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Llegué cansada a la felicidad, de Patricia González López

Llegué cansada a la felicidad, de Patricia González López

Patricia González López es una escritora, comunicadora y gestora cultural nacida en Buenos Aires en 1986. Es autora de los poemarios Maldad, cantidad necesaria (2013, coedición de Milena Caserola y Llanto de Mudo), Doliente (2016, Cospel; 2019, Ediciones Liliputienses, España), Otro caso de inseguridad (2018, Santos Locos; 2024, Ediciones Liliputienses) y La traición (colección Francia-Argentina, RAZ éditions, Francia, 2021). Antologó el libro Esto pasa: Poesía en Buenos Aires (2015, Llanto de mudo). Organiza mesas de debate y lectura de poesía y fue invitada a diversas ferias del libro y festivales de Argentina, Uruguay, Cuba, México e Italia. Integra más de veinte antologías, y su poesía ha sido difundida en revistas de Argentina, Brasil, México, Ecuador, Cuba, Puerto Rico, España. Sus poemas fueron traducidos al francés y publicados en las revistas Sémaphore, Revue A littérature-action y Ouvrior de Poésie. Fue jurado de poesía del Concurso de Literatura Teatro y Música de la Ciudad de Buenos Aires (bienios 14/15 y 18/19). En radio, lideró columnas como “La poesía no se ajusta” en El gato escaldado (AM 750), “Cultura productiva” en País productivo (FM La Patriada) y “Bebido y leído” en Malas lenguas. Es Licenciada en Relaciones Públicas (UNLaM), cursó la maestría en Comunicación, cultura y discursos mediáticos (UNLaM) y el posgrado en Opinión Pública y Comunicación Política (FLACSO). Presentamos una selección de poemas de su último libro de poemas, Llegué cansada a la felicidad, publicado por Concreto Editorial en 2026, una obra que en la que destacan la belleza y la ironía, con poemas que no dejan de lado el optimismo en tiempos crueles y construye textos luminosos para atravesar el presente.

***

Física y química

Las personas que admiré usaron mis vestidos
pero no me invitaron a sus fiestas.
Cercana para dar
pero no lo suficiente como para ser parte
se amargó mi valor y montó un vicio.

Me esmeré en ser descubierta
pero la química no se puede ganar
y el encanto es algo que sólo puede perderse.

Leí confianza en el provecho y en cada favor
creí arrimar una estima.

Pero el gusto es una patria
donde la cultura del esfuerzo nada puede.

Alguna idea fue considerada y algunas ventajas

antes de que los originales pierdan la memoria.
Una vez que renuncié a los derechos de autor
se me reveló la amorosidad de los márgenes.

Un revoleo de ojos, cuando ensayo un decir,
quiere detenerme y me detiene.
Pretendo no ver y evito declarar.
Me inclino por las formas en el estudio del suelo.

Perfecciono un silencio funcional a la anécdota.
Finjo agrado en cada decepción.

***

Política alimentaria

Las que tenemos hambre
también tenemos gusto,
aunque la comida no se elija.

Ya asimilé
las cucharadas de prepo.
Quiero
ser soberana de mi boca,
guardar el sabor de un beso buscado,
tener algo dulce
para comer a la tardecita.

Libertad es lo que se decide
después de comer.

***

Llegué cansada a la felicidad
es tarde para hablar a los gritos
para estrenar una sonrisa liviana y llorar
también cuesta.

Ya estoy lista
para preocuparme por el país
mirando los techos altos de mi casa
con la espalda en el capitoné
del rojo sillón Luis xvi
con el que soñé en mis años
de calle de tierra.

Llegué empujando,
empecé pidiendo perdón.

Es tarde para titular
este drama común
de hijos de inmigrantes
que abandonan
su autoestima de clase
para entrar, no sin pudor,
no sin culpa.
a los lugares que nos fueron negados
por nuestras marcas de nacimiento.

Ya estoy para detener la repetición
que nos alejaba
de esas pequeñas islas
de deseos profundos y comprables.

¿Qué herida nos sobró
que al resto le hizo falta?

Mi voz fue una pista ambiental,
una expresión socioeconómica,
un grito de auxilio.

El deber ganaba en mí un vigor
que mi alegría desconocía.

¿Era eso lo que me daba tanto sueño?

Qué gesto de belleza original
me puedo dar, sin olvidar
el lugar donde crecieron
las primeras palabras
con las que pude decir que no encontraba
nada en su lugar
ni en el mío.

Se podía dejar la autocompasión,
ser víctima de esto y de lo otro,
¿pero a esta hora?

Se podía cruzar el límite,
entrar al bien inmaterial,
sutil y esclarecedor
de oler bien,
no sin agotamiento,
no sin inspiración.

Se podía elegir
desde qué lugar ver el peso de la espalda
cuando se cae.

No sólo por ser domingo
el error aparece al nombrar
la izquierda y la derecha; digo que
está despejada mi mano de confianza
y oscura la derecha, sin mirar y sin pensar
con qué mano escribo.
Tardo horas en saber que me equivoqué
repitiendo la ruta en mi cabeza antes de escribirla.

***

Cada patrón es un país
con su propio sistema de pobres.

Parecen felices,
solo están mejor distraídos.

¿De qué viven los alegres?
Sonríen solo cuando quitan,
se divierten con lo que no tenés.
Pero el despojo es un premio.

Quieren al caballo cansado,
no entienden
la cola de los perros,
al gato que amasa.

Recomiendan que olvidemos
cuando quieren que perdamos.

Hagamos lo que quieren evitar.

Si seguimos tristes,
los dueños
van a seguir ganando.
Seamos malos pobres.
Resistir
es romper el destino

***

Por fin

Yo, nuestro atrevimiento.
Vos, nuestro pudor.
Nosotros, todos los mamíferos,
las ganas de tener ese apuro por algo.

—¿Se puede conocer el amor
sin antes amar a un animal?—.

Mi amiga me susurraba desde allá:
de animal para arriba y para abajo;
y vos, cuando llegaste
me abrazaste como mi perro.
Por fin alguien.

***

Composición del olvido

Cada vez necesito hacer más cosas
con un lápiz en la mano.
En la hoja recuesto las lágrimas.
En vez de llorarlas, las bordo, las subrayo,
las arropo con signos de admiración.
No se ve el dolor, se ve el comentario.
Por eso curo lo que me anduve diciendo
y vuelvo a dibujar signo por signo
la composición del olvido.

De las personas que no me atreví a ser,
la palabra es consecuencia.

—————————————

Autora: Patricia González López. Título: Llegué cansada a la felicidad. Editorial: Concreto.

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