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Rockefeller Plaza, la última gran comedia de EEUU recuperada por Netflix

Rockefeller Plaza, la última gran comedia de EEUU recuperada por Netflix

Quince años no parece mucho tiempo, pero para la sitcom televisiva han sido toda una vida. Rockefeller Plaza, la comedia ideada por Tina Fey a partir de sus experiencias en Saturday Night Live, se mantuvo en antena —menudo término este— desde 2006 a 2013, una época en la que otras telecomedias en lugares de trabajo como Parks & Recreation, Community o The Office ayudaron a definir lo que, entonces no lo sabíamos, fueron los últimos latigazos de creatividad en ese género.

Rockefeller Plaza triunfó por su sarcástico pero a la vez blanco retrato de la trastienda de un programa televisivo, de su cadena NBC —fusionada con la división de hornos microondas, filial a su vez de una empresa de pelucas— y de la política norteamericana en los últimos compases de George W. Bush y el advenimiento de Obama. Su fotografía de los conflictos raciales, los debates de género e igualdad y económicos destaca por la sensibilidad de Fey tras las cámaras pero, a la vez, su voluntad férrea de generar comedia cuanto más efectiva y chiflada, mejor.

"Su risa de los estereotipos causa risa, y lo hace porque muestra personajes vulnerables que no pueden huir de sí mismos, de su condición racial, de género o escala social"

La guionista y actriz se inventó una nueva etapa para la carrera de Alec Baldwin, con quien su desastroso personaje, Liz Lemon, una mujer-jefa que sin embargo no responde a los estereotipos de directiva sino a los de creativa, desarrolla una relación platónica absolutamente memorable. Nunca se ponderará lo suficiente la labor de Baldwin como Jack Donaghy, el ejecutivo de la NBC llamado a filas para convertir un programa de chicas en uno para minorías raciales (y obesos, como rezan los informes de audiencia que manejan los personajes). Baldwin construye un republicano y seductor womanizer que desarrolla una inesperada amistad con Lemon, una relación que ofrece una tensión adicional a la serie que Fey supo prolongar durante siete temporadas.

Pero en 30 Rock, como se conoció por aquellos lares, no hay ni un poco del falso moralismo del streaming. Su risa de los estereotipos causa risa, y lo hace porque muestra personajes vulnerables que no pueden huir de sí mismos, de su condición racial, de género o escala social. Ubicada entre el final de la sitcom multicámara clásica y la llegada del streaming y el movimiento Me Too, ahora se ve como un destello de genialidad en la última década del género televisivo.

Todo esto viene porque Rockefeller Plaza, tras un fugaz paso por Prime Video hace ya años, afronta ahora etapa, probablemente también fugaz, en Netflix España. No debería costarles demasiado encontrarla en la plataforma, y el ruego de este artículo es que la conviertan en su serie del verano. 30 Rock, que nunca llegó a tener una presencia fuerte en nuestro país, es una verdadera joya a disfrutar, si es posible, en versión original y se merece ser celebrada como la gran serie de culto que siempre ha sido.

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