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Eureka, soy padre de un libro (III): ¿Y ahora qué?

Eureka, soy padre de un libro (III): ¿Y ahora qué?

En la entrada anterior teníamos el manuscrito impoluto y la documentación preparada a falta de saber a quién enviarlos. Tendrás que decidir: ¿agente? ¿Editorial? ¿A los dos? Cuando yo empezaba, la figura del agente me resultaba muy opaca, misteriosa incluso. No sé si seré la única. No tenía muy claro cuál era su función. En cambio, ahora que lo pienso, siempre he sabido lo que es un mánager de un futbolista o el representante de los artistas, y viene a ser lo mismo, pero con muchos menos ceros de por medio.

"Será tu agente quien busque, seleccione, contacte, envíe, negocie (parte importantísima)… y tú podrás dedicarte a escribir"

Un agente es un intermediario que vela por conseguir un contrato justo para el autor y, si es bueno, por trazar una carrera literaria para su pupilo a cambio de un porcentaje sobre los beneficios. Esto implica que si el autor no vende, el agente no cobra. Tiene un interés real en que salga adelante el proyecto, en que cuaje. Los porcentajes varían, pero van del 10% al 20%. Esto también implica que si invierte mucho esfuerzo ―ergo tiempo, y a veces dinero― y no obtiene frutos a corto plazo cambiará de proyecto a una velocidad directamente proporcional al número de escritores de su cartera. Puedes firmar el contrato para una obra concreta o para llevar tu carrera literaria en conjunto.

¿Qué ventajas tiene contar con un agente? En teoría, ya no tendrás que ocuparte de nada más en el farragoso proceso de buscar editorial. Será tu agente quien busque, seleccione, contacte, envíe, negocie (parte importantísima)… y tú podrás dedicarte a escribir. Para los que no sabemos vendernos y las labores comerciales nos producen urticaria, una bendición. Pero eso es en teoría, porque la realidad es que si estás comenzando tendrás que seguir currando cada día en la promoción si quieres sacar cabeza. Las agencias clásicas no lo hacen. Y las editoriales solo invierten con los elegidos.

Algunas agentes, además, trabajan previamente tu obra colaborando en su corrección, incluso en el editing, para presentar la obra a las editoriales en perfectas condiciones de publicación y con las mayores garantías de éxito. He conocido autores a los que su agencia ha llegado a reestructurarles la obra por completo. No sé si me gustaría, pero ya digo que las hay que se emplean a fondo en ello. En las pequeñas no suele hacerse con tanta profundidad, es un tema de recursos y sus medios no dan para tanto, pero puesto que te leen y tienen tablas en el sector, sí te aportan un punto de vista muy valioso. Si tienes suerte en la elección, puede convertirse en tu consejera, amiga, paño de lágrimas ―literarias o no―, paragolpes y cómplice. La química es importante.

"Mi tercera novela, Yo que tanto te quiero, pudo publicarse en una editorial mexicana (Ediciones B México) gracias a la labor de mi agente. Yo sola no lo habría conseguido"

Tengo muchos amigos escritores que reniegan de intermediarios. Creen que no les aportan nada y que al final son ellos quienes tienen que moverse, para acabar compartiendo los beneficios. Pero un buen agente sabe en qué editoriales pueden aceptar una novela como la tuya, la mayoría tienen contactos en el extranjero y pueden colocarla fuera, algo que un autor novel sin relaciones ni experiencia no logrará, y puede ayudar a completar tu obra, a darle el toque para que sea más atractiva. Imagino que es una cuestión de dar con el adecuado. Mi tercera novela, Yo que tanto te quiero, pudo publicarse en una editorial mexicana (Ediciones B México) gracias a la labor de mi agente. Yo sola no lo habría conseguido.

¿Dónde los encuentro? En Internet, claro. Google es una fuente inagotable de información, y allí puedes encontrar, por ejemplo, la ADAL (Asociación de agentes Literarios). Es una web que reúne a un grupo de agencias entre las que se encuentran algunas de las más conocidas de España. Faltan muchas, pero las asociadas son serias ―también poco accesibles― y allí puedes encontrar enlaces a sus respectivas páginas y, en estas, sus correos electrónicos, teléfono y dirección postal. No aceptan manuscritos no solicitados ―la frase aparece en muchas de sus páginas―, luego lo primero que tendrás que conseguir es que quieran solicitarlo mediante el escrito que he comentado más arriba. Hay otras webs donde te aparecerán listados.

"Si en mes y medio o dos meses no tienes noticias, vuelve a enviarlo. Puedes hacer referencia a la posible pérdida del anterior. Y espera de nuevo, sus buzones tienen más correspondencia que el de los Reyes Magos en Navidad"

También puedes encontrarlas en las páginas de los libros. Muchos autores las nombran en los agradecimientos, y tiene la ventaja de saber si trabajan el mismo género o tipo de obra que tú quieres presentar.

Muchas agencias han cerrado su cupo de autores, por lo que es bueno mirar en sus páginas web (si las tienen) antes de enviar nada para comprobar si están abiertos a nuevas propuestas y evitar pérdidas de tiempo. También son muchas las que no contestan nada de nada. Si en mes y medio o dos meses no tienes noticias, vuelve a enviarlo. Puedes hacer referencia a la posible pérdida del anterior. Y espera de nuevo ―pero ve pensando en el siguiente destinatario―, sus buzones tienen más correspondencia que el de los Reyes Magos en Navidad. Si tampoco hay respuesta, dalo por cerrado. No hay que obcecarse. Sé ordenado y metódico, y lleva un registro de a quién, cuándo y cómo has contactado y qué les has enviado.

Las agencias grandes y de renombre no siempre son garantía de éxito o publicación. Su eficacia con un autor novato va a depender de lo pronto que obtengan resultados positivos. Estas agencias llevan escritores muy conocidos que son los que mantienen su negocio, y a un novel le dedicarán muy poco tiempo. Tras un primer esfuerzo por colocarlo, si no hay un resultado rápido, la mayoría de las veces queda olvidado en un cajón. La ventaja de estos agentes de primera fila es que tienen muchos contactos y las editoriales confían en su criterio como prescriptor. La desventaja, que eres la cola de un león con muchas cabezas y otras muchas colas que llegaron antes que tú, y es fácil caer en el olvido. La situación se vuelve desesperante, estás atado a ellos pero terminas moviendo la obra por tu cuenta, como si no tuvieras agente. Después de haber firmado, algunos se han arrepentido y otros han visto el cielo iniciando una carrera que se ha consolidado.

"Y tampoco te fíes de las agencias que cobran un tanto al mes. Cualquier agente que sea tal cobrará un porcentaje de tus beneficios (entre el 10% y el 20% es lo más común), por lo que cobrará solo si tú también cobras"

Un agente más modesto puede dedicar más tiempo a los autores, la atención suele ser más personalizada y la comunicación más fluida, aunque no tengan tanta influencia. El autor siente cerca el trabajo que se hace y eso da confianza y tranquiliza. Pero tienen menos fuerza, las posibilidades se reducen, necesitan resultados, como todos, y si tardan en llegar relegará también tu obra a la cola.

Las agencias suelen pedir que mientras ellos valoran la obra no se la ofrezcas a nadie más. Esto puede aceptarse siempre que se comprometan a dar una contestación en un plazo razonable (entre 3 y 6 meses). Y cada vez son más las que ante la avalancha de solicitudes cobran por el servicio de lectura, aunque la experiencia me dice que, cuando lo enviado interesa, no cobran. A veces puede ser una forma económica de tener un informe de lectura ―si se comprometen a darlo― que te ayude a conocer mejor los puntos fuertes y débiles de tu obra si antes no lo habías hecho, así que no lo descartes, pero tenlo claro, estás contratando otra cosa. En ese caso, que sea una agencia conocida y seria, porque han surgido algunas cuyo negocio actual es cobrar por leer a escritores ansiosos por publicar y ofrecerles humo muy bien presentado. Y tampoco te fíes de las agencias que cobran un tanto al mes. Cualquier agente que sea tal cobrará un porcentaje de tus beneficios (entre el 10% y el 20% es lo más común), por lo que cobrará solo si tú también cobras.

Importante: prepárate para recibir rechazos, con o sin justificación creíble. Muchos directamente mandan una respuesta tipo, educada, escueta y esperanzadora que te deja con la duda de si han leído o no lo que les has enviado. No está de más intentar obtener un plus, saber algo concreto sobre el rechazo para mejorar tu próximo intento. Porque habrá un próximo intento. Pero tampoco te pongas pesado ni te justifiques ni intentes comenzar una correspondencia para argumentar las bondades que no han visto a la primera. Sigue tu camino, táchalo de la lista que tienes hecha y vuelve a comenzar corrigiendo si es posible los errores que hayas podido detectar de los rechazos anteriores. Con El final del ave Fénix aprendí mucho de las agentes con las que hablé, y tengo muy buen recuerdo de todas ellas.

"En manos de tu agente estás poniendo algo precioso y vas a depender de él en todo lo relacionado con tu obra. Si no tienes ninguna referencia, búscala antes de firmar nada"

Ante estos rechazos tampoco te hundas en la miseria: autores consagradísimos y premios Nobel sufrieron rechazos de agencia y editoriales y no se rindieron. Que se lo digan a Hemingway.

Habla del tema con otros autores, no te cortes. Si son de confianza, pueden abrirte los ojos. Hoy en día han surgido nuevas agencias que aportan frescura y ganas de trabajar al autor en un panorama anquilosado, pero también algunas donde se refugian elementos sin escrúpulos. En manos de tu agente estás poniendo algo precioso y vas a depender de él en todo lo relacionado con tu obra. Si no tienes ninguna referencia, búscala antes de firmar nada. En la Red se encuentra información sobre estafadores que van cambiando de nombre. Este mundo interconectado y globalizado es un pañuelo y alguien habrá que pueda decirte algo.

Pide siempre el contrato para su lectura con tiempo para que te lo revise alguien que entienda de leyes y, si además conoce los entresijos editoriales, mejor, porque el contrato con la agencia también tiene su complejidad, sobre todo lo referente a los plazos y condiciones en que puede rescindirse y quedar libre de nuevo en caso de no ser satisfactorio el trabajo.

Una vez has firmado contrato con una editorial, las agencias tradicionales prácticamente se retiran y solo intervienen para reclamar pagos, puntualizar posibles desviaciones en los derechos reportados y otros asuntos legales. Pero las nuevas agencias, conscientes del cambio brutal que el sector está dando, están ofreciendo más valor añadido a sus autores, gracias también al menor número de ellos que gestionan, y hacen labores de agente de prensa, buscando entrevistas, presentaciones y medios para promocionar y hacer más visibles a los autores, algo imprescindible hoy en día.

"Porque, en el mundo editorial, como en cualquier otro hoy en día, lo que no se ve no existe"

Esto, que muchos creen que es labor también de las agencias, es uno de los principales chascos que se han llevado muchos noveles que han firmado con las grandes. Tras sentir cómo se quitaban un peso de encima al poderse dedicar, por fin, solo a escribir, no tardan en darse cuenta de que siguen teniendo que organizar sus presentaciones (las editoriales dedican poco o nada a la promoción de autores noveles, salvo que tengas padrinos de peso), buscarse la vida para conseguir entrevistas y, en definitiva, promocionarse para no ser invisible. Porque, en el mundo editorial, como en cualquier otro hoy en día, lo que no se ve no existe.

Con esto dejo la jungla de las agencias. Próxima parada, editoriales.