Hilario J. Rodríguez ha escrito un libro, Después de Auschwitz (Sílex), que es todo un manual de narratología. Bajo la apariencia de un repaso a la historia de la literatura y del cine en torno al Holocausto judío, el autor analiza las consecuencias de aquella sentencia de Theodor W. Adorno según la cual, tras el exterminio nazi, escribir poesía es un acto de barbarie. Por las páginas de este ensayo de carácter misceláneo discurren cineastas como Claude Lanzmann y Péter Forgács, y escritores como W. G. Sebald y Robert Walser, además de una larga colección de referentes imprescindibles para entender el devenir cultural de un continente, el europeo, convertido durante todo un siglo en el gran cementerio de la Historia.
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—En Después de Auschwitz mezclas distintos géneros (entrevistas, crítica cinematográfica, recensión literaria, etc.) para explicar de qué manera el Holocausto transformó nuestra forma de contar historias. De hecho, el título de este libro bien podría ser El arte de narrar después de Auschwitz.
—La idea germinal de Después de Auschwitz aparece a finales de los ochenta, cuando, habiendo terminado mis estudios de filología y siguiendo los consejos de Isidoro Reguera, me acerqué a la filosofía. Comprendí en aquel entonces que de esa disciplina me interesaba más la dimensión plástica que la metodológica, es decir, que prefería a los escritores que abordaban problemas filosóficos mediante la memoria o la ficción. Eso acabó llevándome a Primo Levi, cuya obra Si esto es un hombre provocó un auténtico seísmo en mi interior. Ese libro me hizo asumir que los europeos tenemos una responsabilidad hacia la memoria del Holocausto. Después de Auschwitz nace de ese descubrimiento. No es un estudio sobre el Holocausto, sino un libro sobre el arte de escribir: sobre cómo narrar después del enorme cambio que Auschwitz provocó en nuestra Historia.
—El libro traza dos caminos: por un lado el análisis de cómo el cine y la literatura han representado el Holocausto, y por otro el estudio del modo en que aquella catástrofe transformó el arte de narrar. En la primera vertiente planteas una cuestión fundamental: la apropiación cinematográfica del Holocausto y su conversión en espectáculo. Porque no es lo mismo rodar Shoah que Malditos bastardos. ¿Hasta qué punto el cine ha banalizado Auschwitz?
—Es evidente que alrededor del Holocausto ha surgido una industria del entretenimiento que podemos llamar “industria Auschwitz”. Pero también hay que tener en cuenta que no podemos obligar a las generaciones futuras a cargar eternamente con el peso de aquel genocidio. La cuestión es qué queremos conservar y cómo queremos transmitirlo. Hay un ejemplo extremo, pero interesante: el de la película propagandística que los nazis rodaron en Terezín, con el aberrante título de El Führer regala una ciudad a los judíos, para ofrecer al mundo una imagen falsa de las condiciones de vida de los detenidos. Terezín era un campo de tránsito desde el que muchos prisioneros acababan siendo enviados a Auschwitz-Birkenau, pero la película pretendía demostrar justamente lo contrario: que era un lugar magnífico para vivir. Y ahí es donde aparece la cuestión esencial: hasta qué punto una imagen puede tergiversar la realidad y hasta qué punto somos capaces de distinguir lo verdadero de lo ficticio.
—Esa preocupación aparece también en la entrevista que hiciste en su momento a Claude Lanzmann.
—Sí, el propio Lanzmann se preguntó cómo debemos producir y mostrar las imágenes del Holocausto. Podemos crear imágenes ficticias y dotarlas de apariencia de verdad, pero también podemos utilizar imágenes documentales y mostrarlas sin decir que son auténticas. Y eso me parece muy peligroso. Sería como mostrar en una película la muerte real de una persona sin advertir al público de que esa persona está muriendo de verdad: existe una diferencia moral que el espectador necesita conocer.
—Ya no nos podemos fiar ni del cine.
—Una de las cosas que intento hacer en el libro es devolver al cine su capacidad de intervención, que fue extraordinariamente poderosa durante los años sesenta y que empezó a debilitarse en los setenta. También quiero recordar que hubo un tiempo en que nosotros mismos fuimos unos espectadores distintos a lo que somos en la actualidad.
—Leyendo Después de Auschwitz tuve la sensación de estar recorriendo la biografía cultural de toda una generación: la de quienes hoy rondamos los cincuenta. En tu libro aparecen Primo Levi, Robert Walser, W. G. Sebald y tantos otros autores que conformaron nuestra manera de relacionarnos con la cultura. Y eso hace que tu libro parezca, en cierta forma, el obituario de una forma de entender la literatura.
—Nuestra generación mantuvo con la literatura una relación similar a la que las nuevas generaciones tienen hoy con las redes sociales o los videojuegos. Nosotros recibimos una herencia histórica a través de la literatura y del cine que luego convertimos en una forma de vida. Un ejemplo claro es que el hecho de que nos gustara viajar a los lugares donde transcurrían los argumentos de las historias que devorábamos, o donde habían vivido los creadores de las mismas. En ese sentido, Después de Auschwitz habla también de un individuo que ha viajado por el espacio y el tiempo. Para mí, ser un buen espectador implica ser un buen viajero: acercarse a los lugares donde nacieron las imágenes e interrogarlas desde ahí. Los de nuestra generación quisimos hablar con los muertos igual que lo hicieron antes los médiums. Fuimos unos científicos locos que entremezclamos realidad y ficción hasta el punto de no distinguirla la una de la otra. Y de ahí surgió una literatura que se pregunta por el propio poder de la literatura. Esa forma de unir arte y vida ya no existe. Existe otra forma de relacionar ambas cosas, pero no aquella.
—En tu libro dices: “Hubo un tiempo en que estar en una imagen también era como estar en casa”.
—Exactamente. Hubo un tiempo en que no sabíamos que las imágenes podían mentir y las considerábamos el andamiaje de sueños verdaderos. Nosotros quisimos compartir la épica de aquellos westerns en los que James Stewart o John Wayne atravesaban praderas y desiertos. Quisimos ponernos a prueba frente al mundo para que el mundo nos aceptara. Quisimos decir a la realidad: “Estamos aquí y queremos merecer estar aquí”. Hasta que un día descubrimos que algunas imágenes no eran inocentes, que podían estar pervertidas, que podían ser peligrosas… Y todo se desmoronó.
—Antes hablábamos de la necesidad de viajar para descubrir lo que esconden las imágenes y los relatos. ¿Tiene eso que ver con lo que llamas “ser un detective benjaminiano”?
—El detective benjaminiano es, en realidad, el flâneur: un personaje que recorre las calles sin una finalidad concreta. Benjamin comprendió que las ciudades, tal como empezaron a configurarse a finales del siglo XIX, acabarían convirtiéndose en cómplices de un consumismo que, en última instancia, nos arrebataría incluso la libertad de transitar sin un propósito determinado. Él, y después Guy Debord y los situacionistas, buscaba una forma alternativa de movernos por el mundo. Estoy convencido de que, en el futuro, habrá generaciones que añorarán el movimiento. Ahora podemos acceder a todo sin necesidad de desplazamiento, y eso es una carencia. El detective benjaminiano es, por tanto, alguien que sale, investiga y busca aquello que todavía no ha sido domesticado por la repetición. Alguien que anhela encontrar sus propios destinos y experimentar lo inédito, aquello que aún no ha sido pervertido por la reiteración en las redes. Todavía existen muchísimos lugares a los que podemos llegar con la sensación de que casi nadie ha estado allí.
—Frente a esa realidad cada vez más uniforme y previsible, reivindicas también el “heterocosmos” renacentista como posibilidad de fuga, como forma de mirar el mundo desde otra perspectiva.
—Exactamente. Los heterocosmos empiezan en la infancia. Tu madre te dice que te levantes, pero tú permaneces en la cama imaginando que entre las sábanas surgen los tentáculos de un pulpo gigantesco que te arrastra hacia el fondo del océano. Esa capacidad de transformar lo cotidiano mediante la imaginación es una de las grandes potencias del ser humano y tenemos que recuperarla. Nuestra voluntad y nuestra fantasía son herramientas poderosísimas: gracias a ellas podemos domesticar, transformar y renovar la realidad, impedir que el mundo quede reducido a una única versión de sí mismo.
—El título de tu libro remite inevitablemente a la célebre sentencia de Theodor Adorno: “Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”. Tú sostienes que esa frase ha sido repetida tantas veces que hoy la malinterpretamos.
—Esa frase funciona casi como una maldición, además de como un recordatorio: a partir del siglo XX tenemos una responsabilidad sobre aquello que decimos y sobre cómo lo decimos. Nuestra relación con la historia ha cambiado y exige nuevas responsabilidades. Por eso me interesan los libros que no se limitan a explicar un asunto, sino que se preguntan cómo escribir sobre dicho asunto. Eso intento en Después de Auschwitz: no explicar qué fue el Holocausto, sino preguntarme cómo podemos escribir sobre él. La frase de Adorno nos recuerda que debemos responsabilizarnos de nuestras palabras y aceptar que hablamos desde nuestra propia posición: «La única verdad que puedo ofrecerte es mi verdad».
—¿Crees que el genocidio de Gaza generará un corpus literario y cinematográfico que asegure su recuerdo?
—El ataque de Hamás provocó una reacción inmediata de solidaridad con Israel, pero cuando percibimos la desproporción de la respuesta, la percepción cambió. Los movimientos de repulsa surgidos entonces, muchos protagonizados por jóvenes, demuestran que sigue existiendo un compromiso con la verdad, aunque adopte formas distintas a las de otras épocas. Dicho esto, y entrando en la cuestión narrativa, creo que las posibilidades de que Gaza genere en Occidente una memoria cultural comparable a la del Holocausto son mucho menores. Lo digo como una hipótesis y con mucha cautela. La memoria del Holocausto se consolidó gracias a una potentísima tradición testimonial, literaria, cinematográfica e intelectual, y a una comunidad con una fuerte conciencia histórica de sí misma. El mundo árabe es enormemente diverso y posee otros mecanismos de construcción y transmisión de la memoria. A eso se añade que hoy el cine depende de plataformas, productoras y grandes estructuras de financiación que condicionan qué relatos consiguen circular internacionalmente. Seguramente aparecerán películas y libros extraordinarios sobre Gaza, realizados por autores palestinos, árabes u occidentales, pero me cuesta imaginar que lleguen a constituir un corpus con la centralidad que alcanzó la bibliografía sobre el Holocausto.
—Cada vez son más fuertes las voces que aseguran que viajar ya no es lo que era, que el viaje ha perdido el sentido profundo que tuvo en otras épocas, que hoy la quietud puede ser más intelectual que el desplazamiento. Tú eres un viajero impenitente. De hecho, en septiembre publicas El arte de viajar sin moverse del sitio (Bamba). ¿Crees que el turismo lo ha destrozado todo?
—En Europa estamos perdiendo el deseo de entender el mundo que nos caracteriza desde nuestros orígenes helenos. Cuando me preguntan cuál es la lengua de Europa, siempre respondo que nuestro idioma común es la traducción. Ser europeo debería significar ser ciudadano del mundo, creer que puedes ir a cualquier sitio y relacionarte con personas distintas sin sentirte amenazado por sus diferencias. Hoy, en cambio, vivimos en una sociedad que vuelve a alimentar el miedo y el rechazo al otro. Al mismo tiempo, nuestra sociedad opulenta empieza a desinflarse y el planeta muestra signos de agotamiento. Eso debería hacernos más responsables y humildes, pero no menos valientes. Hay que seguir buscando nuevas formas de entender la realidad.




Felicitaciones al autor por su libro “Después de Auschwitz” y al entrevistador por la excelente entrevista que logró. Esta es una oportunidad para iniciar un debate sincero sobre el Genocidio en curso contra los Árabes Palestinos en la Franja de Gaza que está perpetrando Benjamín Netanyahu y compañía (sus aliados en el gobierno de Israel y sus aliados internacionales, todos gobernantes sin brújula moral) desde octubre de 2023 y frente a las cámaras de televisión y la prensa del mundo porque al estilo nazi uso la propaganda para engañar a medio mundo, al sostener la mentira de estar Israel enfrentando una Guerra en la Franja de Gaza porque la realidad es que su gobierno ordenó y está aún perpetrando una Expedición Militar Punitiva de Castigo Colectivo contra toda la población civil de árabes Palestinos en la Franja de Gaza, territorio que convirtió en un gigantesco Gueto al estilo nazi, cerrando sus fronteras para impedir la salida de los habitantes árabes palestinos, ordenando el suministro de alimentos, agua, medicinas, combustibles, energía eléctrica y hasta las telecomunicaciones, para inmediatamente someterlos a cerco, asedio y ataque militar, con artillería pesada naval, terrestre y aérea, con bombardeo aéreo, con cañones, tanques, drones armados, ametralladoras y fusiles, atacando viviendas civiles, hospitales, escuelas y hasta centros de distribución de ayuda humanitaria, cuando la permiten y en las pocas cantidades que la permiten, porque provocaron la muerte por hambre de muchos niños. El gobierno de Netanyahu y compañía usó los terribles delitos terroristas cometidos contra inocentes israelíes (gente inocente, la mayoría niños, mujeres y ancianos) en Israel por la organización terrorista Hamas del pasado 7 de octubre de 2023 para perpetrar Terrorismo de Estado y mientras impongan su mentira de estar librando “una Guerra” y no una terrible matanza de inocentes que ya suma más de 73 mil palestinos muertos (la mayoría civiles inocentes, incluidos niños, mujeres y ancianos) frente a poco más de 550 militares de Israel muertos, desproporción que revela la verdadera naturaleza de los hechos: No estamos frente a una Guerra, estamos presenciando un genocidio en curso perpetrado por una Expedición Militar Punitiva de Castigo Colectivo, como la ordenada por la Alemania Nazi durante la Segunda Guerra Mundial en venganza por la muerte de un jerarca nazi designado para mandar como Procónsul Nazi en Checoslovaquia, quien murió en un atentado realizado por la Resistencia local, venganza criminal que se cumplió destruyendo Lídice y matando a todos sus habitantes. Si la verdad no admite dudas: algunos de los descendientes de muchas familias judías asesinadas por los genocidas Hitler y sus Nazis durante la Segunda Guerra Mundial, ahora manchan la memoria de sus antepasados judíos víctimas de la barbarie racista y genocida y manchan a la Humanidad entera al imitar la conducta criminal de Hitler y sus Nazis, porque están perpetrando un genocidio por motivos raciales y religiosos, porque quieren exterminar a todos los Árabes Palestinos de la Franja de Gaza, quienes son mayoritariamente musulmanes y esto es un crimen contra la Humanidad. Actúan como criminales porque ellos no son las víctimas judías de los genocidas nazis, pertenecen a otra generación y prefieren ser asesinos, homicidas, verdugos, genocidas, que hombres de bien, de justos entre las naciones. Son una vergüenza para Israel, para los judíos del mundo y para toda la Humanidad.
Y como estamos hablando a calzón quitado, como decimos en mi patria Costromo, le aseguro a Hilario Rodríguez, a Álvaro Colomer y a todos, que más importante que comparar el corpus literario y cinematográfico entre el Holocausto, el Genocidio contra los Judíos por la Alemania Nazi durante la II Guerra Mundial y el actual Genocidio en curso contra los Árabes Palestinos en la Franja de Gaza por Benjamín Netanyahu y compañía, al frente del Gobierno de Israel, es parar ya el Genocidio, vencer su propaganda de supuesta “Guerra” y pedirle a la Humanidad que actúe ya para salvar al pueblo palestino que los genocidas Netanyahu y compañía quieren exterminar. Y siendo realista les diré estas cuatro cosas:
1) El Holocausto tiene una extraordinaria difusión porque fue un genocidio perpetrado en pleno siglo XX usando hasta métodos industriales, contra un pueblo blanco de orígenes asiáticos en Europa, el pueblo judío, por un pueblo que se creía civilizado, los alemanes bajo el mando de Hitler y sus Nazis. Revelando que el salvajismo, la barbarie, habitaba Europa, y en una de sus nacionalidades más presumidas de civilizadas.
2) Los alemanes bajo el Gobierno del genocida Kaiser Guillermo II perpetraron en 1903-1908 el Genocidio contra los Pueblos Herero y Nama en la actual Namibia cuando sufrió la desgracia de ser colonia alemana en África. Este genocidio se conoce poco porque las víctimas eran negras y en África, pero prueba que los crímenes contra la Humanidad lo han perpetrado los racistas alemanes bajo gobiernos muy distintos: Una monarquía y un Totalitarismo fascista, el Nazismo cuyo jefe era un austriaco idolatrado por muchos alemanes.
3) El Cine y la Literatura han sido prolíficos sobre el Holocausto porque muchos grandes estudios de Hollywood tenían propietarios, directivos, directores y guionistas judíos o con raíces judías, además de la automática simpatía que tiene toda persona con brújula moral para ser solidario con las víctimas de las injusticias. Pero hoy las víctimas, los Árabes Palestinos de la Franja de Gaza, porque son árabes y mayoritariamente musulmanas, sufren no solo la discriminación racial y religiosa de sus verdugos genocidas encabezados por Benjamín Netanyahu, también sufren el estigma racial y religioso en muchos países de Occidente por ser árabes y por ser musulmanes, porque existe una matriz de propaganda para presentarlos como “fanáticos religiosos terroristas” y no como son la mayoría: Seres humanos víctimas de unos racistas y fanáticos religiosos que quieren matarlos a todos si no abandonan la Franja de Gaza que quiere anexar Israel porque no quieren cumplí con el mandato de la ONU de los dos Estados: Israel para los Judíos y Palestina para los Árabes.
4) Antes del Holocausto la Humanidad a dado muchas pruebas de su barbarie, de su salvajismo, de atraso racista y arcaico, allí están el Genocidio contra los Armenios que perpetraron los Gobernantes de Turquía durante la I Guerra Mundial, y los repetidos genocidios por motivos raciales i religiosos surgidos por la desintegración de los Estados Comunistas en Europa y Asia y los genocidios resultantes de las guerras civiles en África. Y aunque el Holocausto llenó de frases tremendistas la Historia, la Literatura, la Filosofía, el Cine y el Periodismo, (“Nunca más”) todo quedó en buenas intenciones de los bienintencionados porque los malintencionados genocidas continúan allí, esperando la hora para desatar su furia homicida, genocida, porque son bestias violentisimas y peligrosas y por tal razón Donald Trump quiere desmantelar la Corte Penal Internacional, el tribunal que creó la ONU mediante el Tratado de Roma para enjuiciar y castigar a los criminales de guerra y contra la Humanidad.
CORRECCION:
NO ES “…ordenando el suministro…”
LO CORRECTO ES: “…cortando el suministro…”.
Es inadecuado hasta el mismo nombre, Holocausto, que supone una jerarquización de víctimas, como si los nacional-socialistas sólo hubieran ido a por los judíos. Es repetir la clasificación de prisioneros que había en los campos, dejando, por ejemplo, a los dos millones de polacos católicos asesinados en el más completo olvido.
En realidad, la memoria selectiva es lo habitual. El comunismo fue el primero en crear un sistema de campos y ha asesinado a más millones de persona, pero casi nunca se le equipara a su aprendiz nacional-socialista, con la excepción de la Europa del Este, donde la experiencia es reciente. Más aún, el comunismo tiene un aura de heroicidad e idealismo. Pero, insisto, la vileza del sistema cultural-mediático es igual en otros casos: no importan las víctimas en sí mismas, lo que importa es a quién hay que señalar, con una finalidad que tiene muy poco que ver con la necesidad de aprender de las experiencias (históricas). Los genocidios son armas para atacar al adversario o para extender una conciencia culpable selectiva. Por ejemplo, la importancia del centenar de marroquíes muertos hace unos días en Ceuta depende de si el responsable es Marruecos o España. Sí es España, debemos sentirnos culpables. Sí es Marruecos, ni se habla del asunto.
Adorno dijo tal desaguisado, tal desmesura, tal irracionalidad (“Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”) porque nunca entendió la esencia de la Poesía como una de las máximas expresiones del alma humana, seguramente nunca leyó ninguno de los poemas que escribieron las víctimas que murieron en los campos de exterminio nazi y tampoco leyó los poemas de las víctimas sobrevivientes. Quizá la magnitud de los crimenes nazis turbaron su mente y nublaron su entendimiento. Solo ante tanta confusión total puede explicarse que Adorno calificara como acto de barbarie escribir poesía equiparandola a la barbarie del Genocidio. Son expresiones de irracionalidad que uno piensa imposibles en mentes brillantes en otras aéreas de la cultura y que tienen muchos ejemplos palpables como la irracionalidad de Hanna Arendth enamorada de un racista nazi adulador de Hitler, como lo fue el charlatan Martín Heidegger, aunque su caso se explica porque estar enamorado es un estado mental muy parecido a la locura, según algunos científicos de las neurociencias.
En Gaza ha podido haber masacres, como la de Hamas, pero no un genocidio. Hay, hoy, millon y medio de habitantes, mas o menos los mismos que vivían placidamente gobernados por Hamas
Hamas perpetró el pasado 7 de octubre de 2023 una masacre, una matanza de judíos inocentes, con cerca de 1.250 víctimas, la mayoría mujeres, niños y ancianos, casi todos civiles, y el gobierno de Israel bajo el liderazgo de Benjamín Netanyahu respondió con una expedición militar de venganza colectiva, de represalia de Terrorismo de Estado, convirtiendo todo el territorio de la Franja de Gaza, bajo ocupación de Israel (es falso que los Palestinos vivían allí plácidamente) en un Gueto estilo Nazi e inmediatamente iniciaron el asedio militar con ataques que hasta la fecha han matado a cerca de 73 mil Palestinos muertos, la mayoría civiles, la mayoría niños, mujeres y ancianos
?Para usted Alfonzo 73 mil personas mascaradas por su etnia y por su religion no es genocidio?
?Tienen que matarlos a todos, aunque ya existe la intención de exterminarlos, para que usted pueda entender que estamos presenciado un genocidio en curso contra los Palestinos que viven en la Franja de Gaza ordenado por Benjamín Netanyahu?
?Para usted Hitler no fue un genocida porque no logró matar a todos los judíos de Europa, ni a todos los gitanos de Europa ni a todos los negros y mulatos de Alemania?
?Tampoco piensa que Mussolini fue un genocida porque el solo empezó a ordenar la discriminación contra los judíos italianos y su deportación al territorio bajo control de los nazis para exterminarlos, porque Hitler “lo convenció” o “lo obligó”?
Tenga coherencia y diga por la calle del medio que usted apoya a Benjamín Netanyahu en lo que usted cree que solo son “masacres”, matanzas generalizadas por causas raciales, étnicas o religiosas que la doctrina del Derecho Penal Internacional califica como “Genocidio”, el más grave de los Crimenes contra la Humanidad.
En mi criterio los terroristas de Hamas están animados por una intención genocida contra los judíos de Israel (quizás contra todos los judíos del mundo) y el enloquecido Benjamín Netanyahu, traicionando el legado del pueblo judío víctima del Holocausto, está actuando como los genocidas Hitler y sus Nazis, porque lo anima la misma intención genocida contra los Árabes Palestinos de la Franja de Gaza, quiere exterminarlos si no abandonan todo el territorio Palestino que Israel quiere anexarse, algo muy similar a lo que quería Hitler, exterminar a todos los judíos de Alemania y hasta de Europa si no abandonaban Europa porque el criminal Hitler sostenía que los judíos eran un pueblo extraño a Alemania, extraño a Europa, que eran unos “inferiores asiáticos” con una religión distinta a la religión cristiana mayoritaria en Alemania y tales judíos para los Nazis no eran humanos “solo su humanos que manchaban a Alemania”, y el mismo discurso racista y de fanático religioso es el que expresan los gobernantes de Israel que apoyan la matanza, la masacre, el genocidio del pueblo palestino, por ser árabes y musulmanes, por tanto, estos judíos que lidera Benjamín Netanyahu se comportan contra los Palestinos con la misma criminalidad racista que caracterizó a los nazis contra los judíos de Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
A los genocidas de Benjamín Netanyahu y compañía algo los ha frenado la indignación de la opinión pública internacional (que usted no integra) y la actuación de algunos gobiernos (España, Sudáfrica, Turquía, los países árabes) y sobretodo la Corte Penal Internacional que ordenó su arresto preventivo para someterlo a juicio por “presuntos” crímenes contra la Humanidad en perjuicio del pueblo árabe Palestino de la Franja de Gaza , así lo informó la prensa, y su aliado o cómplice, Donald Trump inició una estrategia política para desmantelar a dicho tribunal internacional creado por la ONU para que no enjuicien a Netanyahu, para salvarlo de una segura condena por sus crímenes perpetrados ante las cámaras de televisión. Afortunadamente usted Alfonso nunca será un juez de dicho Tribunal porque solo miraría los crimenes de Hamas y se olvidaría de los crimenes de Benjamín Netanyahu.
?Tiene usted Alfonso lo que en Costromo llamamos “brújula moral”, la capacidad de distinguir entre el Bien y el Mal en términos morales?