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Hábitos de lectura en México

Hábitos de lectura en México

Dicen los mexicanos que las razones por las que no leen son la falta de tiempo, la falta de interés, poca motivación y nulo gusto por la lectura. Esa es al menos la realidad que muestra el “Módulo sobre la lectura 2021” que ha elaborado el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. El informe, que acaba de ser presentado, señala que el promedio de libros que leyó la población adulta lectora mayor de 18 años en los últimos doce meses fue de 3,7 ejemplares, cifra que mejora los resultados de los últimos tres años debido, dicen, al encierro por la pandemia. En México, como en la mayoría del mundo, son las mujeres las que leen más, y en general todos lo hacen “por entretenimiento”, por trabajo o estudio y por cultura general. En cuanto a las preferencias, los lectores mexicanos se decantan por libros de literatura (un 36,1%), seguidos de aquellos que buscan libros específicos de alguna materia o profesión, libros de texto o de uso universitario (30,8%). Lo que más ha crecido es la lectura en formato digital de libros, revistas y periódicos, que se ha duplicado respecto a 2020, hasta alcanzar un 22% de los encuestados, cuyo muestreo se hizo en áreas urbanas de más de cien mil habitantes. Este panorama responde sin duda a una mala política educativa y cultural, donde siguen imperando la demagogia, el puro juego de intereses políticos y la absoluta incompetencia de las autoridades responsables, más preocupadas por dar coba al Tlatoani que por ponerse el mono de trabajo y crear programas eficaces que motiven a la población a leer. Pero claro, ¿para qué formar ciudadanos críticos, si todo aquel que asoma la cabeza para elaborar un comentario que no es del gusto del jefe de Gobierno es inmediatamente censurado y reprendido?

PREMIO A LAS LITERATURAS INDÍGENAS DE AMÉRICA

"Existen 522 pueblos indígenas que van desde la Patagonia hasta el norte de México, pasando por distintas áreas geográficas"

Convencidos de la riqueza de una literatura que durante mucho tiempo ha permanecido sumergida en una serie de lenguas indígenas, pero cuya riqueza refleja la existencia de infinidad de historias, narraciones y hechos que se cuentan de padres a hijos y nietos alrededor de fogones, en los campos de cultivo y durante las jornadas de trabajo en zonas donde apenas llega la luz eléctrica y muchas veces no hay siquiera carreteras de asfalto, la Universidad de Guadalajara ha convencido al gobierno de Jalisco y al Instituto Nacional de Lenguas Indígenas para que juntos auspicien el Premio de Literaturas Indígenas de América, cuyo objetivo es enriquecer, desarrollar, conservar y difundir el legado y riqueza cultural de los llamados “pueblos originarios” a través del arte literario en cualquiera de sus géneros, de la poesía, la novela, el teatro y el cuento, al ensayo literario y, este año por vez primera desde que en 2013 se creara este galardón, la crónica. Se trata, subrayan los organizadores, de reconocer y visibilizar el talento de los escritores en lenguas indígenas de toda América, un hecho que, agregan, puede impulsar la gran riqueza que caracteriza la composición multicultural y plurilingüe del continente, donde existen 522 pueblos indígenas que van desde la Patagonia hasta el norte de México, pasando por distintas áreas geográficas como la Amazonía, los Andes, el Caribe Continental, la Baja Centroamérica y Mesoamérica, todos ellos con lenguas distintas al español que nos une. Dotado con 300 mil pesos (unos 13 mil euros), el galardón quiere destacar la oralidad de las comunidades indígenas al incluir la categoría de Crónica y admitir trabajos en la modalidad escrita y de audio. La convocatoria del premio, que el año pasado recibió 60 trabajos de 11 países y 38 lenguas indígenas del continente, permanecerá abierta hasta el 19 de agosto, y el premio se entregará durante la inauguración de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el próximo 3 de diciembre.

¿POESÍA DEL YO?

Hay poetas que no dejan de mirarse el ombligo y, sin reconocerse como “otros”, solo saben decir: Yo. Es lo que le ha ocurrido a un célebre poeta y editor mexicano, cuya historia de “una psique ligeramente atormentada”, atrapada en un girar y girar, como él mismo ha declarado, acaba de publicar en un libro con un solo largo poema cuya circularidad constante, mediante la que espera marcar un ritmo “hechizante” e “hipnótico”, pretende ser una “autoindagación” a través de la poesía y un ejercicio de escritura “autocrítico y brutalmente honesto” para hurgar en una crisis personal por la que ha atravesado. Hasta ahí, nada del otro mundo. La cuestión es que su poema no da ni para una lágrima. Ojalá al menos el gasto en papel le haya servido a él. Vaya desperdicio.

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