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Francisco Umbral, el corazón del guerrero periodístico

Francisco Umbral, el corazón del guerrero periodístico

Francisco Umbral es como el cerdo, ese animal ya doméstico, antes salvaje, que forma parte de nuestra cultura y nuestro entorno. Del cerdo se aprovecha todo (y es nutritivo). De Umbral también se aprovecha todo (y es apetitoso). Lo decimos, como una celebración. Pocos escritores que triunfaban en la segunda mitad del siglo XX sobreviven mejor que Umbral, al que se le sigue recordando, al que se le sigue citando (aunque sea por “yo he venido a hablar de mi libro”) y del que se reeditan anualmente títulos suyos o libros nuevos, dada su ingente producción periodística desperdigada por periódicos y revistas, como es el caso del nuevo libro (en dos tomos y con dos títulos), que ha aparecido en la editorial Renacimiento: Yo, Umbral y El corazón y la luna, artículos publicados en Jano, Revista de Medicina y Humanidades durante tres décadas.

En el primer tomo, en edición y prólogo de Bénédicte de Buron-Bru, se recogen textos de política y sociedad y de vida privada; en el segundo, con prólogo del médico Álex Prada, artículos sobre medicina, literatura y otras artes. Leemos en una de las contraportadas: “Cuando teníamos claro dónde ubicar a Umbral, viene él y se nos presenta vestido de novedad”. Es lo que tienen los clásicos, y Umbral es un clásico, al menos periodístico.

"Umbral siempre habló de sí mismo, pero normalmente mostraba el personaje que se construyó y la gente admiraba u odiaba. En Jano se retrae a la intimidad"

La revista Jano, financiada por unos laboratorios farmacéuticos, destinada a los médicos y ocasionalmente a los pacientes de las salas de espera, fue una bendición para Francisco Umbral, por un doble motivo. Umbral padeció tuberculosis, la enfermedad de su época, como luego sería el sida y la droga, y actualmente, el cáncer. Además, era hipocondríaco, muy hipocondríaco. Trabajar en una publicación destinada a los médicos (y que se pudiera relacionar con ellos) le daba una reserva de seguridad y era ir a favor del viento, como lo era la oportunidad periodística que le brindaba Jano: artículos muy bien pagados sobre lo que quisiera y escritos con total libertad. Así que esta revista médica fue un campo de experimentación, de lirismo, de probar otros registros y de olvidarse de la actualidad a la que le ataban los periódicos para recorrer otros camino.

Por ejemplo, para hablar de sí mismo. Bueno, Umbral siempre habló de sí mismo, pero normalmente mostraba el personaje que se construyó y la gente admiraba u odiaba. En Jano se retrae a la intimidad. Nunca como en estas páginas fue Umbral tan confesional. La lástima es que aquí no están todos esos artículos, ya que Mario Lacruz, con muy buen ojo, se los requisó (sólo, los escritos entre 1971 y 1975) para formar el volumen Mis paraísos artificiales. Ha habido más artículos de Jano (Umbral, como el cerdo, era omnívoro) que han pasado alegremente a otros libros, como los que van al Diario político y sentimental y Los ángeles custodios.

A pesar de estos trasvases (vender un mismo artículo dos veces es uno de los juegos más queridos para cualquier escritor), aún quedaban centenares de artículos de Umbral olvidados en las páginas de Jano; más bien, sepultados. No es fácil acceder a la colección completa de esta revista —y de sus esfuerzos habla Bénédicte de Buron-Brun en el prólogo—, que se pasó años tratando de recopilar estas valiosas, olvidadas y recónditas crónicas que Umbral escribió periódicamente desde 1971 hasta su muerte en el 2007.

"A Francisco Umbral, sin embargo, el tiempo no lo ha oscurecido. Su obra sigue viva, sigue moviéndose, mudándose, y nos admiramos que una gran parte de sus escritos no hayan quedado desfasados"

Nos llama la atención —y celebramos— la vigencia de Francisco Umbral, tanto de sus libros (de algunos de sus libros) como de su personaje, en boca de todos, incluso de los que no vivieron su tiempo. Otros autores, que tuvieron prestigio, premios o enorme popularidad en su época, han desaparecido del panorama cultural. ¿Qué se hizo —nos preguntamos como en la elegía manriqueña— de Torrente Ballester, de Antonio Gala, de Terenci Moix, de Vázquez Montalbán, incluso de Cela y de otros autores que hace, no tanto tiempo, eran las figuras de la cultura diaria española y hoy son flor (polvo) del olvido?

La profesora francesa Bénédicte de Buron-Brun, la gran estudiosa de Umbral y quien mejor conoce su obra. Foto: J. M. Plaza

A Francisco Umbral, sin embargo, el tiempo —que tiende a ponerse amarillo en las fotografías, como bien sabía Miguel Hernández— no lo ha oscurecido. Su obra sigue viva, sigue moviéndose, mudándose, y nos admiramos que una gran parte de sus escritos no hayan quedado desfasados (aunque otros, me temo, no pasarían el triste filtro de lo hoy políticamente correcto). Hemos dicho que se están reeditando anualmente libros de Umbral, y también armándolos con todo lo que dejó, como es el caso de estos artículos recopilados.

No debemos olvidarnos, sin embargo, de que en los últimos años se han publicado numerosos libros sobre su figura (Umbral no tiene solo lectores, sino fans, y hay mucho periodista suelto). Recordemos algunos títulos que me vienen a la cabeza sin tener que levantarme a consultar: Francisco Umbral. Manual de instrucciones, de José Besteiro (también en Renacimiento); El padre falangista de Francisco Umbral, de Juan Fernández Krohn; Umbral o el contradiós, de Emilio Arnao; Francisco Umbral y la desquiciada eufonía, de Diego Vadillo López, autor que repite con otros dos breves libros; Los españoles según Umbral, de Pilar Bravo; Puro Umbral, de María Jesús Jabato; Una puta albina colgada del brazo de Francisco Umbral (ficción), de Diego Medrano, además de un documental sobre su vida y otro sobre Mortal y rosa, con motivo de su medio siglo.

"Había ido a un curso de verano a la Universidad de Santander, y allí Zamora Vicente le recomendó que leyera Las ninfas, novela que acababa de obtener el Nadal"

Esa especie de continua epifanía no sería posible sin el trabajo continuo de la Fundación Francisco Umbral, sin las publicaciones anuales de libros de Umbral en la colección Austral (hace un año lanzaron una edición muy recomendable de Mortal y Rosa con fotografías y prólogo de Santos Sanz Villanueva), y sobre todo, y muy especialmente, sin el trabajo, el entusiasmo, la dedicación minuciosa y obstinada de Bénédicte de Buron-Brun, una francesa que a los 18 años se vino a estudiar y vivir en un Madrid, que entonces pudo parecerse a una pintura de Chagall. Había ido a un curso de verano a la Universidad de Santander, y allí Zamora Vicente le recomendó que leyera Las ninfas, novela que acababa de obtener el Nadal.

Esa lectura fue un flechazo de juventud, y desde entonces —como un destino— los libros de Umbral (todos los libros) ocuparon los trabajos y los días de la joven francesita, que hizo su tesina sobre El lenguaje coloquial de Francisco Umbral, y siguió investigando para su tesis. Luego, ya desde la cátedra de la Universidad de Pau —recién jubilada— ha sido una de las máximas valedoras de Umbral en España, en Francia y —a través de una de sus discípulas— en China, en donde acaban de traducirse Lorca Mortal y rosa, título que también está en portugués e italiano, además de —seguimos con las traducciones— Las ninfas, al japonés, y Madrid 1940, al brasileño con prólogo de la infatigable Bénédicte de Buron-Brun.

Sobre Mortal y rosa —su obra más reconocida— nos dice la profesora en su libro: “Umbral, niño bastardo, huérfano de madre, tuberculoso, medio sordo, con gafas de lupa y en adelante huérfano de hijo, se derrumba (tras la muerte del niño), y solo lo mantiene apuntalado a la vida la escritura (16 libros publicados entre 1974 y 1976 y centenares de artículos)”.

"Sobra añadir que BBB, hispanista francesa, es la persona que mejor conoce en el mundo la obra de Umbral, y la única que ha leído todos sus libros y todos los inéditos que va hallando"

BBB (llamémosla así para abreviar un nombre entre literario y aristocrático) fue la organizadora de los congresos anuales sobre Umbral en su universidad, y hoy, cuarenta años después de su admiración y deslumbramiento por el trabajo del periodista y escritor, sigue investigando, en busca de nuevos rescates: porque la obra de Umbral —tan extensa— no se agota, ya que  para Umbral escribir era —y nunca mejor dicho— el pan nuestro de cada día, su manera de estar en el mundo y en la vida. De hecho, BBB ahora está trabajando —nos hemos enterado— en los artículos de Umbral publicados en Penthouse, y siempre que viaja a Madrid suele permanecer pequeñas temporadas en la casa de Majadahonda de María España (ya con 90 años), revisando entre los cientos de libros y miles de papeles, en busca de inéditos o de posibles recuperaciones.

Sobra añadir que BBB, hispanista francesa, es la persona que mejor conoce en el mundo la obra de Umbral, y la única (que se sepa) que ha leído todos sus libros y todos los inéditos que va hallando.

Además del empuje y la dedicación de la Fundación, la editorial y la hispanista francesa, si Francisco Umbral sigue siendo actual es porque su obra aún resulta muy actual. Otra cosa son sus novelas, un capítulo aparte que no interesa. Los libros de Umbral —las crónicas, las memorias, los apaños— resultan muy valiosos para conocer la sociedad española del último franquismo y, sobre todo, la Transición (murió en el año 2007); muy esclarecedores para descubrir esa sociedad que pasaba de una dictadura a una democracia y apreciar  los nuevos aires de libertad y de modernidad, que con tanto estilo, originalidad e ironía recreó.

"El propio Umbral dice que nunca ha hablado tanto de sí mismo y tan íntimo como en Jano, así que los textos de esta recopilación me llevarán inevitablemente a Mis paraísos artificiales"

En los escritos de Umbral volvemos a reconocer lo que fuimos —y a veces hemos olvidado—, por lo que soñábamos y por lo que vivíamos. Ese fondo sociológico y existencial está muy presente —siempre tamizado por un todopoderoso yo— es sus textos, que no los definiría como prosa poética (prosa poética es Ocnos o Platero y yo), sino como piezas que surgen del cruce entre el poeta, que era, y el periodista que no quiso ser y fue.

Las colaboraciones de Umbral en la revisa Jano —volvemos al principio— se cobijaron bajo diferentes secciones a lo largo de esos 36 años. Comenzó con ‘La vida en un flash’, en donde hacía una glosa muy particular —una de sus especialidades— a una fotografía de actualidad elegida. En este libro sin imágenes se han incluido los artículos en los que no era necesario la foto para entender el texto. El propio Umbral dice que nunca ha hablado tanto de sí mismo y tan íntimo como en Jano, así que los textos de esta recopilación me llevarán inevitablemente a Mis paraísos artificiales, otro libro de Umbral —tiene tantos— que me había pasado desapercibido y que Austral reeditará en breve.

"Lo único que Cortázar hizo un corte en lo fantástico y Umbral, en lo periodístico. Lo suyo no era tanto entrar en el Olimpo como ganarse bien la vida cada día"

Entre los dos centenares y medio artículos recogidos en estos dos volúmenes, hay un poco de todo, y en todos hay algo digno de admirar, releer o tener en cuenta. Ahora mismo me acuerdo de algunas de sus frases ingeniosas: “Un hombre deber tener dos mujeres: la legal y la de arte y ensayo” o tiernas: “Yo soy el espontáneo que se tiraría al ruedo para darle un beso al toro”. Y entre los artículos recuerdo bien ‘Elogio de la Transición’ (que estuvo basada en la traición unánime).

De todos modos, las crónicas que más me han sorprendido —y gustado— son las dedicadas a lo inanimado, a los objetos: desde ‘La Bicicleta’, hasta ‘La bufanda’ (mi artículo favorito) pasando por ‘El abrigo’, ‘Los zapatos’ y ‘Las Gafas’. Estos textos me han llevado —vaya usted a saber por qué— a mis tempranas lecturas de los primeros cuentos (breves) de Cortázar, los de Final de juego o Historias de cronopiosLeyéndolos, los imagino en esa línea del relato en el que partiendo de un hecho o un objeto concreto se juega hasta agotar las posibilidades; lo único que Cortázar hizo un corte en lo fantástico y Umbral, en lo periodístico. Lo suyo no era tanto entrar en el Olimpo como ganarse bien la vida cada día.

El volumen se cierra con una crónica casi premonitoria. ‘Septiembre. Epílogo’. “El mes sagrado y único es aquel en que mueres, es un septiembre eterno que marcarán los libros”. Le faltaron tres días para alcanzar ese final de juego presentido.

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