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La experiencia You-Feeling (IX): Más victimismo

La experiencia You-Feeling (IX): Más victimismo

¿Necesitas refrescar tu existencia durante unos días? U-feeling es la experiencia absoluta. Olvídate de tu viejo yo y disfruta de las sensaciones inolvidables de tener un cuerpo virgen. ¡Tú eliges quién quieres ser!”. 

Así reza la publicidad de esta nueva empresa internacional que ha aterrizado en la capital para comercializar —nadie para el progreso— el intercambio de cuerpos. Se acabó la guerra de sexos, la guerra de clases, adiós a la xenofobia. U-feeling te abre la mente convencida de que con su tecnología puede propiciar la aproximación de enemigos irreconciliables y acercarnos a la paz universal, esa vieja utopía kantiana que parece por fin al alcance de la mano. Empatía, ese es el producto que comercializa.

La experiencia U-feeling estará disponible en diciembre de 2021, pero ya puedes conocer su decálogo, las diez normas fundamentales de You-Feeling.

En los anteriores episodios, Momar Mbayé ha contado cómo y por qué aceptó participar en una experiencia You-feeling ilegal; cómo decidió en el último momento no seguir adelante; cómo salió huyendo del local intercambialista de You-feeling; cómo acabo en el domicilio de los Gallardo, en el barrio de Salamanca, y la salvajada que allí sucedió con la señora de la casa, a propósito de la cual no para de justificarse. 

Y a continuación reproducimos el noveno capítulo: Más victimismo.

*******

Transcripción de la declaración de Momar
Mbayé ante la inspectora de Policía Estatal
Julia Gordon (número profesional X-
2347544) y en presencia de la agente del
departamento de Delitos Tecnológicos
Angie Peña González (número profesional
Y-212336).—continuación.

 comisaría Centro,
jueves 20 de junio, 23.52

—Eso que dices es absurdo, Momar. Nadie es responsable de lo que han podido hacer sus padres. Lo estás tergiversando todo.

—Debe ser casi imposible ser blanco y aceptar lo que hicieron vuestros abuelos a lo largo de la historia, la cantidad de brutalidades cometidas en nombre del universalismo, predicando una cosa y haciendo lo contrario. ¡Qué crímenes no habréis cometido en nombre de ese engañabobos inmenso llamado derechos del hombre! Al llegar a países donde las tribus habían vivido durante siglos en sinergia con la naturaleza, lo único que se os ocurrió fue fruncir el ceño y decir: «Esos bárbaros no conocen a Dios, no saben lo que es el progreso». Años después esos mismos africanos estaban vestidos como vosotros y trabajando como nunca habían creído que fuera posible, mientras los recursos naturales de sus países eran expoliados o destruidos por el hombre blanco y su supuesta civilización. Pero, claro, como los esclavistas están muertos, los europeos de hoy os laváis las manos. Alemania sí tiene que entonar el mea culpa cada año por el Holocausto y, si puede ser varias veces, mejor. Pero Estados Unidos, la punta de lanza de Occidente, nunca pedirá perdón por haber esclavizado a millones de personas y haber construido su prosperidad sobre esa labor.

—Estás sacando de quicio las cosas, Momar.

—¿Sabéis lo que reclama la Nación Islámica a Estados Unidos como pago por el daño del esclavismo? Nueve estados. Es lo que consideran una retribución histórica justa. Nueve estados en los que vivir separados de los blancos porque nunca han dejado de considerar que juntos no podrán formar jamás una nación.

—Algo así es imposible, todo el mundo lo sabe.

—Nada es imposible si se quiere. Cuando se quiere separar comunidades se separan. Ya se hizo en Checoslovaquia o Yugoslavia. Y a los judíos bien que les disteis los europeos su Estado después de la Segunda Guerra Mundial. ¿Por qué no se podría hacer lo mismo con la población negra? ¿Por qué no puede existir un Israel americano para los de mi raza?

—Porque vosotros no nacisteis allí.

—Tampoco los blancos. Los colonos ingleses robaron esas tierras.

—Todas esas segregaciones históricas ya hemos visto en qué acabaron. Todas han terminado en limpieza étnica.

—Es posible. Pero vosotros también segregáis a vuestras poblaciones raciales en guetos.

—Por desgracia, es cierto. Y muchos españoles se han manifestado en contra de la violencia policial. No estáis solos en esa lucha, Momar. En todo caso nada de eso se soluciona separando poblaciones. Y desde luego ponerle una rodilla en el cuello a un afroespañol tampoco es ninguna solución. Pero es un incidente de brutalidad policial aislada. Y además la cuestión no es esa… ¡Me desesperas, Momar! Sabes perfectamente que si fueras un hombre blanco, el tratamiento que te daríamos sería el mismo. Los cargos, también.

—Queda por ver.

—Vamos a cambiar de tema. Estuve en tu barrio esta tarde. Hablé con tu mujer. Me la encontré limpiando con un paño húmedo la frente a tu hijo. Le estaba tomando la temperatura. A su lado había un médico privado. Sé que en su día el Estado se habría hecho cargo pero desde que se ha privatizado toda la sanidad la cosa ha ido a peor…

—La cosa siempre va a peor.

—El médico dice que o lo hospitalizamos de inmediato o él ya no responde de la salud de tu hijo. De modo que entiendo de verdad que te hayas sentido desamparado y que hayas caído en las garras de You-feeling. Entendemos que viendo lo que estaba a punto de suceder prefirieses parar el intercambio. Y también tu angustia. Creo que llevamos un buen rato haciendo los mayores esfuerzos por empatizar con tu situación y comprender lo que te ha podido cruzar por la cabeza. Pero ahora ha llegado el momento de que des un salto tú y empieces a entender nuestro punto de vista.

—Sois dos mujeres blancas.

—Somos mujeres, y a lo mejor por eso entendemos en parte tu situación. Las mujeres también hemos sufrido la opresión del heteropatriarcado occidental durante siglos.

—Peña, este es mi interrogatorio. Déjame terminar. Te vamos a contar, Momar, lo que sucedió desde que saliste de casa de los Gallardo, después de haber agredido sexualmente a la señora.

—La violó.

—Peña, por favor.

—Perdón. Presunta violación.

—Agente Peña, déjeme continuar con el interrogatorio.

—Tu compañera tiene razón. He violado a la señora Gallardo, no me importa que se llamen a las cosas por su nombre.

—Momar. Esta tarde en el barrio de Salamanca los compañeros del cuerpo que llegaron nada más irte tú se encontraron con un panorama tremendo. Yo misma, cuando aparecí, me topé en el recibidor con el chófer filipino y su mujer llorando el uno en brazos del otro.

”A nosotros nos alertaron los vecinos: al oír las voces y luego los cabezazos que daba el chófer atado y amordazado contra la pared bajaron, llamaron al timbre y como no abría nadie nos telefonearon. Cuando llegué yo, la señora Gallardo seguía con rastros de los golpes recibidos y estaba cerca de la crisis de ansiedad. Le costaba hablar con los agentes. Los vecinos, un matrimonio de casi setenta años, seguían soliviantados. Ya les habían dicho quién era el agresor y como empezaba a llegar la prensa los hicimos pasar dentro para no dar más carne de cañón a los medios. Las consignas que tenemos de arriba son de no remover más la cuestión racial. Aun así, ha aparecido la noticia en diarios digitales. La mayoría de los periodistas ha ignorado la nota llena de exhortaciones a la prudencia que les ha hecho llegar nuestro departamento de comunicación.

—¿Y qué tiene que ver todo esto conmigo? ¿Debo mostrarme entristecido por el sufrimiento de la gente que me va a enviar a la cárcel?

—A veces viene bien arrostrar las consecuencias de nuestros actos. Y desde luego te puedo decir que eso sería lo único que podría mejorar la percepción que tenga de ti el jurado. Pero eso ya te lo habrá dicho tu abogada y no ha surtido ningún efecto. En cualquier caso, sigo con lo que pasó después. A las dos de la tarde apareció el propio Enrique Gallardo, al que seguramente verás en el juicio. Tiene aspecto de persona conservadora y tradicional al cien por cien. Pero desde luego no tan religioso como ella. Me ha sorprendido el comentario que ha hecho cuando le hemos dicho que su mujer iba a salir de compras con su amiga. “¿De compras? O a la puta misa con el cura y las monjitas, que me tienen a mí frito todas estas beatas…”. En todo caso, el pobre hombre, nada más ver a su mujer, se le abrazó como si no se hubiesen visto en un mes, y la consoló como pudo. En su declaración dijo que estuvo en su oficina durante toda la mañana, que cuando vio que su chófer no aparecía empezó a preocuparse, y ya como no contestaba a sus mensajes se volvió a casa en taxi. Evidentemente, está muy perturbado.

—¿Y bien?

—Cuando supimos que se te había detenido y crucé la información con la agente Peña, que lleva ya un tiempo vigilando las actividades de You-feeling, ella se vino a la comisaría inmediatamente después de haber discutido un buen rato en la sede comercial de Gran Vía con el Gerente, el cual no tardó ni dos segundos en trasladarse en un vehículo de su empresa al local intercambialista y en activar a sus abogados. Ellos nos han hecho llegar el contrato básico que firmaste con You-feeling y se muestran indignadísimos porque esto genera pésima publicidad para su empresa. Tu amigo el Gerente quiere a toda costa desvincular a You-feeling de cualquier situación ajena a su negocio legal aunque, entre tú y yo, parece más indignado por el hecho de que no se haya podido hacer tu intercambio en cuestión que por el resto.

—Los esbirros de las multinacionales.

—No habiéndonos facilitado la identidad de la otra parte implicada en tu intercambio, evidentemente no hemos podido interrogarlo. El contrato es opaco y está blindado por ley, como se ha encargado de recordarnos el principal abogado de la empresa, que por cierto ha estado aquí procurando evitar que hicieras esta segunda declaración.

—Yo he dicho lo que tenía que decir.

—Lo sé. Y te aseguro que You-feeling hará lo imposible para que no salga a la luz. De entrada, tu identidad y tu declaración estarán protegidas por el secreto de sumario que declarará el juez. Pero tarde o temprano se acabará filtrando todo, y a medida que avance la investigación y que la prensa se haga eco y empiecen a conocerse los servicios que está prestando You-feeling, te puedo asegurar que nos encontraremos con una tormenta informativa perfecta. Tu caso va a ser tremendamente mediático. Tendrás que tener mucho cuajo para aguantar la que te va a caer encima. You-feeling, como empresa, juega duro. Y a juzgar por la actitud del Gerente, van a negar que exista ningún contrato especial que implique una actividad ilegal. Te denigrarán hasta lo imposible.

—No me importa. Estoy preparado.

—Ellos han sido los primeros en movilizarse cuando se supo que la policía te localizaba rondando por los alrededores de la estación Atocha con tu bolsa de viaje. Inmediatamente después de presentarse la agente Peña en You-feeling, he recibido una llamada del Gerente exigiendo que retirase los hombres desplegados alrededor del local intercambialista, cosa que nos hemos visto obligados a hacer… Pero ahora las cosas han cambiado y, a raíz de tu declaración, pienso que podemos detenerle.

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Capítulos anteriores:

Un hombre llamado Momar

Tener un hijo enfermo

Las reglas

Un intercambio fallido

Errando por la ciudad

La huida

El cazador cazado

El odio

Próximo capítulo: La detención

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