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La noche de Iguala, cartografía de un crimen

La noche de Iguala, cartografía de un crimen

Como decía mi querido Daniel Sada, “porque parece mentira, la verdad nunca se sabe”. La frase viene a cuento de lo ocurrido en Iguala el 26 de septiembre de 2014, pues se trata de una historia que se ha envuelto en una oscura nebulosa de complicidades, encubrimientos y corrupción que seguirá avergonzando a todo México. Por fortuna para la memoria de los mexicanos, los intentos de desagravio y esclarecimiento son un goteo constante, y en esa línea se puede ubicar el libro del periodista y analista político especializado en temas de seguridad nacional Jorge Fernández Menéndez (1955) La noche de Iguala: Secuestro, asesinato y narcotráfico en Guerrero (Cal y arena, 2018). Tomando como eje central el caso de la desaparición de 43 jóvenes estudiantes normalistas de Ayotzinapa aquella fatídica madrugada, Fernández Menéndez elabora una suerte de almanaque de los hechos y compendia el historial del narcotráfico en el estado de Guerrero, tratando de explicar el clima de violencia e impunidad que imperan en esa zona de México, de la que incluye una serie de mapas de las organizaciones delictivas que operan ahí. Para el autor, aunque todos los indicios acusan al Estado de ser el responsable de esos horrendos crímenes, las indagatorias, avaladas por expertos internacionales, suscriben que no se trató de un “crimen político” en sentido estricto, sino de un acto derivado de la corrupción, amenaza e ilegalidad desplegadas por el crimen organizado local. Fernández Menéndez es muy claro en este extremo y sostiene que decir que fue el Estado el responsable de esos crímenes es una forma de concederles una coartada a los verdaderos responsables. A su juicio, las investigaciones de un Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales, avalado por un peritaje realizado en Estados Unidos, corroboran que en el basurero de Cocula hubo una incineración de al menos 17 cuerpos, por lo que afirma que no es verdad que no se sepa cuál fue el destino de los estudiantes de Ayotzinapa, y le resulta inexplicable que se pida un nuevo peritaje, pues el que se hizo arrojó la identificación de al menos dos de las víctimas. ¿Qué sucedió entonces la noche del 26 de septiembre de 2014? Fernández Menéndez subraya que las autoridades y los familiares de las víctimas lo saben desde finales de ese mismo año con toda claridad. Hay testimonios de lo sucedido, dice, algunos de los cuales se han hecho públicos y otros no. Y en su libro transcribe los más importantes. En efecto, el relato es largo, pero terriblemente contundente.

ENRIQUE FLORESCANO, PASIÓN BIBLIÓFILA

"Testigo de la historia cultural mexicana desde la segunda mitad del siglo XX, la manía bibliófila de don Enrique siempre ha estado ligada a la utilidad del libro"

La biblioteca del historiador mexicano Enrique Florescano (1937) es un frondoso árbol de más de 19 mil volúmenes que ha crecido desde las raíces de su familia, su educación en Xalapa, en Francia, en el Colegio de México y, finalmente, del enriquecimiento que le dio el estudio de la historia de México. Esa gran biblioteca del historiador y editor, un ente casi vivo, variado y avasallador, revela su formación, su vida como profesor y alumno, pero también su prolífica actividad intelectual y amistosa, y le ha valido recibir el Homenaje al Bibliófilo que le será otorgado en la próxima edición de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara. Dice el propio Florescano que son tres los aspectos que han definido su vocación bibliófila: primero, la influencia familiar más remota; después, una vida intelectual y profesional de más de seis décadas; y por último, las decenas de maestros de los que ha aprendido y los miles de amigos que no sólo han compartido vida sino también conocimientos. Así pues, toda la casa del historiador, donde vive desde hace más de cuatro décadas, ha sido ocupada por los libros, aunque ahora ha llegado el momento de mudarse y él y su esposa, la también historiadora Alejandra Moreno Toscano, han decidido que sólo se llevarán consigo unos dos mil libros de la biblioteca, y el resto lo donarán a una institución educativa que será revelada durante el acto de reconocimiento que recibirá en la FIL. Testigo de la historia cultural mexicana desde la segunda mitad del siglo XX, la manía bibliófila de don Enrique siempre ha estado ligada a la utilidad del libro, de lo que en él se puede encontrar para vivir en otros mundos y otras épocas, de lo que representa para el pensamiento y para su gran pasión: el conocimiento de la historia de México. A partir de ahora, la gran mayoría de esas ventanas podrán abrirlas otros mexicanos sedientos de conocimiento como él. Enhorabuena, maestro.

PISTAS FALSAS, DE LA ANTROPOLOGÍA A LA LITERATURA

"La narración sumerge al lector en una historia que le lleva de la sonrisa irónica a la perplejidad"

Pistas falsas: Una ficción antropológica, primera novela de Néstor García Canclini (1939), presentada en la reciente Feria del Libro de Oaxaca, está marcando un nuevo horizonte a los atribulados estudiosos y académicos que ya no saben cómo explicar una realidad que escapa a los informes, las cifras y los sesudos análisis de campo. Se trata de una especie de distopía ambientada en un futuro no tan distante, 2029, donde el autor se permite hacer a un lado el corsé de la investigación y el ensayo científico y mediante la ficción elabora una serie de hipótesis sobre hacia dónde se mueve el mundo. Su saber sociológico, contrastado en obras de referencia como los canónicos La producción simbólica, Culturas híbridas o La globalización imaginada, le sirve de base para escribir un relato de ciencia ficción que se convierte en oráculo perfectamente sustentado donde enfrenta al lector con hechos como la descomposición política, la falta de garantías ciudadanas o la corrupción a escala internacional y sus consecuencias en la vida cotidiana de las personas. El protagonista, un arqueólogo chino harto de su sociedad, decide emprender un largo viaje por las ciudades más conflictivas de América Latina para saber si ahí encontrará otras condiciones y expectativas de futuro. La narración sumerge al lector en una historia que le lleva de la sonrisa irónica a la perplejidad, hasta descubrir impresionado que algunas de las situaciones ficticias que propone García Canclini están a punto de cumplirse a una velocidad alarmante. Un salto mortal con pirueta que muchos estudiosos y académicos deberían permitirse. Por el bien de las ciencias sociales.

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