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Portada de Lugares oscuros, de Gillian Flynn

Me gustar pararme en las tiendas de libros de estaciones y aeropuertos. Son todas la misma, así que lo único relevante es ver qué destacan hoy en sus estanterías. Blue Jeans me pilla lejos por edad y por mi alergia a la cursilería, sin embargo, estoy seguro de que quienes han escrito el resto de los títulos que ocupan un lugar preferente, dedicados a la autoayuda y a guiar tus pasos hacia un éxito empresarial irremediable por muy tonto que seas, me definen como el objetivo perfecto. Van dados.

En este viaje me acompaña Gillian Flynn. En su novela Lugares oscuros la protagonista es una impostora. De niña, Libby sobrevivió al asesinato de su madre y sus hermanas, y recuerda la escena con la deficiente memoria que tenemos todos a los siete años. Libby no ha superado semejante trauma, pero da igual, una editorial le pide que escriba un libro contando cómo acabó con sus «fantasmas del pasado» y ella sigue la corriente guiada por los posibles ingresos de su mentira puesta por escrito. El personaje es como muchos de los autores que destacan en las tiendas de estaciones y aeropuertos, no ha conseguido lo que propone su título: ¡Un nuevo día! No basta con sobrevivir a los traumas de la infancia. ¡Hay que superarlos! Es irrelevante, las ventas tiran más que la verdad.

El tren llega a su destino y veo en el teléfono móvil que Miguel Ángel Santamarina, vecino de celda en Zenda al mando de La orquesta del Titanic, acaba de explicar mucho mejor que yo lo que quería contar en este texto sobre los libros de autoayuda. Lo celebro, no estoy solo en Ruritania. Tendré que leer Instrumental y seguir fiándome más de los compañeros de prisión que de los escaparates. Siempre es mejor que te ayuden otros.

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