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Making of de «El cuento del lobo» de Blas Ruiz Grau

Making of de «El cuento del lobo» de Blas Ruiz Grau

Muy buenas, querido lector.

He escuchado varias veces eso de que ningún escritor se parece a otro a la hora de afrontar el proceso creativo de una novela. Yo añadiría más: centrándonos en un solo creador, ninguna de sus obras se parece si nos referimos a cómo la ha engendrado de la nada.

De hecho, yo mismo tengo varios testimonios escritos que así lo confirman, en esta web, además. Así que, aunque ya he dedicado en otras ocasiones un making of a mis anteriores lanzamientos editoriales, no quería desperdiciar la ocasión de contarte cómo ha sido la gestación de mi último trabajo: El cuento del lobo.

Acomódate y lee.

Como toda novela (imagino), todo comienza con una idea. Un esbozo de lo que podría ser una historia interesante. No sé cómo será la cabeza de mis compañeros y compañeras, pero yo al menos no voy por ahí fijándome en todo tratando de rascar una línea argumental por la que comenzar. Por suerte y hasta el día de hoy ha llegado, sin más. En este caso todo surgió en un centro comercial.

"¿Qué pasaría si no saliese? Sólo hay una entrada y una salida, y yo estoy enfrente. No puede salir sin que la vea"

Como un día libre cualquiera, fui con mi mujer y mi hijo a pasar la jornada en él. En un momento concreto mi pareja entró en una megatienda de ropa, y mi hijo y yo, cansados de estar todo el día de un lado para otro, decidimos quedarnos fuera y esperar sentados. Bueno, sentado yo, él jugaba en una zona de al lado habilitada para ello. El tiempo pasa, eso es inevitable, pero la cantidad de minutos que estábamos ambos fuera sin tener señales de mi mujer fue tan grande que entonces mi cabeza se activó.

¿Qué pasaría si no saliese?

Sólo hay una entrada y una salida, y yo estoy enfrente. No puede salir sin que la vea.

Podrían pasar cosas para que eso no apareciera por la puerta, claro, pero… ¿y si entrara a buscarla y, simplemente, ya no está? Como si se hubiera volatilizado.

Evidentemente, no quería que eso sucediera, pero en mi estómago sentí algo. Parecía un buen comienzo para una novela.

¿El problema? Que por aquel entonces estaba a punto de comenzar a escribir la tercera parte de la trilogía (creo, puede que incluso fuera todavía a empezar la segunda) y no era momento de centrarme en otras cosas.

Eso sí, como es lógico mi mujer apareció cargada con unas cuantas bolsas y yo le comenté la idea. Tengo la suerte de que es muy crítica y directa en sus opiniones hacia mi trabajo, por lo que cuando me dijo que le parecía una muy buena idea, supe que algún día tenía que tirar por ahí.

"En esos momentos lo lógico hubiera sido que la reunión hubiera acabado. De hecho, me hubiera merecido que así fuera, pero la confianza de la editorial en mí era muy fuerte"

Y llegó ese día. Tuve una reunión editorial con mis dos agentes literarios y una de mis dos editoras de manera digital (sí, ya estoy hablando de que estábamos en plena pandemia, más en concreto en noviembre de 2020), y cuando planteé la idea vi sus caras.

Eran de “¡joder, qué original!” y de “¿cómo piensas explicar eso?”. Lo primero lo agradecí, lo segundo, mi respuesta fue clara: “No tengo ni idea”.

En esos momentos lo lógico hubiera sido que la reunión hubiera acabado. De hecho, me hubiera merecido que así fuera, pero la confianza de la editorial en mí era muy fuerte después del éxito de la trilogía anterior y decidieron apostar a ciegas. Jamás estaré lo suficientemente agradecido.

Así que tras pasar la Navidad me puse a ello. No lo pude hacer antes porque tenía que acabar otros asuntos laborales para poder centrarme plenamente en esta locura.

Y así lo hice.

Con mi mente enfocada sólo en la creación de esta trama, me puse a escribir. Lo lógico (también porque era lo único que tenía) era plantear la situación. Eso fue fácil, por lo que ya surgió el primer capítulo.

"Gracias a este método kamikaze (y nada recomendable si quieres que tu corazón o el de tu editor/a siga latiendo como es debido), logré crear media novela en poco más de un mes."

Cuando a un escritor le plantean la típica pregunta de cómo es su proceso literario sale mucho eso de que si se es escritor de mapa (muy organizado, con todo trazado de antemano) o de brújula (también llamados veleta, desorganizados o caóticos). Este último podría ser mi caso. Tanto que agaché la cabeza y comencé a tirar hacia delante sin importarme las consecuencias. En esta primera versión de la novela sólo escribía, escribía y escribía, sin pensar. Sin pararme a ver si un personaje tenía estos matices, si hablaba de tal modo o yo qué sé. No, sólo escribir.

Gracias a este método kamikaze (y nada recomendable si quieres que tu corazón o el de tu editor/a siga latiendo como es debido), logré crear media novela en poco más de un mes.

¿Puntos positivos?

La trama me iba sorprendiendo a mí mismo. Me dejó noqueado la no linealidad de lo que iba sucediendo, con giros por aquí y por allá nada exagerados pero, a mi modo de ver, sorprendentes, con personajes que sin planearlo aparecían y aportaban una chispa especial y una frescura necesaria en según determinados momentos pero, sobre todo, muchas incógnitas en el aire que tenían que ir resolviéndose a lo largo de la segunda mitad de la obra.

¿Puntos negativos?

Mi yo tiquismiquis apareció. Evidentemente tenía que dotar de matices a muchos de esos personajes. Hacer que no hablaran todos del mismo modo porque, a pesar de moverse más o menos en un círculo común, cada uno venía de donde venía. Pero, sobre todo, los que me conocéis sabréis que, para mí, la investigación policial lo es todo. Me sale un tic extraño en el ojo cuando creo que algo no está bien contado o los procedimientos no son los correctos.

Así que me puse a ello.

"Así que por una vez, sin haber hecho esto antes de acabar la primera escritura, volví hacia atrás y le di un lavado importante a todo. Para continuar con el trabajo bien hecho ya"

Desde un primer momento tuve claro que quería localizar la novela en la ciudad de Elche (Alicante), que por cierto, esto es un truco sucísimo de escritor, ya que es más fácil hablar de lo que uno conoce bien, así que, ¿qué mejor que una ciudad que está apenas a veinte kilómetros de mi casa y en la que he estado mil veces?

Pero ahora me tocaba centrarme en la investigación policial. ¿Qué pasó con eso? Que una vez más tuve suerte, ya que mi mejor amigo de la infancia trabaja en la comisaría que sale en la novela. Juro que no fue adrede, pero venirme me vino de lujo. Así que le pedí ayuda. Sabía que me iba a corresponder: es una persona maravillosa, siempre lo ha sido, pero lo que no me imaginaba era que me llevaría hasta la mismísima boca del lobo (lo siento por el chiste malo) y podría ver con mis propios ojos cómo era el trabajo de esos policías que laboran en la comisaría de Policía Nacional de Elche. Fue una mañana intensísima (no pudo ser más, vuelvo a insistir que estábamos en plena pandemia, con las restricciones a tope y en un momento un poco crudo de una ola muy complicada). De ahí salí con una visión renovada de cómo debía enfocar ciertos aspectos de la novela. Creo que muy pocos imaginan lo importante que es el proceso de documentación de una obra. Por suerte, de las anteriores, yo ya traía mucho trabajo hecho, pero nada más salir de ahí tenía unas ganas locas de ponerme de nuevo frente al teclado, ya que en la propia comisaría se me habían ocurrido mil cosas que potenciarían increíblemente tanto la trama como los propios personajes. Así que por una vez, sin haber hecho esto antes de acabar la primera escritura, volví hacia atrás y le di un lavado importante a todo. Para continuar con el trabajo bien hecho ya.

Y, vaya, tanto fue así que tomé carrerilla para acabar con la primera versión en un tiempo que ni yo podía creerme.

"Correcciones, lecturas beta, arreglos por aquí, arreglos por allá… Un proceso (para mí) tedioso pero necesario para que el libro llegue a ti en las mejores condiciones"

He de decir que no fue el único proceso de documentación presencial, ya que estuve también en el palacio de la Diputación Provincial de Alicante para conocerlo por dentro y, además, su funcionamiento como cámara de gobierno; y en algunos lugares más que prefiero no nombrar en abierto, pero que los lectores de la novela intuirán.

A partir de aquí no es que el relato del cómo se hizo pierda fuerza, pero sí es verdad que es un poco más parecido a las otras ocasiones en las que he creado un libro:

Correcciones, lecturas beta, arreglos por aquí, arreglos por allá… Un proceso (para mí) tedioso pero necesario para que el libro llegue a ti en las mejores condiciones (nunca perfectas, eso es imposible, pero sí las mejores posibles) y en el que, a veces, incluso se invierte más esfuerzo que en la propia escritura de la novela. Una cara B que muy pocos conocen pero que forma parte de manera inevitable de todo.

¿Cosas a destacar de todo este tiempo de creación?

Primero, que hubo veces en las que dudé seriamente de mí y de mis capacidades. Sinceramente, no soy un tipo que vaya presumiendo por ahí de habilidades literarias. No es modestia, creo firmemente que todavía no las poseo. Así que hubo momentos en los que dudé enormemente de mí mismo. Esto se tradujo en incontables noches sin dormir y en experimentar (por primera vez en mi vida, que yo recuerde) una ansiedad que a día de hoy sigue conmigo.

"Nunca me ha importado incluso llegar a poner dinero de mi bolsillo para realizar largos viajes para documentarme en directo con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado"

Para ser justos, esto último no es exclusivo del proceso de escritura, creo que también tiene que ver esa obsesión que tenemos a veces por superarnos, por ser mejores siempre, por no decepcionar a los que esperan algo de nosotros… cosas que sé que están enfocadas de manera errónea pero que es muy fácil de decir y muy difícil de aplicar. Estoy en ello. Poco a poco.

Segundo, lo complicado que se volvió todo con la pandemia. Soy consciente de que mi mal es menor comparado a lo que se ha vivido, a lo que ha traído, trae y posiblemente traiga este tiempo que nos ha tocado pasar, pero no sería justo que no dijera lo dificultoso de documentarse en esta situación. Sobre todo para una persona que estaba acostumbrada a hacer lo que hiciera falta para llegar al centro del mejunje. Nunca me ha importado incluso llegar a poner dinero de mi bolsillo para realizar largos viajes para documentarme en directo con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. También con forenses. No poder hacerlo del modo que me gustaría (aunque seguiré eternamente agradecido a mi amigo por abrirme las puertas de su trabajo, también al comisario que lo permitió, por supuesto, en un tiempo demasiado convulso) también trajo algunos momentos de crisis personal.

Tercero y último: Estar completamente seguro de que no hubiera sido capaz de crear algo así, guste mucho, poco o nada, sin tener a mi lado un equipo como el Ediciones B que ha velado para que al final yo sólo me dedicara a hacer mi trabajo, que no es otro que escribir. Preocupándose de que el libro quedara lo mejor posible para que tú, lector, puedas pasar un rato (agradable o desagradable, eso ya me lo dirás) acompañando a Mario en la búsqueda de su familia. Tratando de darle una explicación coherente de dónde estarán Clara y Hugo. De cómo han podido desaparecer dentro de una tienda si él ha estado todo el tiempo en la salida y no los ha visto.

Y yo me centraré en crear nuevas historias. Espero que con tanto tino como pienso que he tenido “pariendo” El cuento del lobo.

Gracias por leerme. Nos vemos en la siguiente.

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Autor: Blas Ruiz Grau. TítuloEl cuento del loboEditorial: Ediciones B. VentaTodostuslibros y Amazon

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