Inicio > Libros > Adelantos editoriales > Nido, de Roisín O’Donnell
Nido, de Roisín O’Donnell

Merecedora del premio a la mejor novela irlandesa en los Irish Book Awards y finalista a la mejor ópera prima en los British Book Awards, esta novela tiene como protagonista a una mujer que, harta de su marido, coge a sus dos hijas y se marcha. Su viaje irá a la deriva, por supuesto.

En Zenda reproducimos las primeras páginas de Nido (Sajalín), de Roisín O’Donnell.

***

I

ANTES DEL TRUENO

Primavera de 2018

Ciara se baja del coche y el viento frío del mar le corta la respiración un instante, el pelo le azota la cara. Después de mucho maniobrar sin hacer caso de los chasquidos impacientes que venían del asiento del copiloto, ha conseguido encajonar el viejo Micra plateado en un hueco pequeño, en la carretera que bordea la playa de Skerries. El cielo de esta tarde de abril se extiende, claro y brillante. Sobre los tejados de las casas adosadas que hay frente al mar, las gaviotas planean como prendidas de cables invisibles, con las alas tensas e inmóviles.

La puerta del copiloto se cierra de golpe.

Ryan rodea el coche y ella lo oye abrir el maletero, se gira y se aparta el pelo de los ojos. Luchando contra la fuerza del viento, Ciara abre la puerta de atrás y entonces le llega un torrente de «¡Yo primero, yo primero, yo primero!». Sophie, de cuatro años, se ha desabrochado el cinturón de seguridad. Se escurre por debajo del brazo de su madre y salta a la acera; sus coletas de pelo oscuro ondean al viento.

—¡Bien! ¡El mar! Papá, ¿podemos hacer un castillo?

Ciara no oye qué le responde Ryan. Está demasiado ocupada forcejeando con el cierre de la sillita roja y mugrienta de Ella, de dos años. Hay que limpiar el coche. Limpiarlo a fondo. Jesús… Por eso siempre llevan este cacharro viejo cuando van a la playa y no el todoterreno impoluto de Ryan. El cierre por fin se abre.

—¡Tachán! Ya está, señorita. Es usted libre.

—Aúpa, mami.

Ella le tiende uno de sus brazos regordetes; es tan pequeña que tiene hoyuelos donde deberían estar los codos. Con el otro brazo, como de costumbre, sujeta a Hoppy, un conejo azul con un corazón rojo cosido en la pechera. Hecho jirones y con el relleno apelotonado, su expresión tiene tanto de preocupación como de sabiduría.

—Venga, sube.

Ciara le da un beso en la mejilla, le acaricia el cuello con la nariz e inhala el tenue olor a plátano y gachas de avena.

Sophie se ha adelantado con Ryan, y va dando saltos por las dunas. Las dos figuras tan dispares producen un efecto cómico. Las mallas ciclistas de color naranja fluorescente, el top de mariposas y los clips de purpurina en contraste con la camiseta negra, los vaqueros planchados y el pelo entrecano, peinado con esmero. A pesar de lo fuerte que su padre le sujeta la mano, Sophie se las arregla para ir bailando.

Mientras Ciara sortea las dunas con Ella apoyada en la cadera, los tallos rubios y afilados de las gramíneas le arañan los tobillos.

—Ella, mi amor, ¿ves el mar?

La playa rodea la curva de la bahía, surcada por franjas de conchas molidas, madera arrastrada por la corriente, algas marinas. La Radiotelevisión Irlandesa daba veinte grados para hoy; mucho, siendo abril, y es evidente que no han tenido en cuenta las ráfagas de viento cortante que vienen del mar de Irlanda. Es domingo por la tarde y en la playa hay pequeños grupos de gente que se acurruca con el abrigo puesto o se refugia tras un cortavientos, decidida a pasarlo lo mejor posible.

Al final de la pasarela de madera, se le hunden las zapatillas de deporte en la arena. Cuando alcanza a Ryan, deja a Ella en el suelo y se queda a su lado, ambos mirando al mar.

—La marea está baja —comenta, por decir algo.

Ryan la mira.

—Las voy a llevar a nadar.

Los ojos grises de Ryan la observan, está a prueba. Esta mañana, cuando ha anunciado que iban a la playa, Ryan estaba de muy buen humor, pero desde entonces algo ha cambiado. ¿Qué ha hecho Ciara esta vez? Se le acelera el pulso.

—¿A nadar? ¿Quieres decir a chapotear en la orilla? Claro, les encantará.

—He dicho a nadar. Nadar de verdad. Ya tienen la edad suficiente.

—Pero si no saben… —Ciara intenta reír—. Hace mucho frío, Ryan. Se van a helar.

Él se cruza de brazos. Los labios le forman una línea fina y decidida. Ciara oye a su madre decirle: «Escoge bien las batallas, cariño».

—Bueno, vale. A nadar, por qué no. Pues les pongo los trajes de neopreno. ¡Niñas! Venid un momento, por favor.

Los trajes de neopreno son del verano pasado. A Ella le aprieta tanto que no puede doblar los brazos. Ryan se queda de pie, mirando mientras Ciara le tira a Sophie tan fuerte de la cremallera de la espalda que la levanta del suelo.

—¡Mamá! ¡Para! ¡Que me estás haciendo daño!

—Ya está, vida. Perfecto.

Sophie se aleja, camina rígida, como un pingüino de mal humor. Imagínate si estuviera aquí Sinéad, cómo se reiría viendo a sus sobrinas.

[…]

—————————————

Autor: Roisín O’Donnell. Título: Nido. Traducción: Maia Figueroa. Editorial: Sajalín. Venta: Todos tus libros.

5/5 (1 Puntuación. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios