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Kiko Matamoros

Siempre he creído que compartir la cultura no deber ser algo relacionado con las élites culturales ni con los grandes referentes. Intento investigar, no quedarme en lo convencional, y poner en valor otros puntos de vista. Quizás esta mirada sea consecuencia de mi biografía o de mi trabajo fotográfico. Por eso me parece muy interesante poder compartir en Zenda este reportaje que he realizado a Kiko Matamoros, un tío peculiar, mediático, pero sobre todo una persona con una tremenda humildad que muchas veces no se refleja en el personaje que él mismo ha vendido en los medidos de comunicación.

Pude compartir con él una conversación divertida, personal y en algunas situaciones íntima. De una intimidad que realmente interesa, y a mí me seduce: hablando sobre literatura, cine, deporte, toros y la vida en general.

Kiko es una persona con una gran sensibilidad, sincero —aunque no guste—, pero sobre todo una persona comprometida con y para la cultura desde un punto de vista que no estamos acostumbrados a contemplar en personajes de su esfera profesional.

Es un gran apasionado del cine italiano —devoto de Mastroianni y de una pléyade de directores— y, cómo no, de los libros.

Le indigna la dejación que ha habido por los representantes políticos del mundo de la cultura, cree que es triste y no nos corresponde como sociedad.

Se considera un cínico, en el sentido menos innoble de la palabra. Afirma que se ha convertido en una persona indulgente que, a fuerza de defraudarse a sí mismo, ha acabado aceptando con naturalidad, y cierta deportividad, que los demás le defrauden.

Respecto a la pregunta de si seguiría el paso de algunos colegas de publicar me contesta:

“Sé que gozaría de una situación privilegiada, y ya me han llegado los cantos de sirena, pero respeto y admiro tanto el trabajo de los buenos profesionales que lo consideraría un ejercicio de oportunismo y un fraude”.

Aquí podemos saber más sobre sus gustos literarios:

De mis primeras lecturas, allá por los setenta y ochenta, me entusiasmaron los autores de la Generación Perdida, incluida Djuna Barnes, más tarde la Beat Generation y el realismo sucio de Bukowski. De autores en lengua española los del Boom hispanoamericano y de los españoles Cela, Goytisolo, Delibes y Marsé.

De los primeros libros que me impactaron en sentido positivo recuerdo El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, que estaba en la biblioteca de casa. También recuerdo que le cogí a mi padre Torotumbo, de Miguel Angel Asturias: me impresionó el contenido por mi juventud.

Me gusta la poesía. Admiro a Baudelaire, el Belmonte de este género, Neruda y César Vallejo especialmente.

Valoro mucho el humor en la literatura, el siglo de Oro es una mina en este sentido. Un libro que me fascina es El novio del mundo, de Felipe Benítez Reyes, que entierra sus raíces en la novela picaresca.

De la narrativa extranjera más actual me quedo con Philip Roth, Bolaño y Sam Savage, un descubrimiento relativamente reciente.

Nos recomienda este libro a los lectores de Zenda:

Empiezo a creer que es mentira, de Carlos Mayoral.

Me gusta mucho la apuesta de Círculo de Tiza, una editorial independiente que dentro de sus limitaciones cuenta con un catálogo admirable. Esta obra es una mezcla de ficción y realidad en la que los protagonistas son el autor y la literatura, en un juego imaginativo que provoca la complicidad del lector. La audacia y la elegante capacidad narrativa de Mayoral son innegables. Creo que estamos ante un escritor que nos va a dar grandes satisfacciones.