El británico Mick Herron, galardonado con el Premio Pepe Carvalho 2026, considera que, a pesar de que actualmente están ocurriendo “cosas terribles” que ofrecen un abanico de argumentos, como escritor es mejor centrarse en otras cuestiones, alejarse de los acontecimientos e, incluso, “esconder la cabeza bajo el ala”.
Ello, sin embargo, no impide que tenga opinión sobre lo que ocurre en Oriente Medio o en Ucrania, aunque, ha insistido, a diferencia de otros novelistas, a los que admira “profundamente” por “tener una gran comprensión de la realidad”, no apuesta por este tipo de obras, pese a que el factor humano en las suyas siempre está presente.
Respecto a si sigue pensando como hace tres años, cuando también participó en la BCNegra, que cuando al mundo le va mal a los escritores de espías les va bien, ha respondido que “es un muy buen momento para los escritores de novelas de espías, pero pienso que yo no lo estoy aprovechando del todo”.
El padre del famoso anthéroe Jackson Lamb, al que en la serie televisiva Slow Horses da vida Gary Oldman, no obvia que cada vez habrá más escritores de novelas de espionaje que se centren en la tecnología porque esa es la “realidad” en este ámbito, pero “las obras más interesantes las escribirán las personas a las que les interesa el factor humano”.
A su juicio, independientemente de a dónde llegue la Inteligencia Artificial (IA), “lo importante es la humanidad y cómo nosotros respondemos a estas cosas, más que cómo funcionan”. En su caso, además, “sólo puedo escribir sobre las cuestiones que más me entusiasman, y eso son las personas, muchas veces marginalizadas”, personajes que “cometen errores, se equivocan, quizá porque yo tengo maña en cometer errores y soy de los que creo que se debe escribir sobre lo que se conoce. Es verdad que escribo sobre política, pero en el sentido de cómo afecta a las personas. Me interesa tratar sobre la burocracia, el gobierno y, sobre todo, de quienes hacen un mal uso de estas herramientas”.
Deja caer, por otra parte, que abordar en sus obras la pérdida de peso de instituciones como las agencias de espionaje puede generar en los lectores “muchas emociones”, entre otras cuestiones, porque muestra “cómo la gente se aferra al poder”.
Sin ganas de cambiar de género literario, a nivel audiovisual, tras el éxito de Slow Horses, hoy también ha hablado de la adaptación audiovisual de Down Cementery Road, protagonizada por Emma Thompson, a partir de la primera novela que escribió, publicada en 2003. “Siento como si de alguna manera mi pasado volviera a la vida, aunque la serie sea diferente al libro porque se ubica en el presente y cuando yo escribí la novela no había personajes con teléfono móvil, con lo que verla en la pantalla es extraño, pero le tengo mucha estima a esta historia”.
Sobre el hecho de recibir en la tarde de hoy el Premio Pepe Carvalho, ha rememorado que la primera vez que se topó con el personaje fue cuando estudiaba y vivía en una casa con otras personas, como él, muy interesadas en el thriller y la novela negra. A todos les gustaba que la novela negra “se prestara al comentario de la política y que fuera de valor social. Esto es lo que más nos impresionó a mis compañeros y a mí de Manuel Vázquez Montalbán, quien fue de los primeros en hacerlo”.
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Fuente: Efe.



Esta entrevista me ha supuesto, de entrada, lo mismo que escuchar una confesión templada, la de un hombre que escribe sobre espías para hablar, en el fondo, de todo lo que nos espía por dentro. Me ha conmovido esa frase suya, «esconder la cabeza bajo el ala». No suena a cobardía. Suena a la elección más sensata, a la decisión de buscar la verdad humana no en el centro del estruendo, sino allí donde el griterío del mundo se apaga y solo queda el hilo de voz de lo marginal.
Tiene razón en decir que las obras más interesantes las escribirán quienes se interesen por el factor humano. Al leerlo, una asiente en silencio, porque al final eso buscamos los que amamos las historias, no el mecanismo perfecto, sino el latido imperfecto. Sus personajes marginados, equivocados, son los nuestros, los que llevamos dentro. Es un alivio, casi una caricia, que un escritor de espías declare que su territorio no es la tecnología, sino la burocracia del alma, el mal uso que hacemos del poder que nos dan, o que nos arrebatamos.
Esa idea de que su pasado «vuelve a la vida» con la adaptación de su primera novela es poderosa. Es el reconocimiento de que lo que escribimos, tarde o temprano, se nos vuelve a mirar a la cara, transformado, para recordarnos quiénes éramos. Y en ese cruce, entre el pasado escrito y el presente reinterpretado, es donde reside la literatura verdadera.
Su homenaje a Vázquez Montalbán, al valor social de la novela negra, cierra el círculo con precisión conmovedora. Al final, todo esto, los espías, el poder, la huida, es una excusa magnífica para lo único que importa, comentar la política del corazón humano. Gracias por esta dosis de lucidez, tan necesaria en un género que a veces prefiere el espectáculo a la verdad. Y la mención a la BCNegra ha sido, para esta lectora, como encontrar una llave oxidada en un bolsillo viejo. De repente, gira en la cerradura y abre, solo un instante, la puerta de la memoria, dejando pasar el olor a mar Mediterráneo y a pan recién hecho de mi queridísima y añorada Barcelona. Gracias nuevamente. Saludos literarios.