha convertido en el primer cómic galardonado con el Premio Alemán del Libro de No Ficción y que ya ha vendido cincuenta mil ejemplares en su país.

Lust no se ha inventado nada: recoge lo que llevan décadas gritando las científicas, antropólogas, arqueólogas feministas… Lo decisivo, lo que nos sacó adelante, no fueron las lanzas: fueron los cuidados, las manos que sostenían otras manos. El cuenco, y no la espada. El homo sapiens no llegó hasta aquí por su capacidad de matar mejor que el vecino, sino por la empatía. Porque la cría humana tarda demasiados años en valerse sola y necesita que alguien la sostenga. Que toda la tribu la sostenga.

Lust se demora varios capítulos en explicar estos temas a través del ejemplo de la tribu de los joisán, el pueblo cazador-recolector del sur de África al que los genetistas siguen la pista como a una raíz viva, observando cómo distribuyen las tareas, cómo educan a sus niños, cómo ríen, cómo discuten, para imaginar a aquellos parientes nuestros del Paleolítico tardío.

"Lust no se aprovecha de la viñeta para simplificar. Al contrario: maneja un dibujo sencillo y secuencial que se entremezcla con una investigación histórica rigurosa y con citas constantes de paleontólogos, antropólogas o arqueólogos"

Después llega la última glaciación, y aquí Lust se detiene en lo que el lector esperaba: las pinturas rupestres al abrigo de una cueva. Las manos en negativo sobre la roca (muchas, hoy lo sabemos, manos de mujer), los bisontes, los caballos, las dianas pintadas en ocre… El rojo es el color que aparece una y otra vez, que tiñe los esqueletos del enterramiento ritual, que se asocia a la vida y a la muerte indistintamente. ¿Y qué pierde sangre con un ritmo lunar exacto sin morir por ello? La menstruación femenina, dibujada en estos paneles con la misma naturalidad que un bisonte o una mano abierta, uno de los grandes símbolos olvidados de nuestro origen, condenado a la vergüenza por la sociedad actual.

Ambicioso (y complejo) tema para ser abordado en forma de cómic. Lust no se aprovecha de la viñeta para simplificar. Al contrario: maneja un dibujo sencillo y secuencial que se entremezcla con una investigación histórica rigurosa y con citas constantes de paleontólogos, antropólogas o arqueólogos. Hay viñetas que son, casi literalmente, notas a pie de página dibujadas.

No es un cómic fácil. Exige al lector tiempo, atención y una curiosidad infinita. A cambio, le devuelve una forma alternativa de entender nuestros orígenes. La aventura humana, parece decirnos Lust, nunca fue cosa de un héroe masculino con lanza, sino de una comunidad que se cuidaba y en la que la mujer poseía un papel social igual de relevante.

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Autora: Ulli Lust. Título: La mujer como lo humano: Al principio de la historia. Traducción: Marta Armengol. Venta: Todos tus libros.

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