Inicio > Firmas > Periodista con botas > En Lizarlan no estamos perdidos

En Lizarlan no estamos perdidos

En Lizarlan no estamos perdidos

Desde Biriatu, un camino sigue la orilla francesa del Bidasoa cinco kilómetros hacia el sur por el camino de los contrabandistas, primero entre caseríos, huertas y prados con ovejas, luego por un bosque de robles, avellanos y acebos. El camino termina al pie del espolón rocoso de Akozpe. Allí está el caserío Lizarlan.

—Me acuerdo mucho de los niños de Lizarlan —me contó Guiguite Irazoqui, octogenaria de Biriatu—. Venían caminando todos los días una hora hasta la escuela, y otra hora de vuelta…

—Baina ez gara galduak, e! —me dijo Ixabel Oyarzabal en la puerta de aquel caserío, donde nació en 1944. “¡Pero no estamos perdidos, eh!”. El camino se acaba aquí y no llega nadie más que el cartero, algún excursionista, los gendarmes para avisar de un incendio.

"Lorem ipsum dolor..."

Lizarlan fue la última casa en la que estuvieron Jim Burch, aviador estadounidense derribado por los nazis en los Países Bajos, y Antoine d’Ursel, organizador belga de la red de evasión Comète. Con otras nueve personas que huían de la Gestapo, salieron de Lizarlan a la una de la madrugada del 24 de diciembre de 1943 y trataron de cruzar a nado el Bidasoa. Un mugalari debía llevarlos caminando en la oscuridad hasta el caserío Sarobe de Oiartzun y luego, en la siguiente noche, al taller de Aracama en el barrio donostiarra de Gros, de donde saldrían en coches hasta Gibraltar. Era una ruta habitual de evacuación de fugitivos. Pero aquella noche un grupo de guardias civiles se había apostado en la otra orilla del Bidasoa: cuando distinguieron siluetas humanas en medio del río, los frieron a tiros. Detuvieron a cinco, ilesos o heridos leves; otros dos huyeron en la oscuridad; el aviador Burch y el organizador D’Ursel desaparecieron en las aguas negras. Los nazis pescaron sus cadáveres y los tiraron en el atrio de la iglesia de Biriatu a modo de advertencia. Al día siguiente amanecieron cubiertos de flores, y los nazis, furiosos, se los llevaron. Nunca se supo adónde.

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios