Cada día son más los españoles que descubren, y asumen con legítimo orgullo, que la Historia protagonizada por nuestros antepasados a lo largo y ancho del mundo es una de las más extensas y fascinantes de Occidente. Una historia inmensa, todavía poco conocida, que durante demasiado tiempo permaneció oculta bajo tópicos, silencios y complejos absurdos.
Es una verdadera lástima que España no disponga de una potente industria cinematográfica capaz de trasladar a la pantalla semejante caudal de aventuras, heroísmo y sacrificio, para contar esta multitud de episodios que sorprendieron en su tiempo y siguen fascinando hoy. Lo que sí tiene es una industria editorial a la que suministran esforzados autores multitud de ensayos, biografías y novelas históricas que sacan a la luz decenas de episodios que asombran a los lectores contemporáneos, hechos de los que podemos sentirnos muy orgullosos.
En esta tarea destaca la escritora Mireia Giménez Higón (Valencia, 1983), militar profesional en la reserva, librera vocacional, especialista en Historia Militar y reconocida divulgadora cultural, que acaba de publicar su novela histórica titulada Héroes de Pagalungan, obra basada en los acontecimientos protagonizados por las tropas destacadas en el siglo XIX en Filipinas bajo el mando del marino de la Armada Española del Pacífico, teniente de navío Casto Méndez Núñez. Su misión era proteger la navegación civil y liberar las flotas comerciales de los brutales ataques de los piratas de origen malayo-musulmán, crueles asaltantes muy alejados de la idea romántica que tantas veces ha ofrecido la literatura y el cine, de simpáticos delincuentes a los que se les perdonaba sus crueles comportamientos que violaban las leyes del mar.
En 1861, el gobierno de la Corona decidió organizar una expedición de castigo contra el cuartel general de los piratas joloanos, naturales de Joló, una de las siete mil islas del archipiélago malayo-filipino. La operación dirigida por el coronel Ferrater y apoyada por la flota al mando de Méndez Núñez, tenía un objetivo claro: destruir la flota pirata y su refugio y capturar al sultán que reinaba entre esos peligrosos delincuentes.
Sobre esta base histórica, la autora construye una novela en un entretenido formato que recupera el espíritu de las grandes aventuras clásicas del siglo XIX. En sus páginas suenan los ecos de Walter Scott, Stevenson, Sabatini, Salgari o Verne, autores que consiguieron despertar en generaciones enteras una afición por la lectura y la épica.
Giménez Higón dota a su narración de todas las características que hicieron grande el género de aventuras históricas. Fusiona el rigor del pasado con la acción frenética de estilo cinematográfico, y para ello recurre con habilidad al recurso literario de la analepsis, haciendo que la trama realice saltos en el tiempo. El ritmo de la novela es trepidante, manteniendo la intriga y haciendo que el lector desee llegar al desenlace. Capítulo tras capítulo teje la sucesión de peripecias entre las cuatro emocionantes subtramas que componen la narración. La ambientación y los escenarios son rigurosos: el trasfondo social y militar es creíble y por encima de todo está la realidad de un acontecimiento histórico desconocido para el gran público.
Una virtud de la narración es que la autora no ha tenido que recurrir a crear heroicos protagonistas: estos aparecen y se muestran tan reales como debieron de haber sido, transmitiendo autenticidad. Giménez Higón, como militar que ha sido, describe de manera creíble las grandes virtudes que no solo adornaban sino que se encontraban tatuadas en la mente de los soldados españoles sin importar arma, procedencia ni origen. En la novela destacan por sí solos aquellos personajes que fueron generosos compañeros, valientes y heroicos. En la lectura se aprecian sus virtudes porque aquellos hombres las poseían y las entregaban a sus compañeros.
El título de este artículo hace referencia precisamente a una de esas frases históricas pronunciadas por Casto Méndez Núñez. Esta sentencia, tal y como recoge la autora, la dice durante el asalto al fuerte de Pagalungan. Cuando el coronel al mando del operativo ordenó la retirada tras el fracaso inicial del ataque. El marino respondió con firmeza a la orden de su superior: “¡La Marina no se retira!”. Aquella determinación de Méndez Núñez por luchar y vencer fue lo que hizo revertir el curso de la batalla.
No deja de resultar llamativo que ciertas escenas del cine naval británico evoquen maniobras semejantes a la protagonizada por Méndez Núñez durante el asalto a Pagalungan, un ejemplo más de como otros han sabido explotar relatos históricos y recursos épicos ajenos como propios, que nosotros mismos, demasiadas veces, hemos ignorado y vilipendiado.
Mireia Giménez Higón no se limita a escribir novelas. A través de su libro reivindica una manera de entender la cultura y la divulgación histórica: cercana, emocionante y comprensible para cualquier lector. Sus obras demuestran que la Historia no debe permanecer encerrada en círculos académicos ni convertirse en un discurso árido y distante. Debe emocionar, enseñar y despertar curiosidad.
Y precisamente eso consigue Héroes de Pagalungan: rescatar del olvido una página extraordinaria de nuestra historia y devolverla al lugar que se merece, el de las grandes hazañas protagonizadas por españoles cuya memoria jamás debió desaparecer.
Para finalizar, reitero que este es un libro con una historia tan apasionante como desconocida, que prácticamente se recomienda por sí solo.
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Autora: Mireia Giménez Higón. Título: Los héroes de Pagalungan. Editorial: Edhasa. Venta: Todos tus libros.


Me admiran los libros de historia amenamente contados, que a veces llaman, algo despectivamente, divulgación. Encuentro mucho más sinceridad en la actitud de un divulgador histórico que en la mayoría de los novelistas, que creen que tienen algo que contar.