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Los Compadres: «No hemos tenido nunca ni vergüenza ni miedo de contar lo que Sevilla es en realidad»

Los Compadres: «No hemos tenido nunca ni vergüenza ni miedo de contar lo que Sevilla es en realidad»

Alfonso Sánchez y Alberto López llegan al final de unas intensas semanas de promoción de su última película, Para toda la muerte. A menos de 40 minutos de la salida de su AVE con destino a Sevilla, a casa por fin y al descanso merecido antes de seguir con nuevos proyectos, estos hombres hacen una parada para una charla zendiana. Absolutamente fieles a sí mismos aparecen cargados de energía, humor, inteligencia y mucha profesionalidad. Hacemos esta entrevista exprés al pie de los raíles, celebrando con unas cervezas el éxito seguro del estreno de su nuevo proyecto, una película singular, divertida y dura, cargada de referentes literarios.

—Al terminar de ver la première de Para toda la muerte, oí decir a alguien de los que estábamos allí que el director era una especie de “Tarantino andaluz”. ¿Qué opinas, Alfonso? 

—Alfonso: (Risas). Bueno, yo me he pasado la vida viendo cine; no sé si tanto como el que haya podido ver Quentin Tarantino, pero soy un enamorado del cine; es algo vital para mí; con unas dosis elevadas, en ambos casos, pero desde luego en el mío indiscutiblemente, de divertimento. Lo que he intentado siempre cuando me pongo detrás de la cámara es pasármelo bien y que los actores se lo pasen bien, y que esa diversión nos proporcione casi de manera natural un juego, un tempo, ese pulso narrativo capaz de generar un ritmo tan reconocible y seductor como el que puedan tener las pelis que tanto me gustan de este director: Los odiosos ocho, Asesinos por naturaleza, Pulp Fiction…

—¿Cómo ha sido volver a trabajar juntos?

—Alberto: Gozoso, exigente, artesano. Es decir: el molde se repite, pero con un factor de autoexigencia que ha surgido al cambiar de género para entrar en el de la comedia negra, con el añadido de incorporar otros géneros como el suspense, el misterio… Poner en juego todo eso, para que al final el ritmo de la comedia no decaiga y el suspense nunca desaparezca de las escenas, ha supuesto para nosotros un punto de exigencia brutal. De los tres proyectos cinematográficos que hemos hecho juntos dentro de la factoría Mundoficción, creo que este ha sido un reto que hemos afrontado sin miedos y sin barreras, de la forma más libre que puedas imaginar.

—Alfonso: Yo no paro de sorprenderme, de disfrutar viendo a Alberto como el actorazo que es; arriesgando, pero sin dejar de jugar. Su capacidad de respuesta y de responsabilidad cuando estamos en una peli es admirable. Me siento un privilegiado pudiendo dirigir a actores así.

—Acabamos de salir de los Goya y de la polémica generada a propósito del cine español subvencionado. Parece inevitable preguntaros por vuestra opinión sobre este tema.

"Los agentes culturales deberían hacer menos declaraciones y más obras de calidad"

—Alberto: Habría que reformular ciertos aspectos e integrar en la ecuación a los empresarios privados; convencerlos con productos de calidad de que el cine español es una industria que genera dinero.

—Alfonso: Entender que la industria del cine es y debe ser un negocio. En este sentido, los agentes culturales deberían hacer menos declaraciones y más obras de calidad, demostrar con el trabajo duro y el talento que las cosas buenas venden. Y por parte del cine español, debería haber más apertura a nuevos creadores. Nuevos aires y nuevos talentos traerían sin duda una renovación más que necesaria.

—¿Qué habéis perdido y qué habéis ganado haciendo cine independiente como el vuestro?

—Alfonso: Hemos perdido dinero, tiempo, energía,…

—Alberto: …hemos perdido oportunidades de entrar en la industria ya consolidada.

—Alfonso: Pero hemos ganado libertad, y riesgo, y vértigo…

—Alberto: …y emoción, y mucha adrenalina, que para nosotros es fundamental.

—Alfonso: También hemos perdido amigos, pero hemos ganados otros nuevos; y, sobre todo, lo que verdaderamente hemos ganado es mucho, mucho, mucho amor por parte del público, que hemos podido ver en esta gira por España que acabamos de hacer con la promoción de Para toda la muerte. La gente nos adora, y eso es maravilloso. Es el motor del artista.

—Hablando de amigos y de giras, ¿qué supuso para vosotros la gira con Patente de Corso, aquella talentosa adaptación teatral de los textos periodísticos de Arturo Pérez-Reverte?

—Alfonso: Supuso un honor y un orgullo haber sido los protagonistas de aquella primicia, pues era la primera vez que se dramatizaban esos textos del novelista. Además, tener la confianza de alguien como Arturo, que nos dio plena libertad para hacer lo que quisiéramos con su obra sin ponernos límites, nos generó una enorme responsabilidad, claro, pero a la vez un orgullo profesional y personal de saber que algo bueno estábamos haciendo cuando un hombre como Arturo Pérez-Reverte depositaba en nosotros esa confianza.

—Alberto: La lógica hubiera sido que en aquel momento hubiésemos usado los personajes de Los Compadres (El Culebra y El Cabeza) para llenar teatros, pero cuando Arturo nos dio luz verde, decidimos que aquello era demasiado valioso, así que asumimos el riesgo y la aventura de crear dos nuevos personajes para esos “ajustes de cuentas semanales”, como Arturo los definió, aunque sin abandonar la comedia. Luego, cuando tras el estreno vino a hablar con nosotros, recuerdo que nos dijo: “No erais dos humoristas interpretando mis artículos, sino dos actores contando la tragicomedia de ser español”. Uffff. No te imaginas lo que esas palabras significaron para nosotros.

—Alfonso: Sí, además fíjate que hay muchos nexos de unión en aquella Patente de Corso y esta nueva película, Para toda la muerte. De hecho, el protagonista, José Vicente, tiene mucho que ver con aquel otro que creamos para Patente de Corso llamado Mariano: ambos son dos personajes desesperados; dos buenas personas que tienen que investigar en un país de la oscuridad y la maldad; tienen que aprender a “ser malos”. Y de eso van las dos historias. ¿Será capaz o no será capaz el protagonista de transformarse para poder sobrevivir?

—Ahora que sois famosos, ricos y guapos (risas), ¿qué queda de aquellos “compadres” de YouTube?

—Alberto: Queda la silla de montar empeñada, la medalla del Rocío empeñada también… En fin, han empeñado todo lo valioso, y el resto de las cosas las han guardado en un cajón para desempolvarlas cuando haga falta, cuando decidan volver a caminar juntos, que no va a ser muy tarde.

—Alfonso: Para esos compadres era muy importante descansar y dejar que Alfonso y Alberto pudiesen crecer profesionalmente; ser capaces de crear otros mundos; transitar por otros sitios; aprender.

—¿Cómo es trabajar con un amigo?

"Alguien que vio la peli comentó que la interpretación de Alberto le recordaba a la de un joven Fernán Gómez"

—Alfonso: Es muy importante. En nuestro caso el trabajo siempre se ha basado en el respeto y la admiración; en saber escuchar y aprender y vernos el uno al otro; en medirnos y corregirnos.

—Alberto: Hacer el camino con un amigo dentro de una profesión tan solitaria como es la de actor es tener una fortuna, porque te permite disfrutar del proceso de aprendizaje; coger las cosas con más ganas; ahorrarte la soledad de los viajes; enfrentarte a un equipo de rodaje que no conoces… Preparar un personaje es un acto de soledad, pero cuando sabes que tienes a un amigo cerca, todo es más sencillo. Al fin y al cabo, Alfonso y yo somos compadres de verdad.

—¿Cuáles han sido vuestros referentes cinematográficos a la hora de montar esta película?

"Ha sido fundamental la aportación de Ana Graciani, que, como ya hiciera en Patente de Corso, ha vuelto a escribir un pedazo de guion"

—Alberto: En mi caso como actor, cuando compongo no me baso en referentes claros “in situ”, sino que hay como una pequeña recopilación de experiencias cinematográficas que forman mi imaginario y que cuando trabajo van surgiendo de manera espontánea. Inevitablemente, mi mente viaja al cine de la infancia. Berlanga y esos actores de raza que tenían en las venas el ritmo puro y valioso del buen cine: Alfredo Landa, López Vázquez…

—Alfonso: Aunque esta es una película que tiene la muerte muy presente, esos actores de los que habla Alberto están llenos de vida. Alguien que vio la peli comentó que la interpretación de Alberto le recordaba a la de un joven Fernán Gómez. Además, como director creo que Alberto tiene algo que tenía Jack Lemmon: la empatía. Es decir, ser capaz de transformarse en un personaje que el espectador reconoce y adopta inmediatamente porque puede ser su tío, su cuñado, su primo. Alguien cercano. Es muy bonito tomar las grandes ideas y, a través de un guion y una dirección de actores, ser capaz de acercarlas al público, obligándolo, en cierta forma, a reflexionar. Y desde luego, en todo esto ha sido fundamental la aportación de Ana Graciani, que, como ya hiciera en Patente de Corso, ha vuelto a escribir un pedazo de guion. Ella bebe constantemente de Mihura y Jardiel, y se le nota.

—Qué maravilla que la gente del cine reivindiquéis a esos monstruos.

"Tenemos toda una tradición de grandes escritores vinculados al mundo del cine que llega hasta Azcona y Berlanga, y que desgraciadamente hemos olvidado"

—Alfonso: Es que el trabajo de ellos influyó posteriormente en creadores americanos. No olvidemos que Jardiel trabajó en Hollywood. Alfonso Paso, por ejemplo, ha sido uno de los pocos autores puestos en pie en Broadway. Tenemos toda una tradición de grandes escritores vinculados al mundo del cine que llega hasta Azcona y Berlanga, y que desgraciadamente hemos olvidado.

—Alberto: El problema es que llegó un momento en el que todos queríamos ser europeos o americanos, pero siempre del norte, porque parecía que así olvidábamos nuestros complejos de inferioridad. Y claro, ahora vemos el resultado de ese tremendo error.

—Alfonso: Renegar de nuestro germen en vez de aceptarlo y elevarlo, como hicieron los italianos con el neorrealismo, nos ha empobrecido. Reírnos de nuestro propio humor negro, de nuestras miserias, como tan bien lo hicieron Ferreri y Azcona, es lo que nos enriquecería, lo que convertiría al cine español en algo único. En cuanto a referentes internacionales, pues inevitablemente, Blake Edwards, Hitchcock, Tarantino y te diría que los hermanos Coen, de los que me gusta mucho su trabajo de revisión de los clásicos.

—¿Proyectos de futuro?

—Alberto: Lo más inmediato es que tenemos a Sergio Rubio desde Málaga escribiendo un texto nuevo teatral que vamos afrontar y que tiene que ver con la crispación política y social que estamos viviendo actualmente. ¡Teatro de nuevo! Es que necesitamos ese veneno de la cercanía de público otra vez, y eso solo te lo da el teatro, claro.

—Alfonso: También tenemos el regreso de Los Compadres: El mundo es suyo, volumen II. Como quedó claro al final de El mundo es suyo, volumen I, esta próxima entrega transcurrirá en una montería en casa de la marquesa. Estás invitada, por supuesto (risas).

—Pues eso hay que celebrarlo con la última pregunta. ¿Qué os dado Sevilla y qué os ha negado en vuestras carreras?

"Ser sevillano es un trabajo extraordinariamente duro. Bien sabemos los sevillanos, como lo sabía Cervantes, que Rinconete y Cortadillo no podían ser más que de esa ciudad"

—Alberto: Nos ha dado la conciencia de pertenecer a un mundo que fue poderosísimo, y que lo perdió todo. Saber que hemos sido un imperio con puerto y puerta al mundo en Sevilla, para luego no ser nada, te enseña unas cuantas cosas. En cuanto a nuestra carrera, no tiene tanto que ver con la propia ciudad como con el hecho de que si no estás en Madrid en un momento determinado de tu carrera cualquier ciudad de provincia te desgasta, porque te tienes que esforzar el triple para demostrar lo que vales.

—Alfonso: Yo te diría que Sevilla nos ha dado trinchera, aunque nos ha quitado energía, porque ser sevillano es un trabajo extraordinariamente duro (nos reímos al unísono los tres sevillanos, cómplices). Es que Sevilla es durísima, sobre todo cuando vienes de un barrio humilde, porque es una ciudad que está muy estructurada en clases sociales —yo diría que hasta en castas—, y precisamente por eso vivirla, torearla, sobrevivirla te da mucha calle, mucha trinchera. Bien sabemos los sevillanos, como lo sabía Cervantes, que Rinconete y Cortadillo no podían ser más que de esa ciudad. Por otro lado, Sevilla nos lo ha dado todo, profesionalmente hablando, y si hoy estamos aquí, contando esta película que ahora estrenamos, es porque no hemos tenido nunca ni vergüenza ni miedo de contar lo que Sevilla es en realidad. Lo hicimos con El mundo es nuestro y El mundo es suyo, y eso nos ha dado la gloria, que no es más que el hecho de que el público confíe en ti, te quiera y vea que eres un artista valiente, honesto y sensible.

—¡Brindemos por Sevilla, muchachos; por sus luces y sus sombras!

—Los Compadres: ¡Para toda la muerte!

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