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Ganadora y finalistas del concurso de relatos #inteligencianatural

Ganadora y finalistas del concurso de relatos #inteligencianatural

Casi 1.000 relatos se han registrado en la primera edición del concurso de relatos #inteligencianaturaldotado con 2.000 euros en premios y patrocinado por Iberdrola. Desde el 2 de marzo hasta el 22 de marzo, hemos recibido historias en las que nuestros recuerdos han cobrado el protagonismo desde todas las miradas posibles.

María de la Torre Regidor, con Polytropos, ha resultado ganadora —con un premio de 1.000 €—; y Antonio Carmona Mercadé, con La luna de octubre, y Fernando Claudín di Fidio, con Nena de brétema, han sido los dos finalistas—han obtenido 500 € cada uno—.

El jurado ha estado formado por los escritores Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y Leandro Pérez. A continuación reproducimos el relato ganador y los dos finalistas.

*****

GANADOR

Título: Polytropos

Autor: María de la Torre Regidor

Piensa, Odiseo. La cueva ha sido sellada y el cíclope ha salido. Este es el momento de idear un plan. No escuches los lamentos de los hombres que no han sido devorados: céntrate en cómo salvarlos. Tú, que hiciste caer la ciudad de Ilión gracias a tus engaños tras diez largos años de combate, eres más que capaz de encontrar la solución al dilema. Pues no fueron Aquiles o Áyax el Grande los que pusieron fin al conflicto: fuiste tú. Esos héroes ganaron batallas, mas sólo tú ganaste la guerra. Piensa, Laertíada. Ellos ya no volverán a sus hogares, pero tú aún tienes una oportunidad. Sólo tienes que salir de la cueva. Allá en la playa tu barco te espera. El resto de tus hombres te aguarda con el botín obtenido de Troya. Con él regresarás a Ítaca, con el oro y las historias.

Mira la roca que bloquea la salida. ¿Acaso puedes moverla? No, tus brazos son débiles y tus fuerzas insuficientes. Prueba con ayuda de tus compañeros. ¿Tampoco? Era previsible. Polifemo es un gigante mientras que vosotros sois sólo hombres. Sin embargo, tampoco podías deshacerte de las murallas que protegían Ilión. Las defensas creadas por los dioses no son fáciles de derribar y los troyanos no pensaban ponéroslo fácil. Héroe, sólo tú sabes cuánto odiabas esa muralla. Durante diez años fue lo primero que tus ojos veían al despertar y lo último que contemplaban antes de que cayera el sol. Deseabas derribarla y arrasar con todo lo que ella guardaba. Reducirlo a cenizas y que se las llevase el viento muy lejos de ti. Sin embargo, eres mortal. Hay cosas que están fuera de tu alcance. Acepta tus límites, te ayudará a no obcecarte y así podrás examinar otras posibilidades. Los aqueos no ibais a traspasar las murallas de Troya, pero los habitantes de la ciudad entraban y salían. ¿Y si os metieran ellos? ¿Y si fueran vuestros enemigos quienes hicieran el trabajo por vosotros?
Ya regresa el cíclope, ya está de vuelta Polifemo con su rebaño. Él aparta la roca sin esfuerzo, para él no es más que abrir la puerta de su casa. ¿Acaso sabes ya cómo salir, Odiseo? Esta vez no tienes un caballo, mas llevas vino contigo. La voz del gigante suena rasposa, se ha alimentado de tus hombres, ha estado pastoreando todo el día y no ha saciado su sed. Sentirá la lengua áspera, como de lija. La bebida de

Dioniso podría aliviar su malestar.

En efecto, Polifemo bebe con ansia. El tuyo es un vino delicado, muy diferente del burdo producto de los frutos de las vides de los gigantes de un solo ojo. Le sabe a néctar y quiere más. Apura una vasija tras otra y te está agradecido: quiere saber tu nombre. Serás el último al que devore. ¿Cómo te llamas, Odiseo? ¿Cuál es el nombre con el que se te conoce, aquel que te otorgaron Anticlea y Laertes al nacer?

Nadie. El nombre es Nadie.

Muchas gracias, Nadie. Nunca te olvidaré.

Morfeo cierra el ojo de Polifemo. Que tenga dulces sueños, llenos de ovejas y carne humana. A partir de ahora, el mundo onírico será lo único que pueda contemplar, pues con una estaca atraviesas su globo ocular ayudado por tus compañeros.

El dolor vence al sueño. Un grito desgarra la noche y los demás cíclopes salen de sus grutas para ver qué le sucede a su compañero.
Polifemo, Polifemo, ¿qué sucede? Tus gritos nos han despertado.

Nadie me ha cegado. Nadie me mata con engaños.

Si nadie te ha hecho nada, no hay nada que hacer. Uno no puede luchar contra los designios de los dioses. Ahora calla y permítenos continuar descansando. Ya falta menos para que Eos la aurora asome sus dedos rosados por el firmamento.

Ay, Odiseo. Apenas puedes contener la risa al escuchar la conversación de los gigantes, pero debes permanecer en silencio. Está ciego, ni muerto ni sordo. El oído aún lo puede conducir hasta ti. Pégate contra la pared y no hagas ruido. La mañana llega, lo anuncian los pájaros de fuera. Polifemo pese a estar cegado y dolorido no puede desatender sus obligaciones. A tientas quita la puerta de la entrada y deja salir al rebaño.

Odiseo, agárrate al vellón de ese carnero. Si te sujetas de la lana de la barriga, aunque el gigante acaricie al animal no notará tu presencia. Insta a tus hombres a hacer lo mismo y salid de ahí: Ítaca ya queda cerca.

Corre, Odiseo. Has dejado atrás a Polifemo; el barco está justo delante. Sube a bordo y aléjate de ahí. Lo peor ya ha pasado, ahora puedes centrarte en volver a casa.

¿Qué haces, Odiseo? ¿Por qué te asomas por la borda? ¿Por qué gritas?

No fue Nadie quien te hirió, fue Odiseo, hijo de Laertes, rey de Ítaca, destructor de Troya.

Polifemo ruge y lanza un peñasco en tu dirección. El mar se agita, tu nave se tambalea. Tus hombres te tapan la boca, Odiseo. Pero ya es tarde y el daño está hecho. La maldición del cíclope te perseguirá, no te librarás de la ira de su padre, el Gobernante de los Mares y

Agitador de la Tierra.

Ay, Laertíada. Los aedos narrarán tus gestas por siglos pero no llegarás a Ítaca hasta dentro de diez años. ¿Vale la pena, Odiseo?

¿Volverías a hacerlo sabiendo el precio que habrás de pagar?

Sí. Una y mil veces. Tú mejor que nadie sabes que el anonimato es insatisfactorio; todo gran artista desea ser admirado por su obra.

***

FINALISTAS

Título: La luna de octubre

Autor: Antonio Carmona Mercadé

Horacio abre la compuerta de la tenada donde treinta churras y veinte cabras esperan amontonadas en la oscuridad a una nueva jornada de pastoreo. Un silbido, y a su orden, un viejo mastín blanco se despereza estirando sus patas delanteras y lo acompaña en su parsimonioso caminar. Mientras, otro perro ovejero más pequeño y nervioso, repite afanosamente la ceremonia diaria de compactar al rebaño, siguiendo los mandamientos de su amo. Las ovejas lo temen porque saben que puede morderlas, si abandonan el grupo.
Cincuenta y siete años caminando por las cañadas de la Dehesa del Monasterio de la Sierra, desde que tenía once años. Con su soledad a cuestas. Capeando viento, lluvia, niebla y frío. Aunque hoy se siente un poco más triste. El otoño le recuerda que cada vez son menos los que quedan como él, criando ganado en un mundo que se ha vuelto loco.

Al llegar a la primera loma, se detiene a leer el cielo. Parece que va a llover. Baja la mirada, arranca un hinojo y continúa su parsimonioso andar, calculando que luego pasará por la botica del pueblo, a ver si encuentra algún remedio más eficaz que el ajo y el aceite de oliva para curar a un par de ovejas con pedero en sus pezuñas. Sigue la senda y al mediodía se detiene en un lugar del prado donde florecen multitud de arbustos, observado cómo se repite la misma escena de cada día. Allí mismo, controlándolas de una ojeada mientras pastan, un par de cabras con aires más distinguidos se colocan a dos patas para alcanzar a mordisquear unos escaramujos cuyos frutos, en sus copas, las vuelven locas. Esto le hace sonreír, y chasquea un sonido con los dientes, ahuyentándolas del festín con aspavientos, pues suelen empacharse con sus bayas. Todo es parte de la misma rutina. Bendita rutina. Hasta que llega al camino que conduce al puente del río. Allí algo le llama la atención. Ve a lo lejos un vehículo detenido al margen del sendero con las luces de alarma encendidas. Quizás no sea nada, pero se queda apoyado sobre su bastón viendo cómo alguien desciende del vehículo y comienza a apuntar al cielo con un objeto. Uno de esos móviles, sin duda. Es una muchacha que se pone a dar giros, orientando la antena, a modo de baile u ofrenda a los dioses, buscando cobertura.

—¡Hola! ¡hola, buen hombre!

La que se dirige corriendo hacia Horacio es Carmela, una joven de veintipocos años, de Burgos capital, ídolo de Instagram y Tik Tok, y con más de un millón de seguidores en las redes sociales, que, por aquellas cosas de la tecnología moderna, ha elegido el camino equivocado propuesto por el GPS de su Yaris eléctrico, agotando la batería mientras hacía un directo desde la campiña. Final de trayecto.
Horacio se mantiene en silencio mientras la chica gesticula sudorosa, sin soltar su iPhone.

—¿Sabe por un casual si queda lejos Aguamediano? —Verá, soy «influencer» y… ¿sabe lo que significa? Bueno, ya veo que no. —Pues me dedico a crear contenido para las redes sociales, ya sabe, videos, reportajes para internet y eso. Y eh…, creo que me he perdido y mi coche está sin batería.

Hace un mohín de corderillo y solo consigue que Horacio levante una ceja.

—Eso queda lejos, chiquilla. Aquí no hay nada en diez kilómetros a la redonda. Bueno, estamos yo, mis cabras, el mastín y el ovejero.

—¡Madre mía! ¡No me lo puedo creer! ¿Qué voy a hacer ahora? No voy a llegar a tiempo a la rave.

—¿Y eso que es?

—Es como una concentración de gente para bailar al ritmo de la música electrónica, al aire libre. Mucho ruido. Es fantástico.

—¿Algo así como un rebaño de gente?

—Esa es buena, viniendo de usted. Pues mire no está mal la comparación, pero a usted solo le siguen unas cuantas ovejas y cabras. Imagino que debe de echar de menos la compañía. En cambio, ya ve, a mí me siguen por las redes más de un millón. De personas, no de cabras.

—¿Y las conoce a todas? Porque mis cabras son reales, puedo tocarlas. Y me acompañan siempre. Cada una tiene su nombre. Mira, ahí se acerca la Serafina.

—Bu… bueno. No. No las conozco a todas, aunque sé que están ahí. Y siguen mis consejos. Pero no nos desviemos. ¿Cómo hago para buscar ayuda? Está cayendo la tarde y empieza a hacer frío.

En estas, Horacio vuelve a mirar al cielo. Ella espera respuestas y piensa lo atrasado que está ese pastor, y cuán solo debe sentirse con tanto animal, sin otro ser humano a su lado. Por otra parte, su olfato le transmite fuertes olores y sensaciones. No hace más que oler a lana y a mierda. Un creciente asco le va inundando la pituitaria, al detectar el olor putrefacto del pedero de una de las ovejas enfermas. De pronto, Horacio sentencia:

—«La luna de octubre siete lunas cubre; y si llueve, nueve”. Va a llover, chiquilla. Viene una tormenta.

—¡Qué voy a hacer, Dios mío!

—Puedes pasar la noche en la tenada, donde descansan mis ovejas. Tranquila. Yo estaré fuera. O eso, o caminas diez kilómetros. O te quedas ahí en tu coche. Pero te advierto que hay lobos.

—¡¿Lobos?! ¡No, no, no, no…! La tenada, prefiero la tenada.

—No te preocupes, hija. Quizás mañana, cuando amanezca, veas lo valioso que es el silencio. Esta noche podrás escucharlo.
Se ha cubierto de nubes el cielo y ha llegado la tormenta. Después, ha dejado paso a un cielo estrellado. Solo dos luces dominan la dehesa, la luz de la luna, y los faros de un pequeño Toyota. Carmela cae entonces en la cuenta de que toda su tecnología la ha dejado muda ante su mundo, el digital, donde ella es la pastora que ha perdido al rebaño, donde un millón de ausentes han hecho que comprenda que la única cosa que realmente importa es saber cuándo no decir nada.

***

Título: Nena de brétema

Autor: Fernando Claudín di Fidio

El año del gran naufragio la mar se volvió vieja de golpe.
Iria tenía nueve años y el alma inquieta. Acudió junto a la madre al responso. La marea arrastró hasta ella un trozo de madera con una inscripción.
IRIS.
La Costa da Morte plantaba otro hito en su historia. 5 de noviembre, 1883. Iris de Hull, vapor de carga inglés, salido de Cardiff, destino a la India. 37 fallecidos.
Al poco tiempo el padre fue a por pulpo en su chalana y no regresó.
Iria arrastró el duelo por el acantilado.
Ella no iba a la escuela. Las letras eran cosa de niños. Las niñas contaban sardinas, amasaban pan, rezaban.
Cada tarde barría el aula. El maestro corregía exámenes, sin prestarle atención. Tenía permiso para estar presente, siempre que barriera y no preguntase.
Encontró un libro viejo, olvidado. Dentro había fechas, nombres de vientos, advertencias: “mar bravo. Nordés traidor. Mareas negras”.
El libro acabó en la mesilla de noche, junto al trozo de madera con el nombre del barco naufragado. Le enseñó el lenguaje de las palabras: a leerlas, a escribirlas. Nació su amor por los libros.
Un día las gaviotas volaron bajo. El cielo era una cúpula de plomo. Iria abrió el libro y lo conectó con las impresiones recogidas del cielo, la mar, los vientos. El presentimiento se volvió certeza.
Al caer la tarde fue a la cofradía de pescadores.
Dejó un mensaje bajo la puerta.
NON SAIADES MAÑÁ
O MAR NON VOLVE.
A la mañana siguiente la nota fue acogida con un coro de risas.
La tiraron a la basura.
El cura bendijo las dornas. Los hombres se hicieron a la mar.
A las pocas horas el aire cambió. La mar permaneció inmóvil durante un instante. Las nubes se descolgaron hasta los tejados. Las gaviotas huyeron.
El primer trueno partió el mundo. El viento entró a raudales por las calles. El cielo vomitó sus entrañas. El diluvio tronchó los árboles y borró los caminos.
La mar subía.
Al alba las casas chorreaban su terror nocturno. El suelo era un magma de barro, ramas y un perro muerto.
Las tejas habían sostenido el cielo para que la tormenta no aplastara la aldea.
Iria contuvo la respiración. Bajo el hórreo, una serpiente.
Faltaban dos barcas: Nova Iria, San Roque.
Fueron pronunciados los nombres, en voz baja, entre murmullos.
Manuel do Faro, Xacobo o Novo, Antón Freixa, Roi o Coxo, Tomasiño.
Las campanas evocaron los tañidos en memoria del Iris de Hull. Ahora los muertos no eran ingleses.
Iria fue señalada. En los corrillos del puerto la acusación corrió de boca en boca.
—A nena Iria xa o sabía.
Todos conocían la nota. Nadie recordaba las risas, de esos mismos pescadores, ahora en su atlántica sepultura.
El aviso salvador fue visto como señal de mal fario. No había que tentar la mar con palabras agoreras.
Se hizo el vacío a Iria. Cuchicheaban a su paso.
El maestro descargó en la niña su mirada de tojo seco.
—Non te quero ver máis na escola. Aquí non hai sitio para nenas que non saben cal é o seu lugar.
Iria no quería que la campana volviera a doblar a muerto. Odiaba ese tañido grave, lento. Se arrastraba en su cabeza como la serpiente que se le había aparecido bajo el hórreo.
Cuando el padre no regresó, la campana hizo tres toques. Por las mujeres hacía dos. Y por los niños, uno.
Las nuevas señales fueron claras.
El nordés, frío y seco, se cortó.
En la mar, olas grandes y espaciadas. “Se levanta en panza”, dijeron.
Aves huyendo al interior.
En el cielo, nubes bajas.
El sol y la luna ciñéndose un halo blanquecino.
Las cuerdas del tendedero, tensas y pringosas.
Le zumbaban los oídos. Presión en las sienes.
—Esta vez non vai morrer ninguén —dijo.
Nada de papeles que daban risa a los pescadores. ¡Muros!
Robó un cubo de cal usado para blanquear los muros del cementerio.
Pasó la noche escribiendo su palabra salvadora en la piel de la aldea.
QUEDAOS.
Brillaba como una luciérnaga bajo la luna.
Pedra Moura amaneció con su firma en la frente.
Hubo murmullos, ajetreos, discusiones. Los principales parlamentaron: el cura, el alcalde, el patrón mayor, el maestro.
—A nena de brétema ten razón —repetía Toñiño, el tonto del pueblo, señalando el aviso marcado con cal.
Se decidió no salir a faenar.
Unas horas después la tormenta estalló. No hubo muertos. Solo casas heridas y árboles vencidos.
Al día siguiente el maestro llamó a la niña.
—Fixeches ben, pero non escribas máis —le dijo—. Non convén que os homes crean que os manda unha nena.
Y le devolvió la escoba.
Las mujeres fueron en procesión a la playa. Iria, en cabeza. A su lado, Maruxa, la madre, orgullosa.
La niña se detuvo.
—O mar non levará máis a ninguén mentres saibamos lelo —dijo.
Escribió en la arena una palabra, en grandes caracteres.
SABEMOS.
Las mujeres hicieron un corro alrededor, agarradas de la mano.
Los pescadores adoptaron la costumbre de consultar a Iria antes de salir a faenar, si el tiempo amenazaba.
—Preguntarlle á nena de brétema —decían.
Y ella siempre acertaba en su previsión.
Tras la puesta de sol las mujeres entraron en la lonja y se sentaron en cajas de pescado. Iria levantó la tiza.
—Esta é a A —dijo.
Noche tras noche volvieron. Todas aprendían rápido, niñas, jóvenes y viejas, empezando por Maruxa.
Pasaron los años. Pedra Moura no era la aldea de antaño. Las mujeres discutían los precios, corregían, discrepaban, ofrecían soluciones. Y firmaban cartas, herencias, contratos de trabajo, reclamas, manifiestos, libros.
A historia da nena de brétema sobrevivió a sus protagonistas, contada en la lonja, en la cofradía, en el muelle, en el patio de la escuela, en la biblioteca.
Cada vez que los habitantes de aquella humilde aldea de la Costa da Morte la relataban, una neblina misteriosa parecía palpitar en el horizonte.

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basurillas
basurillas
11 ddís hace

De nuevo, en un concurso de Zenda, me gustan más los finalistas que el ganador o ganadora. Le nena es poesía en idioma dulce.

Teresa
10 ddís hace
Responder a  basurillas

La nena premia el introducir frases en gallego que, en efecto, es un idioma dulce.
Pero ¿ qué se premia en el ganador?
Los que hayan leído algo de la Iliada y la Odisea de Homero se preguntarán, como yo, qué hay de original en ese relato.
También me llama la atención que hablen de ” Ganadora y finalistas” porque , con esa moda de feminizarlo todo, se olvida que el concurso era de relatos ( género masculino) y que, mientras no se desvele quien ganó , se habla siempre del ” ganador”.
Menos mal que los finalistas no fueron dos hombres pues podrían haber sido ” finalistos”.

Lara
Lara
10 ddís hace
Responder a  Teresa

Teresa, lo correcto es, cuando se habla de personas, como en el enunciado del premio, escribir ganador. Yo soy mujer, por tanto sería ganadora, no ganador. No nos cambies el género. Así está reconocido por la RAE.
Cuando se refiere a relatos, como ocurre al escribirlos, entonces sí son ganadores.
En todo caso, no es una moda, es lenguaje inclusivo.

Amanda Itzas
Amanda Itzas
10 ddís hace
Responder a  basurillas

Basurillas, estoy de acuerdo contigo en que el relato «Nena de brétema» tiene un aliento poético que la hace destacar sobre el resto, al menos respira. Sin embargo, a mi modo de ver, los tres relatos comparten una misma pulsión por no salirse del carril, por agradar sin arañar.

La ganadora es un apunte de manual para que el jurado se sienta culto sin esfuerzo, Homero reescrito sin un solo temblor, sin la más mínima necesidad contemporánea. Y ha conseguido hacerles sentir así. El del pastor es el anuncio lacrimógeno de la España vaciada con influencer de cartón piedra, y la nena, con ser lo mejor, sigue la plantilla del cuento edificante que tan bien conocemos.

Está claro que todo está ya escrito, y eso lo sabemos quienes leemos con cierta profundidad, por lo tanto, la exigencia al autor o autora contemporáneos tendría que ser aún mayor, no menor. Entiéndaseme, no digo que la literatura amable no tenga su espacio, por supuesto, que lo tiene y bien merecido, eso sí, cuando está bien ejecutada. Pero un concurso literario, un premio, tendría que aspirar a algo más que confirmarnos en lo que ya sabemos, y debería sorprendernos, no hastiarnos de más de lo mismo.

Sinceramente, echo bastante de menos un jurado que premie no lo que ya hemos leído mil veces, sino lo que aún sorprende de verdad, perturba, lo que no se deja domesticar fácilmente, lo que abre una grieta por donde se cuela algo nuevo.

Alex Giménez
Alex Giménez
9 ddís hace
Responder a  Amanda Itzas

Aunque de haber estado yo en el lugar del jurado probablemente habría premiado Nena de brétema y cuando leí los relatos de la selección de finalistas también cuestioné la originalidad de Polytropos, creo comprender el motivo de la resolución.

Polytropos no pretende innovar ni aportar al mito: se limita a responder a la propuesta de la convocatoria. Se buscaban historias de inteligencia natural, narraciones en las que viéramos momentos de brillantez humana. ¿Y cuál es el ejemplo por antonomasia de ingenio? Odiseo.

Parece que la autora se haya planteado el concurso como un problema matemático que había que resolver y para ello no se ha limitado a volver a contar el mito que prueba la astucia del héroe, sino a exponerlo como un razonamiento. Justo lo que se buscaba.

Al final, esto era un certamen con una temática. Si hubieran convocado un premio de temática libre, ya sería más extraño que hayan galardonado un texto así, pero en el fondo Polytropos cumple a la perfección.

Amanda Itzas
Amanda Itzas
7 ddís hace
Responder a  Alex Giménez

Es bueno saber que usted también habría premiado «Nena de brétema» y que también cuestionó la originalidad de «Polytropos». Eso significa que mi crítica no iba tan desencaminada.

Ahora bien, discrepo de su argumento respecto a la temática. Precisamente porque el concurso pedía «inteligencia natural», la respuesta no tenía que haber sido la más obvia, la que está en el manual de cualquier estudiante de bachillerato. Ulises es el ejemplo por antonomasia de astucia, sí, pero eso lo sabe cualquiera. Lo difícil, lo meritorio, lo que un concurso literario debería premiar, es encontrar precisamente la inteligencia natural donde nadie la espera, en un pastor, en una niña de aldea, en alguien que no está en los mitos griegos, en un urbanita de turno o incluso en algún personaje animal. Esa habría sido la verdadera brillantez, es decir, la del autor o autora que descubre, no la que se limita a reproducir lo que ya todos sabemos desde siempre. Premiar «Polytropos» es como premiar un examen donde el alumno responde exactamente lo que el profesor quiere oír. Correcto, sí. ¿Meritorio? No tanto.

Y si opino así es porque, desde hace tiempo, he ido perdiendo la esperanza en que este tipo de certámenes, con jurados tan previsibles y tan repetidos, se arriesguen a premiar algo distinto. Que premien y reconozcan algo que no busque solo agradar, algo que no se parezca tanto a lo que ya conocemos. Si todo está ya inventado, si todo está ya escrito, ¿dónde queda entonces la originalidad? ¿No debería ser ese, precisamente, el desafío al que se enfrente quien escribe y quien juzga? Y más aún cuando la dotación económica es tan importante como para aspirar a algo que de verdad remueva, que no se limite a lo superficial ni a lo banal. Comprendo también que, estando todo ya escrito, salirse del carril sin estrellarse, sin dejar de aportar frescura y originalidad, es tarea difícil, muy difícil. Pero para eso, precisamente, está un buen jurado. Y para lo otro, francamente, no hace falta presentarse.

Y repito dejando constancia de que no hablo desde la crítica fácil, sino desde la observación atenta de llevar mucho tiempo fijándome en cómo funcionan estos concursos. Nada más.

Ana
Ana
10 ddís hace

Enhorabuena a la ganadora y los finalistas. El diálogo del segundo relato… En fin

Amanda Itzas
Amanda Itzas
10 ddís hace

Enhorabuena a los premiados porque todo esfuerzo merece reconocimiento.

Dicho esto, cuesta entender qué criterio rige las decisiones de este jurado. «Polytropos» es un ejercicio de estilo correcto, pero carente de originalidad; reescribe un pasaje de la Odisea sin añadirle una sola capa de riesgo, de extrañeza, de necesidad. ¿En serio que es esto lo mejor entre casi 1.000 relatos? ¡Uf! Los finalistas, sin ser tampoco lo que muchos esperamos, al menos intentan tener una voz propia, aunque caigan en moralejas subrayadas y emociones de consumo rápido.

Que conste y quede bien claro que no cuestiono la validez de una escritura limpia y complaciente, que también tiene su lugar y sus lectores. Pero si todo está ya contado, como bien sabemos, la diferencia la marca precisamente cómo se cuenta, desde qué ángulo inesperado, con qué filo. Y aquí no hay filo, hay tan solo una superficie pulcra. Cuando un concurso con esta visibilidad y capacidad económica premia la fórmula probada, la batata literaria, nos está diciendo a los lectores que nos conformemos, que no aspiremos a más, como si nuestro paladar no pudiera distinguir entre lo que solo entretiene y lo que de verdad remueve. Y ¿no deberíamos acaso aspirar a más?

Confiemos en que en la próxima edición el jurado sepa reconocer también lo que no se entrega mansamente a la primera lectura. Aunque, permítaseme dudar de ello, y ojalá me equivoque, pero creo que seguirán igual. Porque, por cierto, sorprende la rapidez con la que se leen casi 1.000 relatos. O se han leído con demasiada prisa, o los filtros previos al jurado funcionan con un criterio que deja fuera justo lo que se sale del molde. Da qué pensar, y mucho. En cualquier caso, una pena.

Por favor, no me tengan manía por decir esto, miembros del jurado, que bastante tengo ya con venir siempre ilusionada a leerme los relatos premiados como para ganarme también su enemistad.

basurillas
basurillas
8 ddís hace
Responder a  Amanda Itzas

Amanda, creo que ha dado usted con el quid de la cuestión ¿De verdad los miembros de un jurado -de éste y de otros premios literarios, de Zenda o fuera de Zenda- se leen todos los relatos o los libros presentados al concurso?
Porque si no es así, existiría una nueva categoría de “negros”, no sólo los que escriben por y para otros bajo su nombre; también los que leen por otros (y obviamente con distintos conocimientos, gustos y sensibilidades) que son los lectores oficiales y designados como jurados. O peor aún, que se utilizase una inteligencia artificial como filtro previo de elección de finalistas, que son los que realmente lee el jurado. No estaría de más que, caso de existir alguna de estas circunstancias enunciadas, se mencionarán también en las bases de los premios.
Y eso además de que, al parecer, convocatoria tras convocatoria, los miembros del jurado se repiten en todo o en gran parte. Tal vez, si pudiera conseguirse, otros jurados diferentes podrían ofrecer diferentes perspectivas.
Cierto es que quien convoca el premio o lo dota impone sus leyes, mecanismos y decisiones a su gusto y conveniencia, y los autores y autoras que se presentan se atienen a ello de la A a la Zeta. No obstante, los que jamás vamos a presentarnos a un concurso literario (tomen esto como una promesa en mi caso) también tenemos la libertad de exponer nuestras dudas y opiniones al respecto si ello se nos permite con una sección de comentarios.
En fin, enhorabuena a los ganadores y finalistas por sus meritorios trabajos y a Zenda y a la empresa dotante por la interesante e inusual convocatoria. Quedo a la espera de la lectura de la siguiente. Gracias.

Amanda Itzas
Amanda Itzas
8 ddís hace
Responder a  basurillas

Apreciado don Á, has dado en el clavo y además has abierto un melón que muy pocos se atreven a catar. Eso de los «negros lectores», esa posibilidad de que el jurado ni siquiera lea lo que firma, abre una grieta bastante turbia por la que se cuela todo el castillo de naipes de los premios literarios. Y lo de la inteligencia artificial como filtro previo, ¡uf!, qué vértigo solo de pensarlo, aunque viendo cómo funcionan ya ciertas cosas en el mundo editorial no me extrañaría nada.

Que conste que no demonizo la IA, todo lo contrario. A mi entender, bien empleada es una herramienta magnífica, pero mal utilizada y sin transparencia se convierte en una auténtica fábrica de despropósitos.

Ahora bien, si acaso se diera esa circunstancia, no creo que jamás lo reconocieran, porque sería tanto como admitir que su criterio no pinta nada y que quien decide es una máquina. Así que, en fin, esperanza muy poca, pero ganas de que alguien lo desmienta, todas.

Elisa
Elisa
10 ddís hace

Cual es la originalidad del primer relato? La inteligencia de Odiseo ya está descrita en su obra en los términos del relato, qué aporta aquí de nuevo?

Luara
Luara
8 ddís hace

Ante todo, mis felicitaciones a los ganadores. Es la primera vez que decido participar en un concurso, sin dudas para una aficionada como yo, la consigna fué convocante. Debo decir, que me hubiera gustado alguna devolución respecto de las características del material presentado, habida cuenta de que como se ha mencionado son 1000 relatos. Me resulta extraño, o soy muy ingenua en esta apreciación, que entre los 10 relatos finalistas, no hayan podido encontrar alguno elegible que no sea estrictamente español, pertenecientes a contextos culturales, sociales, políticos diferentes….participaron relatos de otros países hispano parlantes?

Última edición 8 ddís hace por Luara